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Cuba, más atada que nunca a EEUU

La mejor manera de constatar que la economía de Cuba depende hoy de EEUU más que nunca antes en su historia es haciendo un ejercicio mental muy simple: imaginarse que Washington prohíbe los viajes, remesas y paquetes hacia la Isla, con excepción de medicinas y visitas excepcionales de cubanos a ver a familiares muy enfermos.

¿Qué pasaría? ¿Puede alguien hacer una evaluación coherente de un escenario como ese?  Muchos ni querrán imaginárselo siquiera. Eso no va a ocurrir, pero solo suponerlo pone los pelos de punta a muchos, sobre todo a la elite político-militar castrista. De hipótesis y posibles escenarios se nutren también las ciencias políticas.

La propaganda castrista ha estado machacando durante casi 60 años que Cuba antes de 1959 era una neocolonia de EEUU. Claro, a los medios y a los centros académicos en la Isla les prohíben investigar o publicar nada acerca de cómo la Cuba «revolucionaria» fue muchísimo más dependiente de la URSS que la Cuba «burguesa» de EEUU. Y lo que es peor, que hoy depende más que nunca del cash norteamericano, sobre todo a partir de la devastadora crisis económica en Venezuela.

La hipocresía en la realpolitik, y la doble cara del régimen castrista, son evidentes. Con una cara agita en lo interno la bandera contra el «Imperio» y el «criminal bloqueo», y con la otra  ruega, gestiona, y mueve tras bambalinas sus tentáculos en EEUU en los círculos políticos más a la izquierda, y dentro del empresariado norteamericano, para alentar los viajes y vuelos comerciales a Cuba, y para que el Congreso levante el embargo y así poder tener acceso a créditos internacionales e inversiones extranjeras.

Esto último, obtener créditos, dinero en efectivo e inversiones es clave para el dictador y su Junta Militar. Los planes de traspaso del Gobierno y de la dirección del Partido Comunista (PCC) a militares y civiles «no históricos», a partir de 2018, requieren de un respaldo financiero estabilizador que ahora no tienen.

Más dinero estadounidense que nunca

Entre remesas, paquetes, y viajes a Cuba, desde EEUU en 2016 llegaron a Cuba más de 7.000 millones de dólares. Esa cifra ya superó, según los expertos, el monto de los subsidios venezolanos. Triplicó los ingresos de la industria turística cubana, casi duplicó el valor de las exportaciones cubanas de bienes en 2016, que no  llegaron a los 4.000 millones y fue 15 veces superior al  valor de las exportaciones de azúcar. Por cierto, en esta última zafra de 2016 la Isla obtuvo solo la tercera parte del azúcar producida en 1925 (5,1 millones de toneladas).

De 1902 a 1958, si bien casi el 80% del azúcar cubano era exportado  a EEUU (a precios superiores a los del mercado mundial) y el resto del comercio isleño se realizaba en buena medida con el vecino norteño, había dos grandes diferencias con respecto a la realidad presente: 

  1. No había, como ahora, casi dos millones de cubanos en EEUU aportando al país más divisas que la suma de todas las exportaciones cubanas de bienes, incluyendo azúcar, níquel, tabaco, ron y productos farmacéuticos. Las divisas obtenidas con las exportaciones de bienes de la Isla en 2016 representaron la mitad del total recibido  desde EEUU.
  2. Había empresa privada en Cuba, que generaba el grueso del Producto Interno Bruto (PIB),  para un PIB per cápita superior al de España y casi igual al de Italia.

Parasitismo genético

El problema es que, a diferencia de una economía de mercado, la de Cuba es parasitaria, debido a la tara genética de su estatismo marxista-leninista, contrario a  la naturaleza humana. Y solo puede funcionar si es subsidiada desde el extranjero. Antes desde Moscú, y después desde Caracas. Ahora, con la crisis en Venezuela, la economía cubana es sostenida por la «gusanera» de  Miami.  El cash que satisface  hoy la mayor parte de las necesidades en Cuba tiene origen «imperialista«, y valga la ironía.

Eso no ocurrió nunca antes. Según cifras oficiales, en los años 50  EEUU adquiría el 57 % de las exportaciones totales de Cuba. O sea, la Isla vendía al resto del mundo casi la mitad de sus bienes exportables, incluyendo ganado bovino, café, piña y otros productos que el país luego fue incapaz de exportar al llegar los Castro al poder. En esa década precastrista Cuba producía 60.000 toneladas de café anualmente. En 2016 produjo 5.687 toneladas. Increíble, pero cierto.

De la dependencia de la URSS  el reconocido economista cubano, profesor Carmelo Mesa-Lago, ofrece cifras elocuentes. En 1989 Cuba recibió de la URSS y en mucho menor grado de otros países «hermanos», el 98% del petróleo,  80% de la maquinaria, 57% de los productos químicos y 53% de los alimentos. El 78,6% de todas las importaciones también procedieron de esas naciones comunistas.

De acuerdo con las pocas cifras oficiales al respecto, desde el ingreso de Cuba en el Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME), en 1972, el intercambio comercial total cubano (exportaciones e importaciones) con la URSS y demás países comunistas osciló entre un 75% y un 80%. El clímax se produjo entre 1984 y 1991, durante el apogeo de las subvenciones soviéticas, cuando  Moscú pagaba a los Castro 45 centavos por libra de azúcar  mientras en el mercado mundial se cotizaba a 4 o 5 centavos.

Lo que pocos saben en el mundo es que el grueso de esos suministros Cuba lo recibió gratuitamente, pues no pagó nunca sus enormes déficits comerciales. Acumuló así con Moscú una deuda de 35.000 millones de dólares. El 90%  fue perdonada en 2014 por Vladimir Putin, consciente de que nunca la cobraría. Quiso obligar al general Castro a pagar, al menos, 3.500 millones. Pero igual no va a cobrar ni un centavo.

Conservo en papel de teletipo, ya amarillento, un reporte de la agencia AFP de 1995 en el que se aprecia que entre 1984 y 1991  Cuba acumuló un déficit comercial de 16.084 millones de dólares en esos 8 años, un promedio de 2.010 millones anuales, con un pico de 2.740 millones en 1989. Y casi todo ese comercio desbalanceado fue con la URSS. 

Subordinación total

Por otra parte, la Isla recibía gratuitamente miles de millones de dólares en armamento de todo tipo: aviones, tanques, cañones, barcos, cohetes, vehículos, fusiles, y el avituallamiento para el que se convirtió en el ejército más grande y poderoso de América Latina luego del brasileño. Cuba recibió incluso 42 misiles nucleares (podían alcanzar Washington y Nueva York) que pusieron al mundo al borde de una guerra atómica, en 1962.

Pero el colmo es que en los años 80 (hasta 1986), el entonces ministro de Economía de Cuba, Humberto Pérez, me dijo off the record  que Moscú vendía a países capitalistas casi tres millones de toneladas de petróleo crudo que Cuba no consumía de su «cuota asignada» anualmente en el CAME, y que luego enviaba el dinero a La Habana, por un monto superior a las divisas provenientes de las exportaciones  azucareras.

Claramente vemos que Cuba no era una neocolonia, sino una colonia soviética estrictamente hablando, pues agreguemos  que el mayor aparato de inteligencia y de represión de Latinoamérica, el castrista, fue montado y entrenado por la KGB, con ayuda de la neonazi Stasi germano-oriental. Todo gratis.

Con toda su dependencia comercial de EEUU antes de 1959, Cuba jamás estuvo tan subordinada al vecino EEUU como luego lo estuvo de la URSS, a 19.000 kilómetros de distancia, más allá del Mediterráneo.

Y teniendo en cuenta el parasitismo inherente al castro-socialismo, hoy Cuba depende tanto de EEUU que si se produjese el escenario que señalé al principio la nación se paralizaría. Sería otra Cambodia con ollas colectivas para mal comer. Sin el dinero «yanqui» el castrismo sería insostenible. 

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