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De derechas, pero demócrata

Llama la atención que esa identificación de la izquierda con democracia y del socialismo con el estado del bienestar venga precisamente de alguien del PSOE

Democracia Cristiana (Italia) - Wikipedia, la enciclopedia libre

 

 

«Una de las cosas en las que la derecha ha fallado estrepitosamente es en no entender que se puede ser de derechas siendo demócrata», dice Arcadi España, ministro de Hacienda. Me fascina lo capcioso de la formulación, como si lo que estuviera anunciando fuera la excepción y no la norma. Se puede ser demócrata y de derechas –parece decirnos– como se puede ser belga y flamenco, o murciano y logopeda. Así, según el ministro, los principios democráticos en alguien de derechas serían una anomalía, un exotismo, algo así como ser albino, hermafrodita o ambidiestro. Y «de derechas, pero demócrata» sería parecido a «varón, pero no maltratador» o «cazador, pero no ahorcador de galgos». Es decir, una manipulación irresponsable que convierte el pleonasmo en oxímoron. Y al ministro en charlatán.

Pero resulta que a eso sabemos jugar todos. Por ejemplo, yo puedo decir: «Una de las cosas en las que los socialistas han fallado estrepitosamente es en no entender que se puede ser de izquierdas y respetar la separación de poderes y el Estado de derecho». O mejor: «Una de las cosas en las que la militancia del PSOE ha fallado estrepitosamente es en no entender que se puede ser secretario general del partido sin ser un delincuente». Pero hay más. El ministro podría interiorizar que se puede ser fiscal general del Estado sin dedicar la acción de la Fiscalía a destruir a un rival político del presidente. O que se puede ser expresidente del Gobierno sin que un juez te investigue por organización criminal, tráfico de influencias, apropiación indebida, falsedad documental, blanqueo de capitales, contrabando y delito contra la Hacienda Pública, departamento del que el ministro es titular. O directamente: «Una de las cosas en las que el PSOE ha fallado estrepitosamente es en no entender que se puede ser un partido político y no espiar necesariamente a jueces, fiscales, periodistas, guardias civiles y empresarios». Es posible, Arcadi. Sí, se puede.

Luego el ministro acusó a la derecha de estar contra el estado de bienestar. Llama la atención que esa identificación de la izquierda con democracia y del socialismo con el estado del bienestar venga precisamente de alguien del PSOE, partido que todavía en 1976 no concebía la democracia liberal-parlamentaria como estación final del sistema político y económico sino como una fase dentro de una transformación hacia una «democracia socialista». Es decir, hacia una dictadura. Y mientras su partido estaba decidiendo si esto de la democracia era o no para ellos, la democracia cristiana –es decir, la derecha– ya había consolidado sistemas democráticos y estados de bienestar por toda Europa.

Remató la tanda por bajo: «No hace falta ser franquista para ser de derechas». Y si algo nos quedó entonces claro es que tampoco hace falta ser Anaxágoras para llegar a ministro.

 

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