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‘Deberían negociar ahora’: la ventana de oportunidad del régimen de Cuba se cierra

'La dura verdad es que, geopolíticamente, a nadie le importa realmente Cuba más allá de la superpotencia a 90 millas de sus costas', señala Ricardo Herrero.

Una cubana en una calle de La Habana.

Una cubana en una calle de La Habana.  Yamil Lage AFP

 

«La Habana debería actuar ahora», señaló Ricardo Herrero, director ejecutivo del Cuba Study Group, en una reflexión en la que advirtió que el tiempo es crítico y cada día que el régimen de la Isla pierde sin llegar a un acuerdo es crítico para la cúpula gobernante, pero sobre todo para los habitantes del país.

«La amenaza externa básica de Cuba no es ‘el bloqueo’ per se. Es el hecho de que las sanciones de embargo están codificadas bajo la ley estadounidense. Sentadas en el Congreso, no en el Ejecutivo, recogiendo musgo. Esa es la verdadera limitación», indicó.

«La segunda capa es la atención. La dura verdad que La Habana sigue fingiendo que no es así es que, geopolíticamente, a nadie le importa realmente Cuba más allá de la superpotencia a 90 millas de sus costas. El mundo solo presta atención a Cuba cuando un presidente estadounidense decide que importa. Miren a Obama».

Para el director de la organización independiente con sede en Washington e integrada por empresarios y profesionales cubano estadounidenses interesados en promover una transición pacífica en Cuba, el tercer asunto clave es «la financiación de emergencia».

«En 2026, solo Estados Unidos puede servir como ancla financiera externa para la estabilización y recuperación de Cuba. Otros gobiernos y entidades multilaterales también pueden ayudar, pero no darán un paso adelante sin la aprobación de Washington», señaló.

«Y ahora mismo, tienes un momento singular: Marco Rubio en el Departamento de Estado. Un raro secretario de Estado dispuesto a priorizar Cuba y que puede plausiblemente atraer a votantes cubanoamericanos, republicanos en el Capitolio y suficientes demócratas como para aliviar realmente las sanciones codificadas».

Y subrayó: «Nunca habíamos tenido esa alineación antes. Sí, requeriría concesiones significativas de La Habana, pero probablemente sea el mejor trato que conseguirán jamás. Cada día sin acuerdo es un día desperdiciado».

«Porque aquí está la otra dura verdad: si La Habana se pierde este momento, Washington seguirá adelante. La próxima Administración —a menos que sea el propio Rubio— se centrará en las prioridades globales. Y Cuba volverá a ser descuidada, dejada hundida bajo el peso de sanciones codificadas y de décadas que a nadie le importa lo suficiente levantar», anticipó.

Para Herrero, la conclusión es: «Deberían negociar ahora».

El Cuba Study Group señaló días atrás que el régimen de Cuba conserva todavía ciertas «ventajas» que podrían aprovechar para el beneficio de la Isla.

En primer lugar, «su acervo de capital humano, todavía inusualmente sólido para su nivel de ingreso, sigue siendo un activo comparativo real. En particular, las capacidades del país en salud y biotecnología podrían convertirse en activos significativos en un marco que ofrezca derechos más seguros, mejores incentivos y acceso a los mercados externos».

Luego está la diáspora cubana, con «capital, redes, experiencia profesional y un fuerte interés en el futuro de la Isla. Si se maneja adecuadamente, mediante arreglos justos y jurídicamente creíbles, podría convertirse en una fuente importante de inversión, de transferencia de conocimiento y de anclaje externo».

Finalmente, está la geografía. «La proximidad a Estados Unidos podría resultar transformadora en un escenario de normalización. El turismo, las remesas, la inversión extranjera directa, la logística y el comercio podrían expandirse significativamente en un contexto más favorable».

Pero también hay desafíos que comprometen una solución a la crítica situación del país. Uno clave es el problema energético, pues «sin una mejora sustancial en la disponibilidad energética, el resto de la economía seguirá atrapada en un ciclo de baja productividad, incertidumbre e interrupciones recurrentes».

Se suma a ello la agricultura. «La inseguridad alimentaria, la alta dependencia de importaciones y la debilidad de la oferta interna fomentan tanto la inflación como el malestar social», advirtió el grupo.

Luego aparecen la logística («ninguna economía puede funcionar con normalidad cuando el transporte, el suministro de combustible, la distribución interna y las operaciones portuarias están deterioradas») y el turismo («a pesar de las distorsiones del pasado, sigue siendo uno de los pocos sectores con capacidad instalada para generar divisas relativamente rápido bajo condiciones más favorables»).

«En este contexto, el desafío inmediato no es aún el desarrollo en sentido pleno, sino la restauración de una plataforma básica sobre la cual ese desarrollo vuelva a ser posible», enfatizó el análisis.

 

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