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Diario de la cuarentena (87): Ni miedo, ni fe

Este martes 9 de junio de 2020, día 88 del estado de alarma, el músico y cantante Pau Donés murió a causa de un cáncer

Ocurrió hace tres años, en mayo de 2017. Entonces el cantante Pau Donés cumplía 50 y comparecía ante la prensa para hablar de un libro y un disco que lo mantendrían ocupado una buena temporada. Aún me parece escucharlo cantar los versos de aquel tema en el que decía no tener ya ni miedo ni fe. No los tenía entonces, tampoco ahora. Se ha librado de ellos, para siempre.

Este martes 9 de junio de 2020, día 88 del estado de alarma, el músico y cantante Pau Donés murió a causa de un cáncer. Me entero al ver imágenes suyas en la tele, en casi todas luce joven. En nada se parecía a lo que nos dejó de él la enfermedad: un hombre menguado, con la piel repleta de surcos y demacrado. Así lucía en el vídeo que se difundió hace unas semanas, como preparándonos para la noticia.

El recuerdo de aquella mañana de 2017 emulsiona ahora en mi memoria. Fue una conversación fugaz, un momento de esos que viajan envueltos en cristal. El fundador de Jarabe de Palo ocupaba el centro de un escenario sin luces. Permanecía sentado en una banqueta alta, con un micrófono en la mano. Los periodistas, reunidos en el patio de butacas, le pidieron que cantara una estrofa de Humo, la única canción inédita del disco que presentaba.

 

La Flaca, Agua, Depende… cuánta vida apretujada en la voz de un chico desarrapado al que más de una de mi generación quiso pedirle matrimonio

 

«Ahora, que ya no me importa/ que la vida se vista de negro/ porque a nada le tengo miedo/ porque a nada le tengo fe» cantó él para nosotros con esa voz rasposa que aparece con los años y los recuerdos, que en su caso son muchos porque unas cuantas canciones le debemos a su Jarabe de Palo. Interpretada de aquella forma, a capella y sin luces sobre el escenario, la música sonaba a cosa que se marcha, que se va. Él lo ha hecho exactamente tres años después.

La FlacaAguaDepende… cuánta vida apretujada en la voz de un chico desarrapado al que más de una de mi generación quiso pedirle matrimonio. Yo misma aquella mañana. Me hice mayor escuchando una voz que ya no estará más, que no grabará un nuevo disco ni sonará de nuevo en este mundo maluco del que todos se van.  Desde que una epidemia apareció en nuestras vidas, el año se ha llevado a tantas personas sin avisarnos siquiera el tamaño de una lista que comenzó a tachar nombres muy pronto.

 

 

 

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