Cine y TeatroCultura y ArtesMarcos VillasmilMúsicaObituarios

Doris Day: un guiño, una sonrisa y una voz

En 1945 decenas de miles de soldados norteamericanos regresaban a casa luego de participar en la segunda guerra mundial, en Europa y Asia. Durante el viaje en barco se acostumbraba poner música por los altoparlantes, para entretener a los uniformados pasajeros. ¿Cuál fue la canción más popular el primer semestre de ese año, el «himno de bienvenida no oficial» para los soldados victoriosos? «Sentimental Journey», todo un clásico de la música de big bands -no solo alcanzó el #1 en ventas, sino que se mantuvo entre las canciones más escuchadas por casi seis meses-, compuesta por Bud Green (letra), Ben Homer y Les Brown (música), y tocada por la orquesta de este último, con la voz de su cantante, una chica de Cincinnati, Ohio, de 22 años, nieta de inmigrantes alemanes, llamada Doris Mary Ann Kappelhoff, pero que alcanzaría cotas de popularidad espectaculares en todo el mundo, con el nom de guerre «Doris Day». 

Para su mentor musical Les Brown «Doris Day como cantante está en la misma liga de Frank Sinatra y Bing Crosby»; «ella era el sueño dorado de todo director de orquesta de jazz: una vocalista con talento natural, un respeto apasionado por la interpretación de las canciones, y una apariencia atractiva». En 1946, gracias a su firma con el sello Columbia, Doris Day se convirtió en la cantante mejor pagada del mundo. En su carrera grabó más de 650 temas y 29 álbumes.

En 1985 se produjo un reencuentro de Doris Day y Les Brown para recordar los 40 años de la canción; veamos el enlace al video (por derechos de autor, solo se puede ver en YouTube, sin poder copiarse a otra página):

Doris Day y Les Brown

 

Doris fue una de las cantantes más prominentes surgidas en la década de los cuarenta, y junto con Dinah Shore, Billie Holiday, Ella Fitzgerald, Patti Page y Sarah Vaughan (¡madre mía, qué quinteto!), protagonizó la interpretación vocal femenina en la música pop de entonces, especialmente en el jazz. Sin embargo, su consagración mayor fue en el cine, donde incursionó desde muy joven, derrotando a casi cien competidoras  para trabajar en la película Romance on the High Seas (1948). El papel había sido rechazado por Judy Garland. Comenzó con muy buen pie, dirigida por Michael Curtiz, que en ese momento estaba disfrutando del éxito por haber dirigido obras maestras como Mildred Pierce, Ángeles con caras sucias o Casablanca. Para el crítico del New York Times, Howard Barnes, «ella tiene mucho que aprender sobre actuación, pero tiene suficiente personalidad para lograrlo». 

 

 

Para mi generación, baby boomer, Doris Day es sencillamente un icono fundamental en nuestros mayores y más gratos recuerdos juveniles. Doris era hermosa, atractiva, alegre, adorable y adorada  por los galanes más populares, como Rock Hudson, Cary Grant, Frank Sinatra, James Garner, David Niven o Clark Gable, para solo nombrar algunos. Si las adolescentes de mi generación se derretían por Rock Hudson -pasarían años antes de que se descubrieran sus verdaderos gustos sexuales-, los varones teníamos a la catira (rubia, en venezolano) Doris, con sus guiños, sus sonrisas, su voz, sus películas y sus canciones.

 

Con Roger Maris y Mickey Mantle, estrellas de los Yankees de Nueva York, que aparecieron en la película «That Touch of Mink» (Suave como el visón, 1962), donde Doris se defendía como podía de los avances de Cary Grant.

 

Ella siempre defendió los valores y la imagen que transmitió en su carrera cinematográfica; precisamente por ello rechazó el papel de Mrs. Robinson en «El Graduado». ¿Una Doris Day «lasciva»? Se negó siempre, aunque en la comedia que le valió su nominación al Oscar como mejor actriz («Pillow Talk«, Confidencias de medianoche, 1959) podemos verla como lo que A. O. Scott del New York Times considera que ella era realmente: «una diosa sexual disfrazada de una chica común»:

 

Doris Day en «Pillow Talk»

Doris llamó la atención de un especialista en catiras, Alfred Hitchcock. Su nombre merece ser incluido en el grupo de todas las estrellas rubias que fueron inmortalizadas por el realizador inglés: Grace Kelly, Madeleine Carroll, Joan Fontaine, Ingrid Bergman, Vera Miles, Anne Baxter, Kim Novak, Eva Marie Saint, Janet Leigh o Tippi Hedren. Doris protagonizará con James Stewart «The man who knew too much» («El hombre que sabía demasiado», 1956), un remake de un thriller filmado anteriormente por el propio Hitchcock en 1934. En la nueva versión, sabiamente, Hitchcock usa como clave fundamental de la película a Doris cantando una canción inmortal: «Qué será, será», canción ganadora del Oscar, al igual que «Secret Love», de «Calamity Jane» (Doris Day en el Oeste, 1953).

 

 

 

Cantando la otra de sus canciones ganadoras del Oscar, «Secret Love» (Calamity Jane, 1953):

 

 

 

Quiero mostrar ahora trailers de varias de sus películas musicales más exitosas, en los tiempos antes de convertirse en una de las más populares actrices de comedia; porque puede afirmarse sin ambages que Doris triunfó en el cine dos veces: en musicales, y luego revitalizando la comedia clásica hollywoodense, digna heredera y colega de grandes y legendarias comediantes como Carole Lombard, Jean Arthur o Katharine Hepburn:

Con Frank Sinatra cantando «You, my love», en «Young at heart» («Siempre tú y yo»,1954). ¡Qué par de cantantes!:

 

 

 

Con Gene Nelson, en «Lullaby of Broadway» («Nana de Broadway», 1951):

 

 

Del mismo filme, «Somebody loves me»:

 

 

De la película «Love me or leave me» («Quiéreme o déjame», con James Cagney, 1955), «Shaking the blues away» (de Irving Berlin):

 

 

También de «Love me or leave me», una de mis canciones favoritas de ella: «I’ll never stop loving you«, nominada al Oscar como mejor canción. Doris consideraba que en dicha película realizó la mejor actuación de su carrera:

 

 

Y llegamos ahora a Doris Day, la comediante que fascinó al mundo; en los artículos de la época, un adjetivo muy utilizado para referirse a ella era «virginal», a pesar de que comenzar como una joven cantante de una orquesta de jazz no es precisamente el camino que se piensa para una jovencita (su primer matrimonio fue con un trombonista, a los 17 años, luego del divorcio se casó con un saxofonista), y menos en esa época de posguerra (ello llevará a este chiste -atribuido tanto a Groucho Marx como a Oscar Levant-: «yo conocí a Doris Day antes de que fuera virgen».) En esos tiempos se confundía con mucha facilidad la vida pública y su imagen con la vida personal (mencionemos que ella se casó cuatro veces.) Puede decirse que su imagen arquetípica fue forjada con la ayuda de una censura que estaba ya definitivamente fuera de sintonía con los cambios culturales que estaba atravesando la sociedad norteamericana; quedaba en la imaginación de cada quien creer que sus personajes -la mayoría mujeres profesionales exitosas- eran vírgenes hasta que Rock Hudson aparecía en escena.

Algunas autoras feministas, como Molly Haskell, la defienden y admiran porque fue de las pocas actrices en los 50 y 60 que interpretaron a mujeres que tenían una profesión real, por la que sentían pasión, rompiendo con el estereotipo de amas de casa convencionales. En algún momento de sus comedias el personaje de Day, una mujer resiliente y convencida de lo justo de sus razones, se rebelaba y retaba a su contraparte masculina, si bien el final conducía a una apacible concordia amorosa.

 

Doris Day y su más constante co-estrella, Rock Hudson

 

Los productores y directores -así como los actores- hacían lo posible por superar las barreras de la censura, y en algunos casos lo lograron satisfactoriamente. «Pillow Talk» nos muestra la primera escena de sexo por teléfono en la historia del cine. Veámosla:

 

 

 

Con Rock Hudson y Tony Randall en «Send me no flowers» (No me manden flores, 1964). Hudson es un hipocondríaco que cree que va a morir pronto y decide buscarle pareja a su esposa:

 

 

Junto a Cary Grant en «That touch of mink» (1962):

 

 

Con Rock Hudson en «Lover come back» (Pijama para dos, 1961):

 

 

 

Fue tal su éxito en el cine que logró igualar el récord de popularidad de Shirley Temple, la más grande actriz infantil de la historia. Entre 1948 y 1968 la rubia con pecas y ojos azules protagonizó 43 películas. Luego, entre 1968 y 1973, tendría un exitoso show de TV.

 

Doris Day y su perro, en 1960.

Al retirarse a Carmel, California (pequeña población costera de la cual fue alcalde Clint Eastwood en 1986), se dedicó al cuidado y protección de animales, especialmente de sus amados perros. Siempre había en su propiedad más canes que los que las leyes de zonificación permitían. De hecho, algunos afirman que su mayor legado ha sido su trabajo en defensa de los animales, especialmente los canes. Frecuentemente dirigió campañas para prohibir la caza de animales en peligro de extinción en California, como el puma.  Su muerte, a los 97 años, fue anunciada por la «Doris Day Animal Foundation». Una de sus frases más recordadas: «nunca he encontrado en un ser humano una lealtad comparable a la de una mascota». 

 

Finalicemos con el homenaje que le hace IMDB (Internet Movie Data Base), mostrándonos escenas de sus más famosas películas:

 

 

 

Etiquetas

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Cerrar
Cerrar