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The Economist – Un nuevo embargo: el sector privado cubano

Las nuevas regulaciones que rigen a los casi 600.000 cuentapropistas de Cuba entran en vigor hoy. Estos empresarios eludieron los empleos y los magros salarios estatales para abrir pequeños negocios; el resultado son miles de nuevos empleos e impuestos muy necesitados. Sin embargo, contrariamente a lo que los cuentapropistas esperaban, todavía no pueden tener clientes extranjeros ni importar mercancías con fines comerciales. En el marco de un nuevo régimen fiscal, la contratación de más de 20 trabajadores se ha convertido en un gasto prohibitivo. Sin embargo, las propuestas para hacer ilegal la posesión de más de una licencia -una medida frustrante para aquellos que poseían, por ejemplo, un bar y un restaurante- fueron desechadas en el último minuto. Funcionarios del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social afirman que las regulaciones están diseñadas para frenar la evasión fiscal, la actividad en el mercado negro y la creciente desigualdad. Sin embargo, es más probable que estas restricciones provoquen soluciones creativas y mayores ilegalidades, que los cubanos, por falta de opciones lícitas, se han convertido en expertos en practicar.

 

Traducción: Marcos Villasmil


NOTA ORIGINAL:

The Economist

A new embargo: Cuba’s private sector

The new regulations governing Cuba’s nearly 600,000 cuentapropistas (self-employed) take effect today. These entrepreneurs shirked state jobs and meagre state salaries to open small businesses; the result is thousands of new jobs and much-needed taxes. Contrary to what the cuentapropistas had hoped, however, they still can’t have foreign clients or import goods for commercial purposes. Under a new tax scheme, hiring more than 20 workers has become prohibitively expensive. However, proposals to make it illegal to hold more than one licence—a frustrating measure for those who owned, say, a bar and restaurant—were scrapped at the last minute. Officials at the Ministry of Labour and Social Security claim the regulations are designed to clamp down on tax evasion, black-market activity and growing inequality. These restrictions, however, are more likely to prompt creative workarounds and greater illegalities, both of which Cubans, for lack of licit options, are skilled in practising.
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