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Edgar Cherubini Lecuna: La juventud francesa entre la profanación y la esperanza

La juventud francesa entre la profanación y la esperanza

La estatua de Nuestra Señora de los Monts d’Or fue decapitada, al igual que la del Niño Jesús sostenido en sus brazos / Imagen tomada de las RRSS

 

En Francia, la barbarie ha traspasado los límites de lo tolerable. Mientras hordas de vándalos enmascarados bloqueaban, incendiaban y golpeaban a maestros y estudiantes en los liceos a lo largo y ancho del país, un grupo de jóvenes cometía actos abominables contra la estatua de la Virgen María, patrona de Córcega. Antes de tumbar la estatua, se filmaron unos a otros simulando actos sexuales y agresiones a la figura de la Virgen, enviando el video a las redes sociales y haciendo viral el sacrilegio y la obscenidad. La relación entre Córcega y la Virgen María, su patrona, constituye uno de los rasgos más importantes de su identidad religiosa, cultural e histórica. Su himno tradicional, Dio vi salvi Regina, es una oración mariana cuya invocación a María como madre protectora expresa una relación singular entre la fe religiosa y el sentimiento de pertenencia de los corsos. Cuando destruir lo sagrado se convierte en espectáculo, nos encaminamos peligrosamente a un nihilismo moral imperdonable. Es el momento de reflexionar seriamente sobre un cambio de rumbo y enfrentar la barbarie para evitar caer en el abismo o deducir que ya nos despeñamos.

Actos anticristianos registrados en Francia

El reciente episodio de Porto-Vecchio, en Córcega, el 1 de octubre de 2026, no es un caso aislado. En mayo de este año, la estatua de Nuestra Señora de los Monts d’Or, en Ródano, erigida en 1938, fue decapitada, al igual que la del Niño Jesús que sostenía en sus brazos. La decapitación de estatuas de la Virgen María, de Cristo y de santos cristianos constituye un fenómeno recurrente en Francia. Según cifras del Ministerio del Interior, se registran cientos de actos anticristianos al año, que incluyen decapitaciones y degradaciones de símbolos religiosos, incendios de iglesias, amenazas y agresiones a fieles. No es solo la destrucción del patrimonio espiritual: dichas estatuas forman parte de la memoria colectiva, del paisaje histórico y de la identidad local, incluso para los que no practican la religión católica. En el caso de Córcega, ambas dimensiones se superponen por la vinculación entre la Virgen María y la identidad corsa. Por eso, los episodios documentados plantean una cuestión que va más allá del simple vandalismo: cuando la destrucción de un símbolo religioso se convierte también en una agresión contra la memoria cultural de una sociedad. Es importante señalar que Francia es el país donde más iglesias se incendian. Al hostigamiento a los judíos se ha sumado la agresión a los cristianos. En el fondo, es el odio a nuestra civilización.

La iconoclasia y la amenaza a los valores occidentales

La destrucción o la degradación de las estatuas, los rostros de mármol desfigurados a martillazos o las figuras manchadas de pintura son, para el historiador Stéphane Ratti, una expresión del damnatio memoriae: una manera de maldecir o destruir la memoria y herir profundamente el sentimiento histórico de la sociedad. Esta escalada de vandalismo contra el patrimonio cultural y religioso en muchas ciudades de Francia, Europa y América no es espontánea; obedece a una estrategia contra las sociedades democráticas occidentales nacida de la unión de organizaciones de extrema izquierda internacional orquestadas con el islamismo integrista, que se beneficia de la política del avestruz de sus dirigentes. Para las corrientes más radicales del islam, la representación figurativa o la veneración de figuras religiosas y civiles es considerada idolatría (shirk), lo que explica la decapitación y degradación de estatuas de figuras históricas como Colón, Churchill, de Gaulle o Juana de Arco. Sería una ingenuidad pensar que todas estas acciones vandálicas contra las estatuas no tienen correspondencia con el islamismo radical, que. en alianza con la izquierda, busca destruir las democracias y los valores de Occidente.

La paradoja del episodio de Córcega

Si lo sagrado hubiera desaparecido completamente de la conciencia colectiva, su profanación probablemente no habría provocado una reacción de intensa indignación entre los corsos, lo que demuestra que los símbolos religiosos conservan una capacidad considerable de movilización social, emocional e identitaria.

Podríamos afirmar que dos acontecimientos recientes representan dos actitudes opuestas frente a lo sagrado en la Francia del presente. Por un lado, decenas de miles de jóvenes congregados para expresar una relación de respeto y fe hacia lo sagrado durante celebraciones religiosas masivas. Por el otro, en Córcega, unos jóvenes convirtieron la profanación en motivo de escabrosa exhibición pública. Dos actitudes frente a lo sagrado: una que busca reconocer su significado y otra que lo desprecia. Sin embargo, ambas conductas pertenecen a una misma sociedad y a una misma generación.

La concurrencia juvenil en eventos espirituales demuestra que la fe conserva una notable capacidad de convocatoria y revela la existencia de una juventud que busca abiertamente en ella una fuente de identidad y orientación moral. Mientras miles de jóvenes escuchan exhortaciones a construir su vida alrededor de la responsabilidad, la solidaridad y la esperanza, otros protagonizan actos cuya difusión digital amplifica la humillación de un símbolo venerado. La diferencia reside en el sentido moral de lo que unos y otros muestran. Una imagen puede comunicar esperanza en la fraternidad o convertir la profanación en entretenimiento obsceno. Tal vez la gran división de nuestro tiempo no se encuentre simplemente entre creyentes y no creyentes, sino entre los bárbaros que pretenden destruir nuestros símbolos sagrados y una juventud que insiste en su redescubrimiento.

Como las estatuas no pueden defenderse, hay que pensar en cómo rebelarnos ante la barbarie y hacer frente a estas acciones destructivas contra los valores occidentales. No olvidemos que los ángeles portan espadas para luchar contra el mal. Es una cuestión de supervivencia. De no ser así, tras decapitar las estatuas, los bárbaros vendrán por nuestras cabezas.

 

 

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