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El conflicto entre Google y Huawei pone a correr a los cubanos

La marca china posee una gran cuota de mercado en la Isla

Nada más conocerse la noticia, en varias páginas web de compraventa de teléfonos las palabras rebaja y ganga se multiplicaron en los clasificados que ofrecen Huawei. Uno de los anuncios incluía la frase «no hagas caso de lo que dice Google, que esta batalla la gana Huawei». El gigante tecnológico estadounidense anunció el pasado domingo la suspensión de toda actividad comercial con la firma china, que posee una enorme cuota de mercado en Cuba, a partir de las sanciones impuestas por el Gobierno de EE UU.

Los usuarios que ya tienen un dispositivo de esa marca podrán instalar nuevas aplicaciones y descargar las actualizaciones para los servicios de Google, pero no podrán actualizar el sistema operativo Android, lo que supone un problema de seguridad.

«Si llega un momento en que no puedo actualizarlo tendré que venderlo pero, ¿quién va a querer comprar esto cuando la cosa se ponga más fea?»

«Ya tuve que cambiar mi teléfono de la marca Blu el año pasado porque no me servía para navegar en internet con el servicio 3G y me compré este Huawei Honor 7A», explica Yaima Chávez, una habanera que teme tener que deshacerse de un dispositivo que consideran «práctico y eficiente». Sin embargo, no quiere «tener que estar haciendo trucos o pagando a técnicos para que me actualicen por la izquierda el sistema operativo».

«Si llega un momento en que no puedo actualizarlo tendré que venderlo pero, ¿quién va a querer comprar esto cuando la cosa se ponga más fea?«, opina. En Cuba, nada más entrar al Aeropuerto Internacional José Martí de La Habana, los carteles con publicidad de Huawei ya denotan el protagonismo de la firma en el país.

El paso dado por Google está en sintonía con la orden ejecutiva emitida por Donald Trump, el pasado 15 de mayo, que prohíbe a las empresas estadounidenses usar servicios de firmas de telecomunicaciones extranjeras que «pongan en peligro la seguridad del país».

Huawei es actualmente el segundo fabricante de teléfonos del mundo y en Cuba tiene mucho arraigo entre los usuarios por sus precios más favorables y la calidad de sus pantallas.

Desde que en 2008 el Gobierno de Raúl Castro autorizó a los cubanos a tener un contrato de telefonía celular, el número de clientes con líneas móviles se ha disparado hasta alcanzar este año los más de cinco millones de abonados al servicio prepago de la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba (Etecsa).

Osvel Álvarez Jacomino, graduado de la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI), resta gravedad a la situación y cree que no afectará demasiado a los clientes. «En caso de que no se pueda usar Google Play existen otras alternativas. En Cuba se puede visitar plataformas como Apklis, o Cubapk.com, Apkpure, Uptdown y muchas más que, si bien no tienen tanta seguridad, sirven para lo mismo básicamente», afirma.

«En caso de que no se pueda usar Google Play existen otras alternativas. En Cuba se puede visitar plataformas como Apklis, o Cubapk.com, Apkpure, Uptdown y muchas más»

Ezequiel, un técnico de reparación de móviles de 27 años que trabaja en un pequeño taller en la calle San Lázaro, tiene una opinión distinta. «La gente se pone muy nerviosa con cualquier cosa de estas y basta que Google haya dicho que las cosas no seguirán como hasta ahora con Huawei para que cuando alguien vaya a comprarse uno de esos móviles chinos se lo piense mejor».

Ezequiel cree que «cuando del bolsillo se trata, los compradores quieren ir a lo seguro». La mayor parte de la venta de terminales se desarrolla en el mercado informal, pues la red estatal no logra satisfacer a los usuarios, que se quejan de que Etecsa oferta modelos anticuados a precios muy elevados.

Los telepuntos de Etecsa siguen vendiendo modelos como el Huawei Y3 y el Huawei Y520 por 80 y 85 CUC, respectivamente. Catalogados como terminales de gama baja y prestaciones limitadas, estos dispositivos son una opción para quienes no pueden costearse terminales de más alta gama que, en la Isla, llegan a superar los 500 CUC.

Huawei no solo está presente en los teléfonos. En 2000, la compañía china obtuvo un contrato para instalar la red nacional de fibra óptica y sus equipos también se utilizan en los puntos wifi y en el recién servicio de Nauta Hogar que provee acceso a internet desde las casas. La presencia de la firma en la Isla data de más de tres lustros, según Javier Villariño Ordoñez, director de ventas.

Pero su presencia no ha estado exenta de controversia. La organización de defensa de las libertades, Freedom House, con sede en Washington, ha seguido de cerca varias denuncias sobre los vínculos estrechos de Huawei con el poder estatal chino. La entidad alertó sobre los problemas de seguridad y de derechos humanos que han estado relacionados con la empresa.

En medio de este conflicto, Huawei ha llamado a la calma diciendo que continuará aportando actualizaciones de seguridad a los modelos existentes, incluyendo a los que ya ha vendido y los que se encuentran en stock.

«Una gota más para la copa. Si antes no confiaba mucho en Huawei por todos los escándalos de seguridad ahora llega esto y no vale la pena arriesgarse»

«Continuaremos construyendo un ecosistema de programación seguro y sostenible para aportar la mejor experiencia a nuestros usuarios», afirmó la compañía, que ha lamentado la decisión de Google.

Los grandes afectados por el veto de Google son el mercado europeo y el latinoamericano, ya que EE UU y China ya vivían prácticamente unos al margen de los otros. En EE UU, los teléfonos chinos apenas suponen el 1% y en China la presencia de Google es muy escasa. Sin embargo, en Europa, el 18% de terminales son de Huawei y en Latinoamérica oscilan entre el 28% de Costa Rica o el 17% de Chile.

«Una gota más para la copa. Si antes no confiaba mucho en Huawei por todos los escándalos de seguridad ahora llega esto y no vale la pena arriesgarse», asegura un joven que este miércoles convencía a varios amigos para cambiar a la marca Samsung. En la céntrica esquina de las calles G y 23, el apasionado usuario aseguraba que «Corea del Sur y los Estados Unidos no se van a fajar, así que es mejor ir lo seguro».

 

 

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