Democracia y Política

El cuidado de la cosa común: El compromiso de los cristianos en los tiempos presentes

laudato_si180615

Francisco, obispo de Roma y Sumo  Pontífice del catolicismo,  mediante su Encíclica “Laudato Si – Sobre el Cuidado de la Casa Común”,  del 24 de mayo de 2015, nos urge a los cristianos, ante  la crisis de un mundo deshumanizado, “de avanzar en una valiente revolución cultural” para superar fundamentalmente los problemas del deterioro  o «rapidación» de la calidad de vida  o de la degradación humana y social como causas de la destrucción  del ambiente natural que afecta especialmente a los débiles de nuestra Casa, o sea, la tierra. Para ello nos traza como líneas de pensamiento el sostener y dialogar sobre la conciencia de un origen común, de una pertenencia común y de un futuro compartido por todos.  Por eso nos traza como líneas de orientación y acción  el diálogo sobre el medio ambiente en la política internacional,  el diálogo hacia nuevas políticas nacionales y locales,  el diálogo y transparencia en los procesos decisionales,  una política y una economía para la plenitud humana y el diálogo de las religiones con las ciencias.  Esto supone, nos dice Francisco, un gran desafío cultural, espiritual y educativo que implica procesos de regeneración, porque los seres humanos pueden sobreponerse de su degradación para buscar caminos nuevos hacia la verdadera libertad; capacidad de reacción que es propia de la dignidad humana. Francisco nos pide que no olvidemos esa dignidad nuestra que nadie tiene derecho a quitarnos.  La regeneración o reacción es un cambio en los estilos de vida, que si se ejercen organizadamente constituyen “una sana presión sobre los que tienen poder político, económico y social”, añade el Papa Francisco.   A la política y a las diversas asociaciones de la sociedad, concluye el Pontífice católico, corresponde el esfuerzo de concientizar a la población sobre esos cambios.  Para lo cual Francisco postula el principio del amor civil  y político, es decir,  la convivencia y la unión común de los cristianos,  y el sentirnos responsables por los demás y por el mundo. Particularmente el amor civil y político es también realizar acciones que procuren construir un mundo mejor, que no solo deben practicar quienes trabajan de manera directa en la política. Francisco nos recuerda que la política, como  expresión del amor por la sociedad y  del compromiso por el bien común, es “una forma excelente de la caridad” como manifestación del “ideal de la civilización del amor”,  que Paulo VI propuso en su  Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de 1977.

Es verdad que la Encíclica Laudato Si desarrolla la cuestión ecológica como tema central, no solo técnicamente sino también éticamente,  y que sin duda moderniza y actualiza la doctrina social de la Iglesia,  pero fundamentalmente introduce en esta doctrina  la tesis de la ecología integral, es decir,  de la transversalidad del elemento ecológico  no solo en el tratamiento de los problemas del medio ambiente, sino también en lo económico y social e igualmente en lo cultural y en la vida cotidiana.  E igualmente complementa  la tesis de la ecología humana que Benedicto XVI postuló como  “el principio de la ecología del hombre”, que es el respeto moral a su propia naturaleza, es decir a su integridad personal y de su cuerpo, que le impide  manipularlo  a su antojo, puesto que es la relación de la vida humana con la ley moral escrita en su misma naturaleza.   Este aspecto de la ecología humana tiene enorme trascendencia para los movimientos políticos socialcristianos o de plataforma democristiana, o del humanismo cristiano, puesto que esta doctrina refuerza y moderniza las tesis ideológicas de estos movimientos, porque la ecología humana es inseparable del bien común, que además de ser un principio fundamental de la ética socialcristiana,  presupone el respeto a la persona en cuanto tal, con derechos básicos e inalienables dirigidos a su libre desenvolvimiento y a su desarrollo integral.  Y porque, como recuerda Francisco,  el bien común reclama el bienestar social y el desarrollo de los grupos intermedios de la sociedad,  entre ellos principalmente  la familia como célula básica de la sociedad.   

En este contexto de la ecología humana,  como parte de la noción del bien común, Francisco incorpora a las tesis de la doctrina social de la  Iglesia el tema de la feminidad y de la masculinidad, como valoración para reconocerse asimismo en el encuentro con el diferente. Porque de este modo, dice el Papa Francisco: “es posible aceptar gozosamente el don específico del otro y de la otra, obra del Dios creador, y enriquecerse recíprocamente”.  Por eso, Francisco advierte que no es sana una actitud que pretenda “cancelar la diferencia sexual porque ya no sabe confrontarse con la misma”.   Es decir, que  si se admite la diferencia de sexos  ello no debe significar desigualdad, por ejemplo, para el género femenino. Por otro lado, la Encíclica Laudato Si  complementa el principio del bien común con la exigencia  de la paz social, es decir de la estabilidad y la seguridad de un orden político y jurídico, que debe basarse en la justicia distributiva  para evitar la violencia.  Principios estos todos que orientan y definen el socialcristianismo y que son el soporte de la plataforma ideológica y programática demócratacristiana y humanista cristiana de  la solidaridad y de opción de los pobres. El Papa Francisco, en su Encíclica,  incorpora a la noción de bien común el derecho de  las generaciones futuras a que le dejemos un mundo mejor,  que denomina como “justicia entre generaciones”,  que significa incorporar como un principio de la doctrina social de la  Iglesia el desarrollo sostenible y de la solidaridad intergeneracional.  Y que, de acuerdo con Francisco,  responde al concepto del  ambiente dentro de una lógica de la recepción y que citando la  Carta Pastoral   “Responsabilidade solidária pelo bem  común” de la Conferencia Episcopal Portuguesa del 15 de septiembre del 2003,  lo define  “como un préstamo que cada generación recibe y debe transmitir a la generación siguiente”.

LaudatoSiN

Francisco  nos invita  a los cristianos, religiosos y laicos, políticos y no políticos,  a que conformemos una conciencia común sobre esa revolución cultural, ética y social, que nos comprometa a llevar a cabo acciones que procuren  presentar unidos una plataforma doctrinaria socialcristiana de la ecología humana de solidaridad  y de opción de los pobres  para construir un mundo mejor.   Mayor responsabilidad en ese compromiso lo tienen los políticos que se dicen socialcristianos y demócratacristianos, puesto que la Encíclica Laudato Si representa la base doctrinaria para la reunificación o concertación de los diversos sectores que tienen como fuente de inspiración y de orientación a la doctrina social de la Iglesia y al humanismo cristiano.  Sobre ese documento eclesial debería conformarse la unión del socialcristianismo venezolano.  Comencemos los socialcristianos por dar ejemplo del amor  civil  y político, es decir,  de  convivencia y  de  unión común con la conformación de una plataforma unitaria que tenga como referencia y compromiso la Encíclica Laudato Si del Papa Francisco.

 

Román J. Duque Corredor
Presidente de la Fundación Albert Adriani
 Individuo de Número de la Academia de Ciencias Políticas y Sociales 
Vicepresidente del IFEDEC y Ex Magistrado de la Corte Suprema de Justicia
Colaboración especial para el IFEDEC

Etiquetas
Cerrar
Cerrar