El desánimo cunde en el PP: «Vox está en una ola que no se puede contener»
Los dirigentes reflexionan sobre la tecla para frenarlo -no valió la de Extremadura y menos aún la de Aragón- y ya asumen que «no existe»

Alberto Núñez Feijóo preside la Junta Directiva Nacional –
Cuando el escrutinio avanzaba en la noche del domingo y el PP permanecía clavado en los 26 diputados, las alarmas se encendieron. En las últimas horas el partido en Aragón, también en la cúpula nacional, habían ido bajando expectativas. Ya apuntaban a la posibilidad de perder apoyo e incluso un escaño. Barajaban la cifra de 27. Pero bajar dos de golpe fue una completa decepción. En el resto de los territorios, donde confiaban en mantener, al menos, el resultado de 2023, lo fue todavía más. Y a continuación se dispararon los análisis internos: «¿Cuál es la tecla para frenar a Vox?«. La conclusión, extendida en todo el partido, es todavía más desalentadora: «No existe. Están en la ola y ahora mismo es imparable. No se puede contener. Da igual lo que hagamos».
Las elecciones aragonesas han confirmado el peor temor para el PP: ni los electores premian la gestión como querrían, tampoco los indicadores económicos, ni las crisis internas afectan a Vox, ni tampoco da la sensación de que los votantes les hayan penalizado, por ejemplo, torpedear un acuerdo en Extremadura para ganar tiempo. Nada le pasa factura al partido de Santiago Abascal, que sigue ganando adeptos. En el núcleo duro de Jorge Azcón admiten sin ambages que Vox ha sido el gran beneficiado del rechazo en la derecha a Pedro Sánchez, impidiendo al PP capitalizar ese descontento.
Y de la misma forma, en el PP extremeño, por ejemplo, reflexionan sobre el ‘impasse’ permanente en el que ahora se encuentran, a la espera de que Vox decida volver a sentarse con ellos a la mesa de negociación: «Vox recoge el voto del cabreo, del enfado. Y le beneficia el bloqueo. Si no hay gobierno, pues a repetición electoral. La responsabilidad sencillamente no existe. No es un valor que cotice para ellos», zanjan. El pesimismo y el desánimo se ha impuesto en las filas populares como hacía tiempo que no ocurría. «Van dos de dos», dicen distintos cargos consultados por ABC, sin esconder el temor a que se repita la secuencia en las otras citas electorales que están por venir: Castilla y León y Andalucía.
Si algo ha demostrado esta nueva convocatoria electoral, explican en el PP, es que no hay receta mágica para hacer frente a Vox. En Extremadura María Guardiola salió al choque total con Abascal. Su objetivo era convencer a buena parte del electorado socialista que no iba a dar su apoyo a Miguel Ángel Gallardo, procesado en el caso de supuesto enchufismo al hermano del presidente del Gobierno. Una tierra gobernada, casi de forma ininterrumpida, por los socialistas durante cuarenta años, necesitaba un mensaje electoral determinado. Eso llevó a Guardiola al cuerpo a cuerpo contra el líder de Vox, a plantear los comicios en clave plebiscitaria contra la coalición que tuvo en la legislatura anterior y a no contar con dirigentes nacionales ni otros presidentes autonómicos. Quería una campaña muy pegada al territorio y que nada distorsionara su estrategia.
Los reproches sobre el tono excesivo contra Vox se acumularon en Génova. Otros compañeros de partido recriminaban decisiones a la presidenta extremeña que, sin embargo, cosechó el 43% del voto (un 26% más de lo que consiguió Vox) y que también subió un escaño, dejando al PSOE absolutamente hundido. Una diferencia sustancial con respecto a Aragón.
Azcón se decantó por una campaña a la inversa. Moduló sus ataques a Vox hasta la recta final de la campaña, ante el temor, precisamente, de que se disparara; movilizó a pesos pesados como Isabel Díaz Ayuso y al propio Feijóo -que tuvo mucha presencia-; participó en todos los debates y evitó cerrar la puerta a un futuro acuerdo de gobierno con Vox. Y tampoco funcionó. Es más: el PP aragonés perdió más de un punto porcentual de votos y dos escaños.
Por todo esto la victoria de Azcón ha sido tan amarga internamente. El líder del PP sí ha dejado clara la hoja de ruta a partir de ahora. Lo hizo en la Junta Directiva Nacional del partido este lunes: el entendimiento con Vox pasa de ser voluntario a ser necesario. Dicho de otra manera: sin el concierto de su partido rival no habrá posibles gobiernos y ambos deben aceptarlo. Por eso, el llamamiento tan directo a la «responsabilidad» de Abascal para «no bloquear la alternativa» que ya pide una mayoría de votantes, a tenor de los resultados en las dos autonomías que ya han pasado por las urnas.
