El neocolonialismo de Donald Trump
El régimen de los ayatolás vulnera los derechos humanos. Pero eso no le otorga el derecho a Trump de hacer lo que le da la gana

El presidente Donald Trump habla durante una mesa redonda. (EFE)
El siglo XIX fue el siglo del colonialismo. Mientras el Imperio español acentuaba su declive, países como Gran Bretaña, Francia, Rusia y Alemania colonizaban territorios en África y en Asia. Estaban en juego los recursos naturales, la influencia y la hegemonía militar en aquella carrera por controlar tierras lejanas. Era el triunfo de la lógica de la fuerza sobre cualquier otra consideración.
Una de las mejores novelas jamás escritas es ‘El corazón en las tinieblas‘, publicada en 1899. Joseph Conrad, su autor, se inspiró en las atrocidades cometidas por Leopoldo II de Bélgica en el Congo. El relato gira en torno a un personaje llamado Kurtz, que explota y tiraniza a los nativos. Es un caudillo cruel y caprichoso que actúa como un señor feudal. Coppola llevó al cine este relato en ‘Apocalypse Now’, película en la que Marlon Brando interpreta el papel de Kurtz.
Resulta tentador establecer un paralelismo entreDonald Trump y el monstruo descrito por Conrad, pero sería una simplificación por no decir una exageración. Lo que no resulta arbitraria es la comparación entre las políticas coloniales de las potencias europeas hace siglo y medio y la república imperial que el inquilino de la Casa Blanca reivindica hoy. No en vano en su toma de posesión evocó como modelo la figura de William McKinley, el presidente que declaró la guerra a España y se anexionó Cuba, Puerto Rico y Filipinas.
Trump explicó en aquel discurso su teoría de las zonas de influencia y su filosofía del ‘America First’, los dos fundamentos que le legitiman para intervenir en cualquier punto del planeta si los intereses de Estados Unidos están amenazados. Lo ha hecho mediante la intimidación a países como Cuba, Colombia, Panamá y Canadá. Ha sugerido que está dispuesto a tomar por la fuerza Groenlandia. Y después de capturar a Maduro, ha declarado la guerra a Irán sin autorización del Congreso.
Esto se parece mucho al viejo colonialismo decimonónico que Trump resucita ahora sin más justificación que su propia voluntad, que identifica con unos hipotéticos intereses de la nación. Ni respeta las leyes internacionales, ni instituciones como la ONU, ni las reglas de la diplomacia, ni los acuerdos con sus aliados. Todo vale si así lo decide el caudillo. La única fuente de legitimidad de sus políticas es él mismo.
Trump tiene una visión colonial del mundo. Se arroga el derecho a derribar un régimen, cambiar unas fronteras o engullir un territorio si le conviene. No muy diferente a la concepción del poder de los monarcas medievales.
Hay quien argumenta que Irán es una dictadura atroz. Es cierto. El régimen de los ayatolás vulnera los derechos humanos y ha convertido el país en una gran prisión. Pero eso no le otorga el derecho a Trump de hacer lo que le da la gana, cómo y cuándo le da la gana. Eso se llama barbarie.
