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El pisito

El socialismo es una droga dura que cada vez te pide más dosis hasta que un día acabas como Argentina

 

Reparto de El pisito (película 1959). Dirigida por Marco Ferreri, Isidoro M. Ferry | La Vanguardia

En 1957 se rueda ‘El pisito’, película protagonizada por José Luis López Vázquez y Mary Carrillo en la que se nos muestra una pareja que no puede casarse al ser incapaces de comprar una casa tras un noviazgo de doce años. Trazan un plan delirante y finalmente lo consiguen, pero eso es lo de menos. Lo importante es recordar que ese mismo año –sorpresa, sorpresa– Franco crea el Ministerio de la Vivienda y construye medio millón de viviendas, cifra que, entre 1961 y 1975, se ve incrementada con cuatro millones más.

Yo no sé si Sánchez se ha visto últimamente ‘El pisito’ o ha leído aquellos discursos anticapitalistas y socialistas en materia económica de Franco, pero este fin de semana ha aparecido como poseído por la época. No solo ha vuelto a una legislación similar en materia de alquiler que, a la postre, lo único que logró fue la desaparición casi total del mercado del arrendamiento en España y que abocó a los españoles a la compra de ese ‘pisito’. Además, ha anunciado la expropiación de 50.000 viviendas a Sareb para destinarlas a alquileres sociales y en las que, espero, no cambie aquellas plaquitas del yugo y las flechas por otras con el puño y la rosa.

Y aún hay más: se compromete a que España llegue al 20 por ciento de vivienda pública. Cuando Franco hizo algo parecido existía un déficit de viviendas en un país que salía del subdesarrollo y que se encontraba en plena ola migratoria del campo a la ciudad. El problema de hoy no es de oferta, pero qué más da, son votos al fin y al cabo y estamos a lo que estamos, a robar votos a la extrema izquierda compitiendo por políticas tercermundistas. El socialismo es una droga dura que cada vez te pide más dosis hasta que un día acabas como Argentina. Pero sobre todo, el socialismo necesita de ese blanco y negro, de esa sociedad de perdedores, de ese relato del enemigo omnisciente e invisible –el capitalismo, el liberalismo, la Iglesia, los jueces, Ferrovial, los señores de los cenáculos, el Ibex, el Real Madrid, ABC y Dios– contra el que hay que luchar, en lugar de hablar a la sociedad como adultos e insuflarles a los jóvenes ganas de prosperar para que no tenga que venir el PSOE a darles limosnas ni a decirles en qué agujero tienen que vivir como okupas de ellos mismos.

Hay que explicar que el hecho de que el acceso a la vivienda sea un derecho no implica que el Estado –es decir, el resto de españoles– estemos obligados a proporcionárselo, del mismo modo que existe el derecho a tener una familia y nadie exige a Sánchez que le asigne una mujer, tres hijos, un perro labrador y una bronca diaria por el baño. Más importante aún es recordar que ‘El pisito’ mostraba como ‘justificación’ un ambiente pesimista, ese neorrealismo triste de Azcona y un blanco y negro opresor que convertía a los personajes –a los ciudadanos– en víctimas que sobreviven en un mundo en el que los sueños nunca se hacen realidad. Lo peor del sanchismo es que ni siquiera el guion es nuevo. Aunque al menos, entonces, las películas eran cojonudas.

 

 

 

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