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Félix Ulloa: mintiendo en nombre de Bukele

Las falsedades de Ulloa suelen quedar al descubierto gracias a dos elementos: el tiempo y las tropelías de su líder. Pero Ulloa no se cansa de andar por el mundo mintiendo.

Félix Ulloa (izq.) aparece en esta imagen junto al presidente Nayib Bukele, durante la campaña electoral de 2019.
Félix Ulloa (izq.) aparece en esta imagen junto al presidente Nayib Bukele, durante la campaña electoral de 2019. Imagen: Marvin Recinos/AFP/Getty Images

 

Félix Ulloa, el vicepresidente de la dictadura de Nayib Bukele, miente. Anda mintiendo por el mundo, como diríamos con la sintaxis de El Salvador. La semana pasada, volvió a hacerlo en Madrid, y esta vez incluyó falsedades sobre mi país, mi gremio y el periódico del que soy jefe de redacción. Tan aludido como puede uno estar, me siento en el derecho de explicarles cómo miente Ulloa, el hombre que retuerce conceptos con palabras educadas para decir vulgares falsedades.

Cuando Bukele se postuló para la presidencia en 2018, Ulloa, un político desde hacía años caído en la intrascendencia, logró en su vejez lo que siempre quiso en su carrera: atención. Ulloa fue la opción de última hora de Bukele cuando, tras seis años de ser alcalde de la izquierda y minutos antes del cierre de inscripciones, se postuló para la presidencia con GANA, un partido de derecha y con un largo prontuario de casos de corrupción por parte de sus miembros. Y llevó a Ulloa de candidato a vicepresidente.

Ulloa es un hombre educado, tiene doctorado en derecho, posgrado en políticas públicas, ha pasado por universidades de Estados Unidos, París y Madrid, ha dado clases a otros abogados, fue sindicalista y defensor de derechos humanos durante la guerra civil salvadoreña. Por eso, justamente por eso, lo de Ulloa es particular: porque, a diferencia de otros políticos jóvenes que esperan con alegría cualquier migaja que caiga de la mesa de Bukele, Ulloa es un hombre forjado entre las más oscuras tropelías vividas en El Salvador, que a sus 74 años ha decidido defender un régimen que ha hecho volver algunas de ellas: tortura en las cárceles, exilio, militarización, juicios secretos, presos políticos.

En 2022, ya como vicepresidente y ante la trémula pregunta que le hizo la periodista que le entrevistaba en Casa América de Madrid, Ulloa respondió contundente: «No”. Le habían preguntado si la reelección a la que Bukele se encaminaba no violaba la Constitución. Luego dijo que solía ser «lo más didáctico y pedagógico, para que no nos enredemos”, cuando explicaba en entrevistas ese «no”. Y procedió a decir literalmente esta jerigonza: «el tema está clarísimo en una norma, que es una norma habilitante, que es el artículo 152, numeral primero, que regula, cuando el presidente se encuentra en el segundo mandato, y dice que no podrá ser presidente si ya fue en el periodo anterior; o sea, si el presidente se presenta y es electo en el 2024, termina en 2029, no podría presentarse a un tercer mandato porque ya fue presidente en el periodo anterior, que es este…” y así siguió Ulloa cantinfleando por unos minutos, «para que no nos enredemos”, y repitiendo que «los que se oponen a que el presidente sea candidato” ignoraron un artículo y después lo trataron de esconder -sabrá él dónde-. Así, enredoso, dijo que Bukele sí que podía reelegirse una vez más y que quienes citaban los cuatro artículos de la Constitución que, más elocuentes que él, decían con claridad que no se podía, estaban escondiendo un inciso que decía lo que él dice que decía. Espero no estar enredándolos. Para ser claro: mientras Ulloa hablaba en Madrid de ese inciso oculto, la Constitución decía en su artículo 152, por ejemplo, que «el período presidencial será de cinco años y comenzará y terminará el día primero de junio, sin que la persona que haya ejercido la Presidencia pueda continuar en sus funciones ni un día más”. A diferencia de lo que ocurre con Ulloa, para entender la Constitución bastaba con saber leer.

Bukele, claro, se reeligió en 2024 gracias a que la Sala de lo Constitucional que él impuso dijo que sí que podía, haciendo referencia a ese artículo «escondido” que tantas veces mencionó Ulloa.

En julio de 2025, como era previsible, la Asamblea Legislativa controlada a plenitud por Bukele hizo las reformas necesarias para aprobar la reelección indefinida y modificó el transparente artículo 152 y otros tantos. Ahora, y no cuando Ulloa lo dijo, Bukele ya puede reelegirse las veces que le dé la gana. Ya dijo hace poco que consultará con Dios y su esposa si debe hacerlo en las elecciones de 2027. Yo creo que le responderán que sí.

Por no sostenerse, los dichos de Ulloa no se sostienen ni en sus fechas: dijo en Madrid que el segundo periodo de Bukele terminaría en 2029, tras otros cinco años en el poder, pero su jefe, que hace lo que le viene en gana, modificó el calendario electoral para que las próximas elecciones sean en 2027, cuando Trump todavía estará en la Casa Blanca, dándole sombra desde el Norte. Y amplió el periodo a seis años, claro.

Las falsedades de Ulloa suelen quedar al descubierto gracias a dos elementos: el tiempo y las tropelías de su líder. Pero Ulloa no se cansa de andar por el mundo mintiendo. Es el embajador mundial de la dictadura y ha decidido que la verdad es solo una: aquella que no cuestione al dictador.

Y así pasaron los años, hasta que Ulloa volvió a Madrid la semana pasada, a Casa América otra vez, a mentir de nuevo.

En esta ocasión, le preguntaron por los periodistas exiliados por informar sobre los vínculos de Bukele y las pandillas, y Ulloa volvió a la carga, esta vez más envalentonado: «Son periodistas que están vinculados a grupos de oposición… Quedan unos dos o tres medios que ya sabemos que tienen una agenda, que siempre van a ir a preguntar por los presos y no van a ver el país que estamos construyendo… Dime cuáles periodistas son los que han sido perseguidos en El Salvador, ¿quiénes tienen juicios, quiénes han sido capturados?.. Hay periodistas que se autoexiliaron, que se sienten perseguidos y se van, y medios como El Faro que dijeron ‘nos vamos’ y se fueron a Costa Rica, porque se les acabó el negocio, porque el negocio de ellos era negociar la información de la violencia, iban a vivir con las pandillas…”.

Conozco a muchos de los más de 50 periodistas que, según la Asociación de Periodistas de El Salvador, están en el exilio. Ninguno de mis conocidos está vinculado a ningún «grupo de oposición”, y muchos publican cada tanto, mientras se inventan una nueva vida lejos de su país, más información sobre los abusos del clan familiar que controla todo El Salvador. El Faro decidió moverse a Costa Rica cuando en una cadena nacional, sin presentar prueba alguna, Bukele, que ya controlaba la Fiscalía, nos acusó de lavado de dinero. A lo que Ulloa llama «negociar información” no era sino informar acerca de lo que ocurría en el país. Sin el periodismo nacional, El Salvador difícilmente habría entendido cómo operaban las pandillas y no habría sabido de los pactos con esas organizaciones criminales que desde 2012 han hecho políticos de derecha, de izquierda y Bukele, el líder de Ulloa.

 

Activistas salvadoreños exigen la libertad de Ruth López, José Ángel Pérez y Alejandro Enríquez, en mayo de 2025.
Activistas salvadoreños exigen la libertad de Ruth López, José Ángel Pérez y Alejandro Enríquez, en mayo de 2025. Imagen: Daniela Rodriguez/AFP/Getty Images

Lo de «autoexiliarse” merece un párrafo aparte: es otra de las perogrulladas de Ulloa. Nos exiliamos, como han constatado decenas de organismos internacionales de peso –como el Comité de Protección a Periodistas, Human Right Watch o los países que nos han dado refugio– después de meses de seguimientos policiales, de visitas injustificadas de policías y militares a nuestras casas y las de nuestras familias, de meses de espionaje con Pegasus, de decenas de acusaciones públicas de parte de funcionarios o de Bukele mismo, que nos han llegado a señalar por lavado de dinero, violaciones sexuales, tráfico de personas, tráfico de drogas o agrupaciones ilícitas. Todo esto en un contexto de régimen de excepción, donde cualquier soldado o policía puede capturarnos y conminarnos a un juicio secreto, entre jueces y fiscales leales al régimen, como ha ocurrido a decenas de miles de ciudadanos. Nos exiliamos después de que, tras la última revelación del pacto entre Bukele y las pandillas de mayo de 2025, el régimen de Bukele se desatara y capturara a cuatro defensores de derechos humanos, incluida una de las más reconocidas en el mundo, Ruth López, y nos recetara a organizaciones de la sociedad civil y medios de comunicación una ley de agentes extranjeros que hace inviable el sostenimiento de estas entidades.

No nos autoexiliamos, señor Ulloa –qué palabrota se inventó–. Nos exilió su líder. Nos exilió la dictadura de la que usted es obediente vocero.

Con Ulloa, que anda mintiendo por el mundo, solo quedan un par de preguntas: ¿hasta dónde está dispuesto a mentir? ¿Qué tanto está dispuesto a enredar las palabras para hacer parecer que hay república donde ya solo queda dictadura? ¿Hasta dónde, señor Ulloa?

 

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