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Fernando Rodríguez: La sacaron del parque

Se necesita todo el tramado neuronal de Maduro, la perversidad de Jorge Rodríguez y seguramente el asesoramiento del envenenador Putin y el corsario jurídico Garzón, todo ello entremezclado, para parir esa monstruosidad que es esa solicitud de que un macrodelincuente –según la justicia de Cabo Verde, Estados Unidos, Colombia, etc.–, Alex Saab, participe en el diálogo con la oposición de Ciudad de México. Es tal su desmesura que uno supone un fuego fatuo de la desesperación y el culillo de que Saab revele lo irrevelable para el gobierno chavista ante el mundo que tendrá la boca abierta o cumplir el preciso objetivo de dinamitar la tramitación política que con tanto afán han preparado los bondadosos noruegos y un significativo coro internacional. Esperemos.

La delegación venezolana ha respondido con un breve documento tan, pero tan decente ante la monstruosidad de sus dialogantes que termina por ser pendejo. Por cierto, que el antecedente de José Trinidad que invocan no es pertinente, este era no solo colombiano sino un altísimo dirigente de la FARC, se le consideraba su canciller. Saab es un apresado delincuente transnacional y desligado de toda figuración en la política nacional. Pero bueno, supongamos que tanta decencia, ante semejante vulgaridad, quiere ser una lección de buenas costumbres y deseos de salvar la negociación que se supone mejorará de alguna forma, más o menos digna, la tragedia nacional. Igual han hecho los gringos, no pararle al desvarío.

Sin duda, esta hazaña de la sinrazón pasa a mi antología personal del más exigente surrealismo involuntario de estas dos décadas. El pajarito de Maduro; la Constitución de la Constituyente y su elección; Chávez jurungando la osamenta de Bolívar en TV; el chavismo criollero gastando millones con los «extranjerizantes» y «reaccionarios» Abreu y Dudamel; el show de Isaías Rodríguez con el actorazo Giovanny Vásquez en el caso Anderson, a quien leyó en los ojos su integridad, etc. Pero bueno nuestra capacidad de sorpresa y desconcierto pueden a estas alturas soportar cualquier cosa.

Hoy es jueves y de aquí al domingo pueden suceder varias cosas. La primera –nada de lo humano nos es ya extraño- es que la cosa vaya en serio y que la delegación gubernamental exija que una unidad de acción opositora vaya hasta Cabo Verde y libere a carajazos el prócer. Mientras que otra se dirija a Estados Unidos y le imponga a Biden que se deje de vainas y anule por decreto esa vil acusación judicial contra el diplomático súbito. Y que el compañero Saab se incorpore a la delegación gobiernera. Se supone que la oposición se negará. Y punto final.

La otra es que la operación sea una payasada de corto alcance concebida por el bufete del exjuez español o, quién quita, una torpe ocurrencia de Zapatero que es probadamente torpe. Bueno y la cosa se diluya, una intrascendente locura más, como los múltiples magnos atentados o el sabotaje de la electricidad. Y solo sirva para demostrarle a la fanaticada internacional con quien están lidiando, con tipos de un western espagueti.

Sirva la pundonorosa declaración de la oposición al respecto para condenar las imprudentes declaraciones de Stalin González sobre que Voluntad Popular estaría tratando de “gobernar” en la mesa de juego mexicana o que Maduro no va a salir el año que viene, ¿ni siquiera se contempla el revocatorio? Muy poco discreto el movido caballero, ¿es su inspiración o cumples algún mandado?

PS. Un tal Jorge Renford señala que en mi artículo anterior escribí que el Estado había donado el terreno a la Universidad Metropolitana cuando fue la familia Schlageter. Es cierto, pero esa donación respondía a exigencias municipales de que una parte proporcional de los terrenos a urbanizar debían ser dedicados a educación, recreación, espacios cívicos…Cumpliendo con esa obligación se hizo la donación. Fui muy sintético.

 

 

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