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Fin del espejismo socialdemócrata en Suecia

Como en el resto de Europa, el populismo rentabiliza el descontento y se abre paso en un país que en las últimas décadas ha representado la estabilidad y la certeza, casi absoluta

No es la primera vez que pasa a la oposición la socialdemocracia sueca, formación que desde 1973, cuando perdió su hegemonía, se ha alternado con el centro liberal en la gobernanza de un país que ha basculado entre dos partidos sin apenas matices ideológicos y cuyos programas no han tenido otro argumento que la perpetuación del estado de bienestar, bandera política de Suecia desde la posguerra. El espejismo del igualitarismo, la integración social, la asistencialidad y la práctica eliminación de las clases sociales, sinónimo de la prosperidad, se deshace como consecuencia de la exclusión económica, el miedo a la inmigración y la inflación. Como en el resto de Europa, el populismo rentabiliza el descontento y se abre paso en un país que en las últimas décadas ha representado la estabilidad y la certeza, casi absoluta. En un mundo en permanente mudanza, ningún modelo político tiene asegurada su continuidad cuando los partidos tradicionales son incapaces de canalizar la desafección.

 

 

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