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Gina Montaner / Venezuela: La hora del cambio

14520267596681Dejemos por un momento los análisis sesudos llenos de datos macroeconómicos para explicar, una vez más, el estrepitoso fracaso de chavismo en Venezuela. Hoy el día se resume en pleno júbilo porque, al cabo de 17 años, a la Asamblea Nacional del país sudamericano han regresado la pluralidad y el tono democrático que la revolución bolivariana aplastó minuciosamente.

Este martes fue un compendio de sentimientos encontrados, instantes de tensión, nervios contenidos y también mucha alegría. Lo que parecía imposible, porque así se lo propuso el gobierno de Nicolás Maduro, ha sido posible: los 112 parlamentarios electos de la Mesa de Unidad Democrática (MUD), consiguieron ingresar al hemiciclo para la instalación de la nueva AN tras el triunfo de la oposición en los comicios parlamentarios del pasado 6 de diciembre. Aquello era una fiesta.

Es verdad que los diputados de la oposición tuvieron que soportar abucheos de las turbas de repudio chavistas; algunos fueron agredidos nada menos que por las fuerzas del orden; y en la víspera el propio Maduro lanzó una de sus alocuciones intimidatorias, asegurando que la «burguesía» no tomaría el parlamento y que habría que defender la «revolución» en las calles. Pero también, consciente de su fragilidad y el desmoronamiento del chavismo, dijo que se tomarían las medidas necesarias para que la inauguración de la AN discurriera sin enfrentamientos. Y, sobre todo, prometió (una vez más) que pondría en marcha un plan económico de emergencia para solucionar las carencias que sufre el pueblo. Ya no le bastar con regalar neveras o casas para aplacar el descontento que se vive en las colas a la busca de medicamentos, pañales o arepas que llevar a la mesa.

Al hemiciclo también llegaron los diputados chavistas, pero desinflados tras más de una década de desgobierno y escándalos de corrupción que la mayoría opositora, con el veterano Henry Ramos Allup al frente como nuevo presidente de la AN, se ha comprometido a investigar. En las últimas semanas el chavismo ha abusado de su poder para lanzar decretos que amarren la renovación, pero la nueva composición del parlamento permitiría revocarlos por la vía constitucional. Además, Ramos Allup ha afirmado que se llevará adelante una amnistía para las decenas de opositores que están encarcelados.

Precisamente uno de los momentos más emotivos fue la llegada a la AN de la activista Lilian Tintori, esposa del líder opositor Leopoldo López, quien lleva más de un año preso. El papel que ha jugado esta pareja para hacer posible el cambio ha sido fundamental. Un cambio que pasa por el acceso de todos los medios al hemiciclo, recinto que ha estado vedado durante años a la prensa independiente.

A pesar de las obstáculos más burdos que ha urdido el gobierno, fue un día en el que resultaba difícil evitar las lágrimas cuando en la AN rompieron aplausos espontáneos al entrar periodistas de medios perseguidos por el oficialismo para informar libremente de lo que hace un año parecía inalcanzable: el avance de la oposición por medio de la urnas, sin derramar más sangre ni abocar al país a una guerra. Un deseo oscuro y suicida que ha pretendido azuzar el chavismo, acorralado por sus propios errores y temeroso de perder sus prebendas.

A partir de ahora la minoría chavista y la mayoría opositora tendrán que ir más allá de los gritos de consignas con los que ayer estrenaron la AN. En este momento tan decisivo la MUD se ha definido como «la fuerza tranquila y serena del cambio». Que así sea.

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