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Guaidó deja en el aire su visita a Madrid: «Vamos donde nos reciben»

La actitud del presidente interino de Venezuela se explicaría porque tal vez aún esperaba que el presidente Pedro Sánchez cambie de opinión y busque un resquicio en su agenda para verle

La gira europea del presidente interino de Venezuela, Juan Guaidó, está siendo un suma y sigue de apoyos por parte de instituciones y Gobiernos de la mayoría de países. Ayer pasó por Bruselas, donde fue recibido por un vicepresidente de la Comisión (la presidenta estaba en la conferencia de Davos) y por el Alto Representante. No pudo evitar que se le preguntase sobre el hecho de que no esté previsto que se pueda ver con el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, como por ejemplo sí que se ha reunido con el primer ministro británico, Boris Johnson. En público, Guaidó mantuvo las formas elegantemente y aseguró que tiene «las mejores relaciones con España», pero en privado relevantes miembros de su séquito se quejaron no sin amargura de este desdoro con una frase que lo dice todo: «Vamos a donde se nos recibe».

La actitud de Guaidó se explicaría porque tal vez aún esperaba que el presidente Pedro Sánchez cambie de opinión y busque un resquicio en su agenda para recibirle, a pesar de las posiciones de Podemos, que es su socio de coalición y que mantiene desde sus orígenes una relación más que estrecha con la dictadura venezolana. «Tenemos las mejores relaciones con España», se ha limitado a decir Guaidó al ser preguntado por el hecho de que sea la ministra de Exteriores española, Arancha González Laya, y no Sánchez quien tenga previsto recibirle en España, a diferencia de la actitud de otros gobiernos como los del Reino Unido o Francia.

Lo que si ha dejado entrever el presidente interino al hablar de su reunión con Johnson es que la perspectiva de la caída de la dictadura chavista y la reconstrucción de un país extremadamente rico pero que se ha visto postrado por el régimen bolivariano representará forzosamente una recompensa para aquellos que le han ayudado a derrotarla porque serán «copartícipes de la recuperación que se va a producir».

En Bruselas, Guaidó ha tenido un recibimiento relevante y en la rueda de prensa en la sede del Parlamento Europeo estaba acompañado por eurodiputados de los principales grupos, incluyendo el socialista Javi López, que tuvo que hacer verdaderos malabares para defender la posición de Pedro Sánchez, diciendo que el presidente del Gobierno habría sido quien «lideró la posición europea» en favor del reconocimiento de Guaidó como presidente legítimo. Incluso que el grupo socialista europeo votó la semana pasada a favor de la resolución que condenaba los últimos atropellos de la dictadura de Nicolás Maduro contra la Asamblea Nacional que preside Guaidó.

El vicepresidente del grupo popular europeo, Esteban González Pons, fue mucho más explícito en este caso: «Si España ha reconocido a Venezuela como país y a Guaidó como presidente de ese país, el presidente del Gobierno de España no puede esconderse», y por ello «me avergüenza que el presidente del Gobierno no tenga la gallardía de recibir como merece y con la dignidad que merece al presidente de todos los venezolanos y le exijo que rectifique».

Desde Ciudadanos, Luis Garicano, ha asegurado que el grupo liberal «hará todo lo posible para que su causa reciba el apoyo y la atención de los europeos», incluyendo la posibilidad de tramitar una petición para que Guaidó pueda ser invitado a dirigirse a la sesión plenaria, un privilegio al que sólo acceden los jefes de Estado extranjeros.

Guaidó ha aprovechado la ocasión en el Parlamento Europeo para dejar claro que cree que ha llegado el momento de «actuar» y de coordinar los esfuerzos de la oposición con la Unión Europea para poner fin cuanto antes a una dictadura que «ejerce el poder de manera sádica».

También ha asegurado que en Venezuela «no hay un país dividido, hay un país unificado en torno a conseguir la libertad y la democracia. No es un problema ideológico, como ha querido hacer ver la dictadura», y pidió a la UE una mayor presión contra una dictadura en forma de sanciones contra los responsables del régimen que conserva los resortes del poder.

En este sentido, también pidió que se establezcan medidas para evitar la comercialización clandestina de lo que definió como «oro de sangre», refiriéndose a los metales preciosos que se extraen clandestinamente por el propio régimen desde la faja del Orinoco y con el que obtienen los recursos para mantener la represión.

La ciudad más peligrosa

Pocas veces se había visto en la sala de prensa de la sede parlamentaria una expectación como la que ha suscitado el venezolano, que dijo ser consciente de que corre un riesgo cierto al mantener su posición de defensa de la libertad y la democracia. Pero también recordó que lo mismo le sucede a los ciudadanos venezolanos, que no saben cuando tendrán luz o agua o comida o que viven en Caracas «que es la ciudad más peligrosa del mundo».

Cuando su delegación se abría paso hacia la salida después de esa comparecencia multitudinaria y los integrantes de su equipo intentaban sacarlo de allí, Guaidó seguía respondiendo con evasivas a las preguntas que se le hacían de lejos. Una de sus representantes en Europa, que intentaba colmar esos vacíos, fue quien expresó mejor la trepidante situación del presidente interino de la República de Venezuela, explicando que ahora deben irse a Davos, donde tendrá ocasión de verse con no pocos representantes de la élite mundial, pero no con Sánchez, que al parecer ya habrá regresado a Madrid. ¿Después de Davos? «Después iremos a París» ¿Y Madrid? «Nosotros vamos a donde se nos recibe»

 

 

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