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Juan José Monsant Aristimuño: Una Bitácora Centroamericana II (Nicaragua)

 

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La Nica Act, como se conoce a la Ley de Condicionalidad de Inversiones para serle aplicada a Nicaragua fue aprobada por la totalidad de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos el pasado 24 de septiembre, y solo se espera la aprobación del Senado para que se convierta en Ley de la República. Se trata de impedir que dineros públicos de los Estados Unidos, a través de Instituciones financieras internacionales como el Banco Mundial, El Banco Interamericano de Desarrollo o cualquier otro, financie proyectos o deuda de Nicaragua, en tanto no se aclare el panorama político interno que pone en duda el funcionamiento del sistema democrático del país.

 Iniciamos este escrito a partir del último, pero desde el más significativo de los hechos que evidencia la entronización de un régimen autocrático sustentado en el control familiar de la cosa pública, que desdeña el sentido y razón de ser de la democracia: el estricto equilibrio e independencia de los poderes republicanos, el respeto a los derechos humanos y la libertad de conciencia. En puridad, lo que se conoce como el Estado de Derecho que, entre otros alcances del concepto, es lo que separa la cultura y valores occidentales sustentados en la libertad, de aquellos regímenes totalitarios, confesionales o hegemónicos, como el de los Ayatolas de Irán, el de Omar Al-Bashir de Sudán, Kim Jon-un de la República Popular Democrática de Corea, Robert Mugabe de Zimbaue, Fidel y Raúl Castro de Cuba y, hasta del mismo Nicolás Maduro de Venezuela; aunque este último es difícil de determinar por cuanto intervienen una pluralidad de actores nacionales e internacionales como Cuba, el PSUV, el narcotráfico, las fuerzas armadas, el islamismo radical y diferentes intereses económicos que confluyen todos, en el sostener un régimen que les es conveniente; literalmente de una de las dictaduras más degradantes que haya conocido nuestro continente.

 Para el caso que nos ocupa, Nicaragua tiene previsto realizar elecciones para presidente y vicepresidente, legisladores, alcaldes y concejales el próximo seis de noviembre; con la particularidad que en esta oportunidad se presenta un solo candidato presidencial que lleva como vicepresidente a su cónyuge, ellos son Daniel Ortega Saavedra y Rosario Murillo del FSLN.

Por séptima vez Ortega compite para tal investidura; la primera vez fue en 1984 cuando gobernó hasta 1990 derrotado por la guerra, la hiperinflación, el desgaste interno, la corrupción y la insostenibilidad de un proceso revolucionario de corte marxista que, en ese entonces había perdido el apoyo y los recursos de la Unión Soviética y en consecuencia el de Cuba, a lo menos en lo económico. Fue el año en que perdió las elecciones ante Violeta Barrios de Chamorro al frente de una coalición de partidos denominada Unión Nacional Opositora (UNO).

Posteriormente, luego de los gobiernos de Arnoldo Alemán y Enrique Bolaños, ambos del Partido Liberal Constitucionalista, Ortega accedió a la presidencia en los años 2006 y 2011, períodos en los cuales fue creando alianzas políticas, económicas y hasta religiosas que le permitió modificar la Constitución a fin de introducir la reelección presidencial indefinida; por lo que se presenta por tercera vez consecutiva, esta vez envuelto de manera abierta en corruptelas, violaciones a la Constitución, control de los poderes públicos, control de la economía, y de sus primeros enfrentamientos con el sector empresarial. A todo ello hay que agregar que el abanico de partidos de oposición se encuentra fracturado, disperso en subsiguientes mini partidos o absorbido en coaliciones con el Frente Sandinista de Liberación Nacional.

En 1995 surgió el Movimiento de Renovación Sandinista de la mano del escritor Sergio Ramírez Mercado, acompañado por antiguos comandantes guerrilleros y la casi totalidad de la base intelectual del sandinismo histórico, entre ellos Ernesto Cardenal, Gioconda Belli, Dora María Téllez, Mónica Baltodano, Henry Ruíz, Víctor Hugo Tinoco, Víctor Tirado y Herty Lewites, que le dieron la espalda a la pretensión de Daniel Ortega de controlar en forma autoritaria y hegemónica al FSLN. El MRS, a pesar de ser la más compacta organización política, no ha podido alcanzar una representación electoral que le permita competir unilateralmente para el ejercicio presidencial o lograr una representativa participación parlamentaria, por lo que de igual manera integra la Coalición Democrática que decidió no participar en el próximo proceso electoral.

  Lo cierto es que desde 2006 la familia Ortega Murillo gobierna sin control legal a Nicaragua; neutralizó el Poder Judicial, el Consejo Supremo Electoral y finalmente la Asamblea Nacional. Fueron pasos calculados, cumplidos por etapas, hasta llegar al dominio total legislativo, cuando en el 2013 por una decisión administrativa del CSE, removió de su investidura al diputado socialcristiano Agustín Jarquín Anaya, alegando que el cargo le pertenecía al FSLN y no a la persona que lo detentaba; esto a raíz del abandono de la coalición que Jarquín había realizado con ese partido en el 2011. Por supuesto la Corte Suprema de Justicia respaldó el acto administrativo del CSE.

El mes de julio del presente año, en vista de que la Coalición Democrática que se había formado en el seno de la Asamblea Nacional amenazaba con romper la hegemonía oficialista, la Corte Suprema de Justicia despojó de su investidura a 24 diputados del Partido Liberal Independiente, resolviendo una antigua disputa interna que había sido elevada a su consulta; entre ellos la del diputado Eduardo Montealegre, a quién la misma Corte le despojó, igualmente, de la dirección de dicho partido.

  Despejado el panorama opositor, Ortega registró a su esposa Rosario Murillo, actual Vocera del Gobierno, como Vicepresidenta de su fórmula presidencial. Ante los atropellos, violaciones a la ley, y violaciones de derechos humanos, la oposición ha decidido no participar en lo que considera una farsa electoral. De modo que asistiremos a un solo candidato para una elección con resultado previsto. La sumatoria de estas manifestaciones continuas en el tiempo y progresivas en el control total de las instituciones republicanas, fue lo que provocó la Nica Act, de la que hablamos al inicio. Ley que ha levantado reacciones encontradas entre los nicaragüenses, incluso en el sector empresarial, porque teme una contracción en las inversiones con la consecuente inflación monetaria y subsiguiente inestabilidad.

  Se nos impone considerar cuál ha sido el rol de Venezuela en el apoyo político y económico a Nicaragua, a partir de su membresía en la Alianza Bolivariana para los Pueblos de América –ALBA-, y de la fundación de la empresa binacional Albanisa en 2007, entre Petróleos de Nicaragua (Petronic) 49% y PdvCaribe (PDVSA) 51%, cuyo objetivo es, entre otros, la importación de hidrocarburos y su distribución a través de empresas subsidiarias. Al día de hoy, es casi inauditable el capital y su gestión, que en sus inicios fue de unos 3.500 millones de dólares, y del que hoy un holding privado monopoliza la distribución, importación y exportación de alimentos, institutos financieros, banco, mataderos, fincas, flota de transporte, depósito de combustibles, hoteles, empresas de construcción, distribución de gas, estaciones de gasolinas, medios de comunicación, y una refinería (paralizada su obra); holding que es manejado por medio de una pluralidad de empresas pertenecientes en su totalidad a la familia Ortega-Murillo.

 Por supuesto, este capital no programado, llegado de Venezuela, sin posibilidad o intención de retorno, hizo que el sector privado participara de este boom económico en turismo, urbanismo, industria agropecuaria, servicios, construcción, telefonía; al punto que Nicaragua es en la actualidad un destino turístico que compite con la República Dominicana o Guatemala. Algo de voltear al otro lado en cuanto al manejo del Estado de Derecho y la probidad del gobierno, mientras se expandían las ganancias e inversiones, tuvo que ver con la actual situación institucional que hoy comienza, como en los tiempos de Somoza, a amenazarlos.

  Nicaragua no solo es tierra de lagos y volcanes, sino de poetas, músicos y escritores, rico en historia, libertario, con hombres y mujeres de valía como Rubén Darío, Augusto Sandino, Pablo Antonio Cuadra, Pedro J. Chamorro, Carlos Martínez Rivas, Salomón de la Selva, Ernesto Cardenal, Violeta Chamorro, Sergio Ramírez, Gioconda Bella, Claribel Alegría, Vidaluz Meneses, los Mejía Godoy y sus Palacagüina, para solo nombrar un puñado de memoria. Gente acostumbrada a luchar contra la naturaleza desbocada, dictadores, e invasores, por lo que bien se merece el control internacional de los actos arbitrarios del gobierno contra su patria y pueblo, antes de que llegue a convertirse en una fuerza de ocupación de su propia nación.

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