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La deuda se dispara con la pandemia

El año pasado 2.7 millones de empresas desaparecieron en América Latina, 44 millones de personas—número semejante a la población de Argentina— se encontraban en situación de desempleo y la pobreza extrema llegó a niveles similares a 1990. Según estimaciones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), el PIB per cápita de la región retrocedió a niveles similares a los de 2010. Sin duda, la pandemia del COVID-19 ha provocado una profunda crisis en la economía latinoamericana. Y tras el fin de la pandemia la región probablemente deberá afrontar una nueva crisis de deuda.

Esta situación, no obstante, es extrapolable al contexto mundial. Frente al descalabro derivado de la crisis sanitaria, las diferentes economías se han visto obligadas a actuar con determinación. Varios países, principalmente los desarrollados, diseñaron programas fiscales y monetarios sin precedentes. Según datos del Fondo Monetario Internacional (FMI) los paquetes fiscales ascienden a 12 billones de dólares, mientras que las iniciativas monetarias llegan a 7.5 billones.

Pese a que estas medidas buscan mermar las consecuencias negativas de la crisis sanitaria en lo económico, a veces se nos olvida la otra cara de la moneda: exacerban el endeudamiento.

El crecimiento de la deuda

Antes de la pandemiael nivel de deuda global había alcanzado su record histórico. En 2019 se situaba en el 320% del PIB mundial, en el primer trimestre de 2020 había superado el 331% y en la actualidad sobrepasa el 360%. En el caso de Latinoamérica la trayectoria de la deuda se había acelerado por las políticas de expansión fiscal, aplicadas principalmente por los gobiernos progresistas de la región y por el fin del auge del precio de las materias primas en el 2014.

De acuerdo con la información del FMI, en Sudamérica el déficit neto del gobierno en relación con el PIB pasó de un promedio de 0.77% entre el 2000 y 2009 a un 3.8% entre el 2010 y 2019. Por su parte, en Centroamérica y el Caribe el déficit neto del gobierno alcanzó un promedio de 2.58% entre el 2010 y 2019. La persistencia y en algunos casos el incremento del déficit fiscal de los últimos años ha desencadenado un crecimiento de la deuda en la región.

En Sudamérica el promedio de deuda bruta sobre el PIB pasó de un 30.9% en el 2011 a un 72.3% para 2019. Los países sudamericanos que más incrementaron su deuda entre 2010 y 2019 fueron: Argentina con 47 puntos, Ecuador con 34 puntos y Brasil con 26 puntos. Cabe destacar que, los países con mayor peso de deuda en Sudamérica durante el 2019 fueron: Venezuela con 232.8%, Argentina con el 90.4% y Brasil con el 89.5%.

Por otra parte, en Centroamérica y el Caribe el promedio de deuda bruta sobre el PIB pasó de un 55.8% en 2008 a un 65.8% en 2019. Las naciones que más incrementaron su deuda durante el mismo período fueron: Costa Rica con 34 puntos, Aruba con 39 puntos y El Salvador 23 puntos; mientras que en 2019 los países con mayor peso de deuda sobre PIB fueron: Barbados con 122.2%, Belice con 105.1%, Jamaica con 93.9% y Dominica con 85.7%. Sin embargo, en el marco de la actual crisis del COVID-19 la aceleración de la deuda ha sido extraordinaria. De acuerdo a estimaciones del mismo FMI, entre 2019 y 2021 en Centroamérica y el Caribe la deuda promedio pasaría de un 65% del ratio deuda/PIB a un 80.8%. Es decir, un aumento de 15 puntos del cociente deuda/PIB. En Sudamérica del ratio deuda/PIB se incrementaría en un promedio de 12 puntos en dicho período.

La espiral de la deuda

Bajo estas condiciones, existe una alta probabilidad que la región entre en una espiral de deuda. Los desequilibrios fiscales de las economías latinoamericanas, unidos al reciente aumento de la deuda y la fuerte desaceleración de la actividad económica, muy seguramente provocarán un aumento de las necesidades de financiamiento. Este escenario puede generar dudas sobre la solvencia de los gobiernos para afrontar sus compromisos financieros, generando un incremento del riesgo soberano y mayores costos de endeudamiento.

Las recientes pérdidas de valor de ciertas monedas también son un problema potencial. Ante una fuerte devaluación respecto a la divisa del acreedor, una economía al endeudarse en una moneda sobre la que no posee control no puede garantizar a los tenedores de deuda que el dinero esté siempre disponible cuando llega el plazo de vencimiento de los bonos. Este fenómeno es conocido en el argot económico como el pecado original.

A pesar de que la crisis económica no ha podido ser evitada por ninguna economía, ciertas decisiones y características han contribuido a maximizar los efectos de la pandemia. La inestabilidad política de varias naciones, los problemas en el manejo económico antes de la crisis sanitaria, la inacción de varios gobiernos, los problemas estructurales que no han sido superados en las últimas décadas, la evidente inequidad en la distribución de las vacunas del COVID-19, el descenso del comercio mundial y la caída en el precio de las materias primas auguran un futuro desalentador para la región.

En consecuencia, además de las pérdidas humanas, el deterioro de las condiciones sociales y la caída de la actividad productiva, Latinoamérica también deberá enfrentar un en el mediano plazo una probable crisis de deuda, similar a la experimentada en las décadas de los ochenta y noventa.

Foto de xomiele en Foter.com

 

 

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