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La soledad de Scholz revela la crisis de la socialdemocracia alemana

El SPD celebra un congreso federal, al que este sábado se suma Pedro Sánchez como invitado, con un 15% de intención de voto

Axel Schäfer es diputado desde 2002 y militante del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) desde hace 54 años. A sus 71 ya cumplidos, asiste por cincuentava ocasión a un congreso federal y sus colegas le saludan con el respeto que se reserva a los ‘veteranos’ en los pasillos del Messegelände de Berlín. Cuando se le pregunta si alguna vez ha vivido una crisis tan grave como la que atraviesa actualmente su partido, Schäfer es parco en palabras: «No».

La emocióde recuperar la Cancillería, después de cuatro legislaturas de Merkel, hace ya tiempo que se desvaneció, enterrada por las cesiones que Scholz se vio obligado a encajar desde el minuto cero para sostener la coalición formada con verdes y liberales.

Las bases no tragan con su endurecimiento de la política migratoria, ni con su «punto de inflexión», un presupuesto extraordinario de 100.000 millones de euros para rearmar al Ejército alemán. Como consecuencia, el SPD languidece en las encuestas, en las que no logra superar el 15% de los votos, muy por detrás del centro-derecha de la CDU e incluso del partido populista antieuropeo Alternativa para Alemania (AfD). Según el último barómetro de ARD, nunca antes en la historia de la República Federal había caído tan bajo la reputación de un canciller.

Atascados por la sentencia

Si hubiese logrado al menos un acuerdo de última hora en el seno de la ‘coalición semáforo’ para los presupuestos de 2024, atascados tras la sentencia del Constitucional que declaró ilegales los del presente año y los del que viene, podría haber levantado un poco el ánimo del congreso. Pero Scholz no es capaz de dirigir su propio Gobierno, de manera que su liderazgo hace aguas por todas partes. Su nombre, de hecho, no aparecía ayer en ninguna de las papeletas de votación. El partido lo da por amortizado. Contra la tradición no escrita que obliga a los jefes de Gobierno alemanes a liderar su propio partido, lo que lleva a que los sucesivos congresos anuales ratifiquen o no sus políticas en el Ejecutivo, Scholz está completamente fuera de la dirección del SPD.

Saskia Esken y Lars Klingbeil fueron ayer reelegidos en la presidencia bicéfala por el 82,6 y el 85,6% de los votos respectivamente, con candidaturas basadas en la corrección de los «errores» de Olaf Scholz. «El Gobierno ha contribuido a la incertidumbre con la ley de la calefacción y la manutención básica de los hijos: ahí es donde perdimos la confianza», clavaba la daga Klingbeil, de 45 años, procedente de Baja Sajonia y del ala moderada del SPD. Esken, de 62, viene de la Selva Negra y creció en las facciones más radicales. Ambos evitaron presentar grandes proyectos y se centraron, en sus intervenciones, en criticar los 16 años de Merkel, obviando el hecho de que durante 12 de ellos el SPD formó parte del Gobierno.

Su ‘leitmotiv’ es la resistencia contra la extrema derecha y, cuanto más lo repiten, más sube en las encuestas AfD y más votos pierde el SPD, que en algunos Bundesländer orientales ni siquiera lograría hoy presencia parlamentaria.

En sus horas más bajas, el SPD se aferra a más impuestos y menos mercado, se aparta de políticas de género o identitarias para insistir en la redistribución de arriba a abajo y se desmarca de un Scholz al que culpa ‘sotto voce’ del fracaso y al que sólo respaldará en Berlín hoy Pedro Sánchez, más allá de los gratuitos y protocolarios aplausos generales.

Condenado al pragmatismo

El Gobierno está condenado al pragmatismo, pero la dirección del SPD se permite muchas más licencias. De hecho, más que el congreso del partido gobernante, este parecía un acto de la oposición. En tono de mitin, Esken acusó de «vandalismo» al actual líder de la CDU, Friedrich Merz, al que Klingbeil se refirió como «el Friedrich de ayer».

«Nunca un partido gobernante se había hecho tan pequeño como el SPD», analiza el politólogo Daniel Friedrich Sturm, jefe del diario progresista ‘Tagesspiegel’ en la capital alemana: «No tienen nada que ofrecer y buscan enemigos de cartón, sus críticas revelan la debilidad actual de los socialdemócratas, su falta de autoestima, de seguridad en sí mismos». «Sus ataques a la CDU son una agresión por delegación», continúa; «sus acusaciones son deshonestas y mendaces, en la medida en que contra quien sienten el gran resentimiento es contra los liberales del FDP, su socio de coalición, con el que querrían liderar un gobierno progresista».

Pero a pesar de la ortopedia, en los pasillos del congreso queda claro que la ‘coalición semáforo’, todavía a mitad de legislatura, no se rompe. El secretario general de la CDU, Carsten Linnemann, está pidiendo que Scholz se someta a una moción de censura. Desde la CSU bávara, Markus Söder llama a un adelanto electoral que haga coincidir las generales con las europeas del 9 de junio. Pero nadie en el SPD lo contempla, ni siquiera en conversaciones informales, en las que la gran esperanza es una reforma del freno a la deuda anclado en la Ley Fundamental, que mudaría a Alemania del bando de los halcones al de las palomas.

Bajo presión

En pleno bloqueo presupuestario, el SPD aprovecha el congreso para presionar a Scholz en ese sentido. Klingbeil condenó el freno de la deuda como «una amenaza para la prosperidad de Alemania». En las negociaciones entre los semáforos, el SPD y los Verdes están dispuestos a volver a declarar una emergencia en 2024 y poder así suspenderlo por quinto año consecutivo.

El FDP critica ese enfoque porque podría violar nuevamente la Constitución. Falta saber qué dice Scholz. Pero lo que el SPD debate este fin de semana va más allá: una propuesta para aumentar a corto plazo la flexibilidad financiera y, a medio plazo, revisar completamente el freno de la deuda, eliminándola en el futuro para las inversiones en educación, digitalización, infraestructuras y política climática.

De momento es un brindis al sol: sería necesaria una mayoría de dos tercios en el Bundestag, imposible sin la CDU, que se niega en redondo.

 

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