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La Virgen y el Hijo Divino. Cristo y Perséfone

La Virgen de la granada [1] es una excepcional representación plástica de los inicios del arte del Renacimiento, obra del pintor Fra Angelico, de nombre secular Guido di Pietro da Mugello, nacido en Florencia hacia 1395, quien se ordenó como fraile dominico con el nombre de Giovanni da Fiesole y terminó siendo llamado Angelico por la temática religiosa de numerosas obras de muy cuidada factura que revelan su particular devoción cristiana. Murió en Roma en 1455 y fue beatificado por Juan Pablo II en 1982.

Esta Madonna de la Granada,  como también se conoce, está datada hacia 1426 y desde el año 2016 forma parte de la colección de pintura italiana del Museo Nacional del Prado de Madrid, después de ser adquirida a la colección ducal de la  Casa de Alba, a la cual pertenecía desde 1817. Es una pintura al temple sobre tabla, de particular armonía y una de las más importantes de su autor.

La Virgen y el Niño constituyen el motivo central del cuadro, con dos figuras de ángeles que sostienen un manto dorado de fondo, contra el cual se destacan las figuras divinas. La Virgen mira al espectador, con una expresión seria y, podría decirse, triste —probablemente relacionada con el destino que intuye en la vida de su hijo— y en su mano derecha sostiene una granada abierta. El Niño, sentado en el regazo de su madre y con una mirada oblicua, agarra con su mano derecha varias semillas de la fruta, mientras sostiene una fruta más pequeña en su mano izquierda. Las cuatro figuras tienen la aureola dorada alrededor de sus cabezas, que indica su carácter sagrado.

El marco de la versión actual en el Prado no es original, sino que fue realizado en la década de 1920 en Madrid. Al pie de la imagen aparece la inscripción Verbum caro factum est, «El Verbo se hizo carne», que cita el Evangelio según San Juan 1, 14: «Y aquel Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros y vimos su gloria, gloria como el unigénito del Padre…», refiriéndose a la Encarnación de Dios Padre en la figura de su hijo Jesucristo. 

La Adoración de los Magos,[2] por su parte, aparentemente fue esbozada por Fra Angélico y trabajada en el detalle por Fra Filippo Lippi. Obra realizada alrededor de 1445, se encuentra actualmente en la National Gallery of Art en la ciudad de Washington. Esta obra era parte de la colección de Lorenzo de Medici y aparece declarada en la lista de su patrimonio del año 1492 como la pieza más valiosa de esa colección. 

Es una obra circular, el llamado tondo, forma favorita en el Quattrocento para las composiciones de contenido religioso. Tiene un intenso colorido en el que predominan el azul y el rojo y el conjunto capta fuertemente la atención. Además de las figuras centrales, aparecen adicionalmente múltiples figuras que celebran la ofrenda de los Reyes al Niño, dispuestas en un patrón en espiral. Un pavorreal muy vistoso está sobre el establo, como clara referencia iconográfica a la inmortalidad.

Ante las figuras del Jesús Niño, María y José, punto focal de la obra, se observan los tres Reyes postrados, entregando sus ofrendas. Uno de ellos, el más cercano a la Sagrada Familia, toca y besa el pie del infante. La Virgen y San José tienen luminosas auras doradas y están vestidos con túnicas pintadas con lapislázuli. El niño está desnudo, sentado en el regazo de su Madre y su aura dorada está interceptada por tres segmentos rojos que constituyen la parte visible de una cruz. Una alusión a lo que será su destino.

Esta Adoración de los Magos, como muchas de las obras con tema similar, es una representación del reconocimiento del Cristianismo por parte del mundo pagano. Los Reyes Magos de Oriente vienen a conocer y ofrendar a Cristo, el hijo del Dios judeocristiano. A diferencia de lo que ocurre en las Adoraciones de los pastores, que representan al cristianismo dentro del cristianismo. Ese detalle constituye en sí mismo una muestra de la incorporación de los elementos paganos en la iconografía cristiana, en una especie de superposición y fusión de capas sucesivas de la imaginería religiosa.

En la mano izquierda del Cristo niño, más bien sobre su muslo izquierdo, se observa una fruta que, al aproximarse al detalle, demuestra ser una granada. En la iconografía cristiana la granada es un símbolo de la Iglesia, por sus múltiples semillas. Pero en la iconografía pagana, específicamente la del arte y los mitos griegos, la granada tiene una vinculación particular con la figura de la doncella Kore y su descenso al Hades para convertirse en Perséfone.

Existe otra obra pictórica también en forma de tondo, de Fra Filippo Lippi, titulada Madona con el Niño y escenas de la vida de Santa Ana (el Tondo Pitti) [3] del año 1452, que se encuentra en el Palazzo Pitti en Florencia. En el centro de la obra se ve la imagen finamente dibujada de la Virgen con el Niño en su regazo. El atuendo de la Virgen es muy elegante y rico en detalle y el conjunto de la pieza tiene un acabado impecable. Detrás de estas figuras centrales se ven las imágenes que describen las Escenas de la vida de Santa Ana, fundamentalmente en un grupo pictórico en el cual la madre de la Virgen está en el lecho y recibe a su hija recién nacida.

El Niño sostiene una granada en su mano izquierda junto con la mano de su Madre —mucho más claramente visible que en la Adoración de los Magos— y una semilla de la misma fruta entre sus dedos de la mano derecha, a punto de comerla mientras mira a su madre. Aquí se repite el tema de la granada relacionada con la figura de Cristo observado en las obras anteriores.

Después de ser raptada por Hades, el dios del inframundo, Kore ingiere unas semillas de granada que su raptor le ofrece. Y esto la obliga a permanecer con él, porque estaba establecido que el comer algo en el mundo de las sombras obligaba a quien lo hiciera a permanecer allí. Perséfone solo regresa al mundo, después del difícil arreglo mediado por Hermes con su madre Deméter, una vez al año durante el período que corresponde a la primavera, cuando la tierra florece de nuevo y celebra el retorno de la diosa-hija.

A Cristo, por su parte, le corresponde morir, descender a los infiernos (Hades) y resucitar al tercer día, para cumplir cabalmente el proceso de hacerse inmortal y convertirse en el Dios encarnado. Esa manifestación humana de lo divino que Cristo representa pasó por el proceso de la muerte para establecer una simetría con el hombre y luego volver a la vida inmortal como espíritu que ascendió al cielo, a la presencia de Dios Padre.

Si la granada establece un puente iconográfico entre Cristo y Perséfone, también se puede ver un paralelismo entre Deméter (diosa madre o madre distribuidora) y la Virgen María del relato cristiano. Madres ambas de hijos divinos que deben sufrir la muerte de estos, su descenso al Hades y su renacimiento transformado y transformador.

Cuando Deméter se entera del rapto de su hija entra en un profundo proceso de duelo, relatado en el Himno Homéricodedicado a la diosa. Solo cuando acepta compartir el tiempo de su hija Kore convertida en Perséfone, con Hades el rey del inframundo que la ha convertido en su esposa, vuelven a la normalidad las cosas en el mundo terrenal. Una realidad que se había alterado severamente por el duelo de la diosa que agostó la tierra, las siembras y los rebaños, poniendo en peligro la supervivencia del género humano y —lo que resultaba de interés primordial para los dioses— la posibilidad de que estos les ofrecieran sacrificio.

Deméter entonces vendría a constituir una especie de Mater Dolorosa pagana, en paralelismo con la versión cristiana de María, la Madre en duelo por la muerte de su hijo que ha sido objeto de tantísimas representaciones en el arte. No deja de ser llamativo que en el mito cristiano se trate de un Niño Divino y en el mito pagano de una Hija Divina, la doncella virginal que se transforma en su contacto con el inframundo, imagen de lo femenino que debe renacer después de visitar la sombra y establecer un vínculo erótico con esta.

 

Nota adicional: Para aquellos que se encuentren o vayan a la ciudad de Madrid en esta época, es una singular oportunidad el poder visitar la exposición Fra Angelico y los inicios del Renacimiento, en el Museo Nacional del Prado desde el pasado 28 de mayo cuando fue inaugurada y hasta el próximo 15 de septiembre. Una exposición patrocinada por la Fundación Amigos del Museo del Prado, donde encuentran en exhibición 40 obras de Fra Angelico —incluyendo La Virgen de la granada mencionada en este artículo— así como las de varios pintores contemporáneos como Masaccio, Masolino y Fra Filippo Lippi y esculturas de Donatello y Ghiberti, para un total de 82 piezas artísticas.

La información puede encontrarse en la página de hoyesarte.com:

https://www.hoyesarte.com/evento/fra-angelico-y-los-inicios-del-renacimiento-en-florencia/?utm_source=Boletin_20190528_0645&utm_medium=boletin&utm_campaign=boletin

Y en la página web del Museo del Prado, con un valiosísimo material multimedia:

https://www.museodelprado.es/actualidad/exposicion/fra-angelico-y-los-inicios-del-renacimiento-en/c8c45536-59a2-5e3a-9615-6daf8c3ef9e9


[1]https://es.wikipedia.org/wiki/Virgen_de_la_granada_(Fra_Angelico)#/media/Archivo:Virgen_de_la_granada_(Fra_Angelico).jpg

[2]https://en.wikipedia.org/wiki/Adoration_of_the_Magi_(Fra_Angelico_and_Filippo_Lippi)#/media/File:Fra_Angelico,_Fra_Filippo_Lippi,_The_Adoration_of_the_Magi.jpg

[3] https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/3/36/Fra_Filippo_Lippi__Madonna_with_the_Child_and_Scenes_from_the_Life_of_St_Anne_-_WGA13237.jpg

 

Luis Galdona

Psiquiatra y Analista Junguiano

Miembro fundador de la Sociedad Venezolana de Analistas Junguianos (SVAJ)

Caracas, 2019

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