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Libros de educación primaria en Cuba: manuales de ideología

Marxismo, loas a los países del (desaparecido) bloque socialista y a los 'héroes' de la revolución. Así se plasma el lema que los niños cubanos deben repetir a diario: 'Pioneros por el comunismo, seremos como el Che'.

A finales de los años 90, el periodista Mario Vallejo abordó a Vilma Espín en Nueva York, cuando la entonces presidenta de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) viajó a Estados Unidos para participar en una conferencia de Naciones Unidas. En la corta y rápida entrevista, el reportero indagó acerca del contenido de los libros de educación primaria en Cuba, específicamente, sobre el tema del uso de armas, tomando como referencia un texto que aparece en A leer, de primer grado, en la página 84. El mismo pasaje describe: «El miliciano tiene un fusil. Él ama la paz. En manos buenas, un fusil es bueno».

La fundadora de la FMC, que aún no se había percatado de que estaba siendo interpelada por un canal de Miami, respondió: «No debemos hacerle el juego a las porquerías que hacen por aquí y por allá», y agregó: «Muchacho, no me preguntes eso, que vas a perder el trabajo».

La gran mayoría de los libros escolares destinados a la educación primaria en Cuba fueron editados en 1990 por el sello Pueblo y Educación. El propio texto A leer, fue «corregido» en 2010 y presentado nuevamente con muy pocos cambios. En la página cuatro se observa la imagen de un miliciano vestido a la usanza de los años 80. A continuación aparecen otras ilustraciones y poemas sobre la boina militar, los fusiles o los desfiles del Primero de Mayo en la Plaza.

Más del 40% de los párrafos y lecturas presentes en el material de estudio primario sugieren cuestiones políticas y de contenido ideológico socialista, unos de forma más sutil que otros, sin dejar de destacar episodios de la lucha armada y a las figuras de Fidel Castro, Celia Sánchez, Camilo Cienfuegos y Ernesto Guevara. Las oraciones que encabezan el aprendizaje de las letras C y Ch, del texto de primer grado, hacen referencia a estos dos últimos actores de la historia revolucionaria mediante las sentencias «El Che luchó en Cuba» y «Camilo vive».

En un panel realizado en el Centro Cultural Cinematográfico ICAIC, el 28 de octubre de 2010, en el que participaron investigadores de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y varios autores de los volúmenes destinados a la educación primaria, se reconoció públicamente el desfase histórico de muchos de estos impresos, que datan de 1989 o 1990, con reediciones posteriores en las que los cambios son casi imperceptibles.

Ricardo Quiza, historiador y profesor de la Facultad de Filosofía e Historia de Universidad de La Habana, apuntó en el propio debate con los escritores, publicado en la revista Temas, que en los libros de texto se advierte «un predominio de la historia de los procesos políticos, últimamente sazonada con la impronta del marxismo y los procesos económicos, que promueve una visión demasiado estructuralista de la sociedad, enmarcada en cifras y datos; y salpicada con la épica y la actuación de grandes héroes y de grandes hazañas que supuestamente contribuyen a crear valores positivos, pero, a veces, en demasía».

Como resultado de la encuesta consumada por este grupo de investigadores y autores cubanos pudo verificarse que el 63,7% de las mujeres entrevistadas, y el 94,7% de los hombres, considera que los libros de texto resultan materiales complementarios para sus hijos. Al respecto, Enrique Pérez Díaz, escritor y ensayista cubano, subrayó que, al no contar con ejemplares completos y actualizados, los estudiantes recurren a otras vías para realizar las tareas, como internet o la Wikipedia portátil.

De la propia pesquisa también se dedujo que la mayoría de la población cubana estima que los manuales de educación primaria no reflejan la diversidad cultural y social del país. Gran parte del contenido y las imágenes complementarias son habanero-centristas y obvian cuestiones de género, raza y religión.

De acuerdo con Georgina Arias, pedagoga y especialista de la Dirección de Enseñanza Primaria del Ministerio de Educación (MINED), «los libros tienen muchas deficiencias. En el mundo se actualizan casi cada diez años. Nosotros, por razones obvias, no lo hemos podido hacer, el ministerio no ha podido afrontar de nuevo ese trabajo. Ya se sabe que no puede esperar más, porque han pasado veinte años (…) ya es necesario un perfeccionamiento general, como se hizo al principio».

Pioneros, por el comunismo

Malena Cárdenas, madre de un niño de ocho años, lleva tres meses a la espera de una visa para reunirse con su esposo en Estados Unidos. Hace pocas semanas, tuvo que entrevistarse con la directora de la escuela porque las profesoras estaban «asustando» a su hijo. Le decían que allá no tendría amigos, que era «un país de gente mala». En el comportamiento del menor, Malena ha detectado la influencia de los contenidos políticos en su aprendizaje.

«Cualquier ojo adulto, medianamente entrenado y hastiado de propaganda, puede notarlo», comenta. «Los niños, sin embargo, no se dan cuenta e incorporan a su pensamiento esa dosis de ideología. En los mismos libros de mi hijo les hablan de socialismo, de imperialismo, aun cuando ni siquiera sabía calcular. Tampoco se componen solo de esos textos, pero en las tareas, por ejemplo, les mandan a hacer oraciones relacionadas con figuras políticas, o con los CDR. Por suerte, las nuevas generaciones de padres tienen un pensamiento más autónomo y evitamos que los manipulen con la idea de los buenos y los malos».

Otra madre entrevistada afirma que le molesta sobremanera que su hijo tenga que aprender a leer y a escribir con textos que solamente hacen referencia a la lucha armada y «hasta las elecciones de candidatos», comenta. «Recuerdo uno que se trataba sobre cómo quería Fidel que fueran los niños».

Los materiales de lectura de primero, segundo y tercer grados mencionan repetidamente el vocablo «yanqui», asociándolo con actitudes malhechoras y en contraposición al concepto de hombre nuevo o pueblo cubano militante. El libro destinado al segundo grado fue editado en 1989 y en este pueden apreciarse estrofas de poemas al estilo de: «Por toda Cuba/ van los pioneros:/ son los soldados/ de un mundo nuevo» o «Ser como el bravo Che guerrillero,/ la meta hermosa de los pioneros». Al pie de esta página, como tarea de control a la lectura, los autores sitúan la pregunta: «¿Cómo quieren ser los pioneros cubanos?».

La profesora de Filosofía Rosa Álvarez destacó en la publicación de la revista Temas la importancia del pensamiento autonómico en niños y niñas. «A veces les digo a mis alumnos: ‘Ustedes pueden estar en contra de lo que yo les diga’; quiero que polemicen, pero que tengan elementos para decir ‘estoy en contra por esto y por lo otro’; por ello me parece que el sistema educativo está, de alguna manera, dirigido a crear personas que repitan slogans como loros, y eso no es lo que debe ser».

A Lourdes Ferrer, maestra retirada y dedicada actualmente a repasar diferentes materias en la sala de su casa, los planes de estudio metodológicos le exigían una formación marxista y socialista de sus alumnos. «Debíamos priorizar las lecturas relacionadas con los héroes de la Patria, tanto los de la epopeya independentista como los de la lucha revolucionaria. Eso, era indiscutible, venía desde arriba. Lo que traen los libros, eso es lo que tenías que enseñarle».

«Cada cubano un soldado»

La introducción a la historia de la nación cubana en los textos escolares aparece salpicada de pasajes y símbolos de la lucha guerrillera, así como constantes referencia a los países exsocialistas. Así puede notarse en diversos poesías y narraciones: «Yo sé cuentos muy bonitos/ de los héroes del Moncada, de la Sierra y los barbudos,/ del desembarco del Granma» (página 86, Lectura, 2do grado). A continuación, aparece la imagen de una niña que limpia las botas de sus padres milicianos que asistirán a un desfile al día siguiente y cuyo texto concluye con la frase: «Yo también seré miliciana, como papá y mamá».

En la escuela cubana, de acuerdo con la sicóloga Mireya Aldama, radicada desde hace años en Estados Unidos, la percepción política de los educandos se conforma desde el grado preescolar. «Los niños son capaces de captar el mensaje por repetitividad», afirma la especialista.

«Un ejemplo básico es el propio lema ‘Pioneros por el comunismo, seremos como el Che’. A partir de edades tempranas se les enseña a identificarse con figuras y líderes políticos, su imagen, su semblanza. Se les muestran como especie de semidioses, sin defectos, casi inaccesibles. Desde los años 70, los libros cubanos muestran una imagen idílica de Cuba, y los países del aquel entonces campo socialista en contraposición con los llamados imperialistas, a veces de forma sutil, otras con marcado componente ideologizante».

Otro episodio del mismo libro, titulado Las FAR, refiere: «En las Fuerzas Armadas Revolucionarias están los soldados, los aviadores y los marinos. Todos son nuestros compañeros y llevan las armas para proteger al pueblo y defenderlo de sus enemigos. En los países socialistas las Fuerzas Armadas son revolucionarias. Y ser revolucionario quiere decir estar siempre de parte del pueblo y defenderlo siempre».

En un cuento corto de la página 163 piden como ejercicio de clase dramatizar la escena en que una niña soviética llamada Natasha recibe caramelos de caña de un «país valiente y lindo» como regalo por «portarse bien como buena pionera». Más adelante pueden leerse varios versos dedicados a la mujer cubana, que debe ser «cederista», «federada», «fusil al hombro» y «ternura y acción».

En diversos artículos y discusiones, los intelectuales cubanos han mostrado su inquietud por el contenido arcaico de los libros, sin hacer marcada mención al reiterado tema de la política. Se han referido, por lo general, a que no tocan temas sociales de la realidad nacional como la homosexualidad o la drogadicción. Algunos de estos manuales ni siquiera han actualizado los cargos de los dirigentes políticos. El profesor y secretario de la Comisión para el estudio de la historia de la iglesia en Cuba, Enrique López Oliva, dijo al respecto: «A mí me preocupan mucho los libros de texto. Soy su enemigo porque me recuerdan un poco los catecismos de la Iglesia católica, los manuales que me dan verdades que tengo que aprenderme de memoria y aceptar».

 

 

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