Ciencia y Tecnología

¡Listo el pollo!

MIRAMUNDO por Gabriel Rumor

 

 

En China, gracias a la inteligencia artificial, la cafetería de la universidad de Shenzhen, vecina de Hong Kong, ha obsequiado a sus profesores y alumnos un consomé a base de una raza específica de pollos cuya producción se incrementó notablemente con los cambios introducidos en la cría de esos voladores.

Comida asiática. Foto Pixabay

Comida asiática. Foto Pixabay

Un proyecto conjunto con el coloso tecnológico Tencent permitió monitorear con mayor precisión el estado de salud y los movimientos de 250 mil ejemplares de una variedad de finísimo plumaje y carne exquisita, cuya historia se remonta a tres siglos, y multiplicar en seis meses la producción de una granja local.

En las antipodas, mientras tanto, uno de los  periódicos más antiguos del mundo echaba mano a la  panacea de moda para redorar sus blasones.

Newquest, la segunda casa editorial del Reino Unido, anunció la contratación de reporteros asistidos con IA para el Worcester Journal de Berrow, en circulación desde 1690, y otras de sus doscientas publicaciones, empleando tecnología basada en ChatGPT que convierte el material llegado de todas sus fuentes en informaciones concisas y, sobre todo, confiables.

Worcester Journal de 1779

Worcester Journal de 1779

Su efecto más práctico es que al suprimir un alto porcentaje del trabajo rutinario, libera al personal para efectuar en la calle un trabajo de mayor entidad – un poco lo que Internet hizo a comienzos de siglo, revolucionando el universo reporteril- aunque se alce como una amenaza que el gremio ha comenzado a tomar en cuenta.

Porque la competencia de un productor robótico de contenidos, que no suda ni sufre jaquecas y, mejor aún (al menos para los empresarios) ignora cualquier reivindicación salarial, significa un reto descomunal para el periodista que muchos fuimos alguna vez, de libretica y grabadora; y la cuestión que flota en el ambiente es si la experiencia detendrá la desaparición de publicaciones locales británicas, que hoy están en su nivel más bajo desde el siglo XVIII con 320 títulos cerrados entre 2009 y 2029 y una caída de 70% en los ingresos por publicidad.

Futbol femenino

Fúbol femenino

Siempre en el Reino Unido, el ambiente deportivo se pregunta si los avances de la nueva tecnología servirán para frenar la epidemia de lesiones que afecta la primera liga de futbol femenino, poniendo en aprietos ese filón en auge en los últimos tiempos.

El fenómeno parece reflejar los trastornos en el entrenamiento, en los tiempos del Covid-19, y la prolongación de la temporada oficial con que después se intentó compensar los meses inactivos, y la adopción a partir de esta temporada de un conjunto de reglas para acelerar el ritmo y la duración de las competencias. Pero, sobre todo, el detalle elemental de que las futbolistas tienen diez veces más posibilidades de accidentarse que sus colegas masculinos.

Limitar el calendario, como exigen las jugadoras, o modificar la temporada, son opciones que lógicamente se reflejarían en la taquilla, dejando la solución en manos… de la inteligencia artificial. Para comprender la variedad de riesgos que son inherentes al deporte mismo, profundizar en la rehabilitación y recuperación de las lesiones con el monitoreo del estado físico de las atletas, para personalizar sus entrenamientos y prevenir cualquier flaqueza durante las competencias.

IA al servicio de los cetáceos

IA al servicio de los cetáceos

Y, para cerrar, hay que mencionar el proyecto de la ONG Earth Species, coordinado por especialistas de las universidades de Berkeley y Nueva York, de entenderse con las ballenas, en primer lugar, y después con otras especies –orangutanes, elefantes y arañas saltarinas- a fin de comprenderlas mejor y ayudar a su preservación.

En los próximos cinco años, en paralelo con otro proyecto, CETI, financiado por la plataforma TED, el MIT y la National Geographic Society, se prevé el seguimiento de entre 50 y 400 cetáceos para grabar los chasquidos que emiten a enormes profundidades y a grandes distancias,  parecidos a un código morse,  codificarlos, traducirlos y, eventualmente, elaborar una suerte de diccionario humano-ballenato.

La escogencia no es fortuita, porque los monstruos surcan los océanos desde hace 30 millones de años, poseen el cerebro más grande del reino animal y comparten varias de nuestras características psico-sociales, y ahora, con los avances en tecnología lingüística derivados de la IA, a pesar del escepticismo de cierto sector científico, se juega con la ilusión de recoger millardos de sus sonidos y procesarlos para armar una técnica de conversación.

Un arduo camino resta por recorrer antes de que podamos tomar el té vespertino con nuestros colosales vecinos y conocer sus problemas familiares, pero la IA seguirá en los titulares en el tiempo por venir. En particular porque la presión comercial propicia el crecimiento explosivo hacia tareas tan complejas como el procesamiento multimedia, las transacciones financieras y el sector  turístico, engarzadas con la robótica y la computación espacial en una interdependencia de beneficio mutuo.

Como un pulpo, va expandiendo la IA sus tentáculos hacia prácticamente todos los sectores de nuestra civilización, con la consecuencia tan inevitable como nefasta de su inserción en el choque geopolítico de las superpotencias y las menores que pugnan por hacer sentir su voz en  una implacable competencia.

Varsovia, febrero de 2024

 

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