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Lo que llevó al régimen cubano a la explosiva crisis actual

La élite del Partido-Estado va a necesitar siempre de dos apoyos externos para poder subsistir: un aliado y un enemigo exterior

El modelo nacido en la Rusia de Stalin e impuesto por los partidos comunistas en cada país donde triunfaron, arrastra, por su propia naturaleza, un mal degenerativo que lo hace insostenible: al no haber propietarios privados, sino administradores designados por la cúpula estatal, no existe un verdadero estímulo productivo.

Esas administraciones burocráticas no tienen permitido, oficialmente, el empoderamiento de las ganancias de las empresas que dirigen, pero tienen acceso a ellas, por lo que el Estado requiere, además, a otros funcionarios encargados de realizar auditorías. Pero los auditores son también seres humanos vulnerables de ser corrompidos. De esta manera, se va generando una casta burocrática corrupta responsable de constantes «faltantes» y desvíos de recursos que va minando el sistema económico y dando lugar a una crisis estructural, permanente.

En consecuencia, la élite del Partido-Estado va a necesitar siempre de dos apoyos externos para poder subsistir: un aliado con suficientes recursos para que subsidie su supervivencia y un enemigo exterior a quien culpar de la precariedad de la población y de provocar las protestas internas.

Si le falta el primero, se inicia un proceso de descomposición terminal. Si le falta el segundo, queda desnudo ante la población y la opinión pública internacional como el principal culpable de los males internos.

Se va generando una casta burocrática corrupta responsable de constantes «faltantes» y desvíos de recursos que va minando el sistema económico y dando lugar a una crisis estructural, permanente

En Cuba se contó con esos dos apoyos durante muchos años. En las primeras dos décadas no tuvo tanta necesidad del primero porque contaron con los altos precios del azúcar en el mercado internacional, ganancias que fueron usadas en aventuras militares, sobre todo en África y en apoyo a los movimientos guerrilleros latinoamericanos, mientras que en su propio país la población sufría una crisis habitacional y de transporte y la escasez de alimentos y ropas, sin contar los sucesivos apagones, algo semejante a lo que luego ocurriría en la Venezuela de Chávez pese al alto precio del petróleo exportado por ese país.

Cuando se produjo el derrumbe del llamado campo socialista de Europa, el sistema económico cubano se presentó en su verdadera naturaleza. El crítico período que comenzó entonces no era «especial», era el mismo de siempre, el de la crisis estructural y permanente, pero sin los subsidios que hasta entonces había recibido.

Entonces, «al borde del abismo» –no son palabras mías sino de Raúl Castro–, lograron encontrar a un nuevo aliado que lo apadrinara: la Venezuela chavista, por lo que pudieron aplazar por un tiempo más la implosión del sistema. Pero como Venezuela siguió los pasos de Cuba, comenzó a sufrir cada vez más los mismos estragos. A medio camino, algunos venezolanos se lamentaban de que estaban «tocando fondo». Yo les dije en un artículo: «No, nosotros, los cubanos, sabemos que todavía no». Hasta que finalmente supieron lo que era tocar fondo. Muchos se preguntaban cómo un país tan rico, tan próspero, ha caído en semejante miseria.

Para Cuba esto significaba, nuevamente, la pérdida de la fuente subsidiadora. Y por supuesto, se anunció el inicio de un nuevo período «especial». Pero como esa palabra traía evocaciones traumáticas, surgió el término «coyuntural». Llámese como se llame, se trata del sistema tal y como es, sin nadie que lo subsidie. Como no apareció un nuevo padrino, el país se derrumbó y el pueblo se lanzó a las calles.

¿Cómo no se percataron de que esto iba a suceder? Muchos dentro y fuera de Cuba lo advirtieron y les aconsejaron: ustedes tienen en sus manos la solución: abran los mercados, bajen los impuestos, dejen que los trabajadores agropecuarios vendan sus productos a quienes deseen y a precio de mercado y permitan mesas redondas para que la gente opine y entre todos busquemos soluciones. Pero no escucharon.

Ahora, cuando el pueblo demanda a gritos la renuncia de los verdaderos responsables del desastre, entonces sacan a la policía, a los Boinas Negras, a los antimotines y a las turbas paramilitares, con porras, bates, armas de fuego y hasta con cañones antiaéreos. Aún no se sabe el número exacto de detenidos, de heridos y de muertos.

«No, nosotros, los cubanos, sabemos que todavía no». Hasta que finalmente supieron lo que era tocar fondo

A partir de ese momento se requirió más que nunca del segundo recurso: «el bloqueo imperialista». Cuando se dice «bloqueo» se tiende a pensar que todos los puertos están taponados por barcos militares para impedir la entrada de alimentos y otras mercancías, pero en realidad se trata de otra nación que se niega a comerciar con Cuba por las confiscaciones de propiedades realizadas en los inicios de ese régimen, aunque muchos se preguntaban cómo es que también escasean un sinnúmero de productos alimenticios producidos en el propio país que nunca faltaron en las mesas de los cubanos.

Cuba tiene relaciones diplomáticas y comerciales con alrededor de 70 países del mundo, y, por si fuera poco, tras finalizar la Guerra Fría, Estados Unidos se convirtió en el principal socio comercial de Cuba en cuanto a productos agrícolas. La condición es que pague sus compras en efectivo, sencillamente porque ha perdido la confianza de sus acreedores por una deuda astronómica que no ha podido pagar.

Muchos opositores han sostenido, ingenuamente, que el embargo debe mantenerse porque puede ser usado como «moneda de cambio» para lograr concesiones del régimen, pero una moneda de cambio sólo sirve cuando aquel a quien se le ofrece le interesa recibirla, y esa dirigencia ha demostrado reiteradamente que lo que quiere es todo lo contrario. Para presionarlo, sería preferible, en vez de recrudecer el embargo, amenazar con levantarlo, porque a pesar de que públicamente lo condena, tras bambalinas lo que hace es justificar su mantenimiento.

Muchos ejemplos podrían citarse desde la época de Gerald Ford, cuando Carlos Rafael Rodríguez negociaba en secreto con Henry Kissinger para un acercamiento como el realizado con China, pero fue saboteado por el propio Castro con el envío de tropas a Angola. Luego, hubo otro proceso en tiempos de Carter, iniciado con el diálogo del 78 y cortado de cuajo en el 80 con el éxodo del Mariel. Cuando en 1996 el proyecto de Ley Helms-Burton para recrudecer el embargo estaba a punto de sufrir una derrota aplastante en el Congreso, el derribo de dos avionetas civiles con la muerte de cuatro jóvenes del destierro precipitó su aprobación. Las negociaciones con la Administración de Obama condujeron al restablecimiento de relaciones diplomáticas y hubieran podido culminar neutralizando los colmillos del embargo, pero el caudillo, ya oficialmente retirado, forzó un giro político con su reflexión crítica El hermano Obama.

Una moneda de cambio sólo sirve cuando aquel a quien se le ofrece le interesa recibirla, y esa dirigencia ha demostrado reiteradamente que lo que quiere es todo lo contrario

Ahora, se acude nuevamente al mismo recurso para justificar la marejada de protestas multitudinarias en todo el país: se culpa al «bloqueo imperialista» de la falta de alimentos y medicamentos que condujeron a las muertes de decenas de miles de personas, entre ellos muchos niños y ancianos, y a la desesperación de gran parte del pueblo.

Incluso, hasta la decisión de lanzarse a las calles fue diabólicamente fraguada por el «imperio y sus lacayos» en el exterior. Desde luego, no mencionan que reiteradamente negaron el permiso de ayudas desde el exterior, e incluso de un corredor humanitario, porque Cuba, una «potencia médica», no lo necesitaba.

Pero la inmensa mayoría de manifestantes era gente humilde, de muy bajos recursos, a la que nadie puede acusar de asalariada del «imperio». Si a estas alturas, tras 62 años de una revolución supuestamente a favor de los más pobres, hay tanta gente «confundida», mejor preparen sus maletas, porque este pueblo ya comenzó a escribir su propia historia.

 

 

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