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Los Marlins quieren mejorar su béisbol aprendiendo español

JUPITER, Florida — Aunque creció en Tampa, Florida, donde existe una gran población cubana, Connor Scott no aprendió nada de español. Pero en febrero, mientras hablaba frente a una decena de otros candidatos a miembros de los Marlins de Miami en una rueda de prensa de práctica, su fluidez no reflejaba la de alguien que llevaba menos de un año tomando clases.

“Connor, ¿cuál es tu auto favorito?”, le preguntó en inglés Luis Palacios, un lanzador venezolano que estaba aprendiendo ese idioma.

“Mi carro favorito es el Ford F-250”, respondió Scott en castellano, con solo un poco de ayuda. Sus compañeros de equipo se sorprendieron y alegraron.

“El acento te está saliendo muy bien”, dijo Colleen Mitchell, otra maestra de los Marlins. “Qué orgullo”.

Este tipo de intercambio lingüístico fue exactamente lo que Derek Jeter, la superestrella de los Yankees, soñó cuando se convirtió en el director ejecutivo de los moribundos Marlins en 2017. Durante su etapa de jugador profesional, Jeter había visto que muchos jugadores de las Grandes Ligas que eran hispanohablantes aprendían inglés al llegar a Estados Unidos, pero sentía que eso apenas era la mitad del trabajo.

“La comunicación es una parte importante de este juego, ya sea entre un lanzador y un receptor o solo entre los compañeros de equipo”, afirmó Jeter en su sencilla oficina del estadio Roger Dean Chevrolet en Jupiter a principios de este año. “Así que es igual de importante que los jugadores angloparlantes aprendan español”.

No es de sorprender que sea habitual enseñar inglés a jugadores provenientes de América Latina. Casi el 30 por ciento de los atletas de las Grandes Ligas del Béisbol nacieron en esa parte del mundo (el porcentaje es mayor en las ligas menores). Sin embargo, los Marlins son de los pocos equipos que hacen lo contrario: impartir clases de español para los angloparlantes en todos los niveles de la organización, desde los jugadores a los entrenadores y los altos ejecutivos.

Incluso Jeter está tomando clases.

“Si no hablas español en Miami hay ciertos lugares en los que ni siquiera puedes ordenar tu comida. Y si vamos a andar sermoneando a los jugadores, deberíamos hacer lo mismo con la administración”, declaró.

Durante su exitosa carrera profesional de veinte años con los Yankees, Jeter, originario de Míchigan, tuvo compañeros de toda América Latina: Jorge Posada (Puerto Rico), Mariano Rivera (Panamá) y Robinson Cano (República Dominicana), por solo nombrar algunos.

Emily Glass dicta una clase de español para jugadores. Credit Saúl Martínez para The New York Times

Pero Jeter dijo que le molestaba la distancia que surgía en la casa club entre los anglo y los hispanohablantes al momento de socializar. Tampoco le gustaba que sus compañeros hispanohablantes tuvieran dificultades para pedir comida en inglés o se les criticara por las respuestas que daban en entrevistas realizadas en un idioma que no era el suyo.

Así que cuando Jeter, de 44 años, asumió el mando de los Marlins, se propuso abordar esta dificultad. Exigió que se implementara una reforma al programa de desarrollo para los jugadores con un nuevo enfoque en las habilidades para la vida diaria, desde clases de cocina hasta planeación financiera y cursos de idiomas.

Las clases de castellano además forman parte de un deseo más grande de que los Marlins se comuniquen mejor con sus seguidores en Miami (ciudad que cuenta con la mayor concentración de hispanohablantes en las áreas metropolitanas más importantes de Estados Unidos), para reparar así la relación deteriorada con la comunidad tras años de derrotas, una mala administración e índices bajos de asistencia. Los Marlins están en las etapas iniciales de un proyecto de reconstrucción que abarca toda la franquicia, además de que el equipo ha perdido 27 de sus primeros 37 partidos después de una temporada abismal en el 2018 con 98 derrotas.

Los Marlins diseñaron clases de español para las necesidades de cada grupo: por ejemplo, los entrenadores querían conocer más jerga del béisbol para usar en el día a día (“recta” que en inglés es fastball o “sencillo”, single) antes que gramática. El personal de analítica quería conocer el vocabulario imprescindible para su actividad (saber que contract es “contrato” y free agent es “agente libre”) además de una enseñanza más formal del idioma. Los cursos están disponibles para casi todos los niveles de la organización, pero solo son obligatorios para los jugadores de los Marlins que se desempeñan en los niveles más bajos de las ligas menores.

Derek Jeter, segundo desde la derecha, tuvo muchos compañeros de equipo hispanohablantes durante su carrera, incluidos Álex Rodríguez, Mariano Rivera y Robinson Cano. Credit Al Bello/Getty Images

Los cambios ya se sienten. Sergio Romo, el cerrador de los Marlins, un mexicoestadounidense de la ciudad fronteriza de Brawley, California, dijo que escuchar a los empleados de la recepción decir aunque sea unas pocas palabras en castellano hacía que muchos jugadores latinos sintieran que “eran un poco más respetados y aceptados”.

“Es alentador”, dijo Romo, de 36 años, que a lo largo de su carrera ha sido el intermediario entre jugadores que hablan español y los que hablan inglés. “Es una gran idea. Les están pidiendo a todas las partes que sean el puente, que ayuden a construir el puente, que ayuden a mantenerlo”.

Las lecciones de los Marlins fueron más allá de las clases que tomaban tres veces a la semana. Como parte de un programa llamado Mi Amigo, los jugadores que hablan inglés y español fueron divididos en parejas y se les pidió que salieran a cenar juntos para eliminar las barreras culturales y luchar contra la formación de grupos con base en el idioma que hablan.

A veces las conversaciones en las cenas hicieron que congeniaran gracias a un interés compartido en la música o la comida. Cuando un jugador estadounidense le dijo a Mitchell que no le gustaba ordenar la comida en español porque un mesero en un restaurante latinoamericano se burló de su acento, ella le recordó que sus compañeros hispanohablantes han pasado por lo mismo al pedir su orden en inglés.

“Les ha hecho bien entender a sus compañeros”, dijo Pamela Mejía de Rodríguez, la maestra principal de los Marlins y quien aprendió inglés en República Dominicana, de donde es originaria. Dijo que el mayor logro de los maestros ha sido que los jugadores se sientan lo suficientemente cómodos como para practicar su español en público.

Los Marlins tienen grandes expectativas para esta iniciativa. Jeter dijo que idealmente todos los jugadores en la organización, incluso los que juegan en las grandes ligas, deberían tener cierto grado de fluidez en español.

“Si tienes jugadores que fueron firmados ya en las grandes ligas, verán que todos hablan español y ellos también querrán aprender”, sostuvo.

Nick Fortes, de 22 años, es el ejemplo de una historia de éxito. Un aspirante para receptor proveniente de DeLand, Florida, sabía solo lo básico para comunicarse en español puesto que creció con una madre estadounidense y un padre cubano. Pero ha sido un alumno dedicado desde que comenzaron las clases de español de los Marlins y dijo que hacía sentir orgulloso a su padre cuando le habla en su lengua materna por teléfono.

“Saber dos idiomas es importante en cualquier circunstancia. Pero también para mostrarles a los muchachos latinoamericanos que es importante para nosotros porque ellos, de la nada, se sumergen en nuestro entorno y se tienen que adaptar a nuestras costumbres. En cierto sentido es lo correcto, tratar de aprender su idioma y hacerlos sentir un poco más cómodos”.

Mientras Fortes decía esto, un miembro del personal de los Marlins bromeó que Fortes debería practicar su español. Con solo unos pocos errores, Fortes respondió con seguridad una pregunta en español. Cerca estaba Palacios, de 18 años, quien sonrió. “Muy bien”, dijo, pero en inglés.

Nick Fortes dijo que después de tomar las clases de los Marlins había podido comunicarse por teléfono en español con su padre, quien es cubano. Credit Saúl Martínez for The New York Times
 

Debido al acuerdo colectivo de negociación, no se puede obligar a los cuarenta jugadores de la plantilla de las grandes ligas a tomar clases. Paul Mifsud, vicepresidente de las Grandes Ligas de Béisbol que supervisa los programas para los jugadores, dijo que dieciséis de los treinta equipos de las ligas mayores ofrecen clases de español a sus jugadores, pero con distintos niveles de alcance y formalidad.

El programa de los Marlins es de los más sólidos y Mifsud dijo que esperaba que algún día las treinta instituciones de las grandes ligas ofrecieran un programa similar. “Los Marlins han sido un ejemplo brillante en esta área”, comentó Mifsud.

¿Pero qué tal el español de Jeter?

Va a clases semanales de noventa minutos para el equipo ejecutivo. Hay que hacer tarea y presentar exámenes, también les enseñan terminología relevante para su profesión, desde cómo se llaman las lesiones más comunes o cómo decirle a un aficionado dónde está el baño en el estadio.

Además, Jeter dijo que tiene clases privadas dos veces a la semana. Como a cualquier principiante, la conjugación verbal le cuesta trabajo y aún no se sentía seguro respondiendo preguntas en español para este reportaje.

“No estoy preparado todavía”, dijo. “Yo les digo cuándo”.

De cualquier modo, dijo que espera poder dirigirse al equipo o al público en español, o bien dar entrevistas en castellano.

“Les voy a enseñar español a mis hijas lo más pronto posible”, dijo. “Es algo que me hubiera gustado aprender de joven”.

 

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NOTA ORIGINAL:

The Marlins Are Sending Everyone to Spanish Class. Even Derek Jeter.

JUPITER, Fla. — Despite growing up amid a sizable Cuban population in Tampa, Connor Scott did not learn any Spanish. Yet as he stood in front of a dozen fellow Miami Marlins prospects during a mock news conference at the team’s spring training facility in February, he sounded more adept than someone who had been taking Spanish classes for less than a year.

“Connor, what is your favorite car?” Luis Palacios, a pitcher from Venezuela, asked in English, the language he was learning.

“Mi carro favorito es el Ford F-250,” Scott answered in Spanish, with only a bit of help from an instructor. Teammates oohed and aahed.

“The accent is really coming along,” said Colleen Mitchell, another Marlins teacher. “Proud of you.”

This sort of interchange of language was exactly what Derek Jeter, the former Yankees superstar, dreamed of when he became the chief executive of the moribund Marlins in 2017. During his playing career, Jeter had seen plenty of Spanish-speaking major leaguers pick up English upon arriving in the United States, but he felt like that was only half the story.

Communication is a big part of this game, whether it’s pitcher-catcher communications or just teammates communicating,” Jeter said while sitting in his sparse office at Roger Dean Chevrolet Stadium in Jupiter earlier this year. “So it’s just as important for the English-speaking players to learn Spanish.”

Teaching English to minor league players from Latin America has understandably become commonplace. Nearly 30 percent of players in the major leagues — and even more in the minors — were born in that part of the world. The Marlins, however, are among the few teams also doing the inverse: conducting Spanish classes for English speakers throughout the organization, from players to coaches to top executives.

Even Jeter. He has been going to class, too.

“If you don’t speak Spanish in Miami, there are certain places you go and can’t even order food,” he said. “And if we’re going to preach it to our players, we should preach it to the front office.”

During his decorated 20-year career with the Yankees, Jeter, a Michigan native, had teammates from all over Latin America: Jorge Posada (Puerto Rico), Mariano Rivera (Panama) and Robinson Cano (Dominican Republic), to name just a few.

But the social divides that form in the clubhouse between English- and Spanish-speaking players bugged Jeter, he said. So did knowing that his Spanish-speaking teammates struggled to order food in English or were criticized for their responses in interviews in their second language.

So when Jeter, 44, took over the Marlins, he and Emily Glass, 25, who oversees the team’s education efforts, made it a goal to address this weakness. He called for an overhaul of the club’s player development program, including a focus on life skills — from cooking to financial planning to language classes.

Teaching Spanish was also a part of a larger effort to help the Marlins better communicate with fans in Miami — which has the highest percentage of Spanish speakers of any major metropolitan area in the United States — and repair the team’s fractured relationship with the community after years of losing, mismanagement and dwindling attendance. The Marlins are in the early stages of a rocky, franchisewide rebuilding project, and the team has lost 27 of its first 37 games after an abysmal 98-loss season in 2018.

The Marlins tailored the Spanish classes for different groups’ needs: Coaches, for instance, wanted to learn everyday baseball lingo (“recta” means “fastball” and “sencillo” means “single”) more than grammar. The analytics staffers wanted their relevant vocabulary (“contrato” means “contract” and “agente libre” means “free agent”) plus more formal language instruction. Classes are offered at nearly every level of the organization but are mandatory only for Marlins players in the lowest levels of the minor leagues.

Small changes are starting to appear. Marlins closer Sergio Romo, a Mexican-American from the border town Brawley, Calif., said hearing front-office employees speak even a little Spanish to the team made several Latino players feel as if they were “being shown a little bit more respect and are more accepted.”

“It’s uplifting,” said Romo, 36, who has often been the go-between for English- and Spanish-speaking teammates throughout his career. “It’s a great idea. They’re asking all parties to be the bridge, to help build the bridge, to help maintain a bridge.”

Emily Glass led a Spanish class for players. Credit Saul Martinez for The New York Times

 

The Marlins’ lessons went beyond the thrice-weekly classes. As a part of a program called Mi Amigo, English- and Spanish-speaking players were paired up and sent out to dinner in an effort to break down cultural barriers and combat language-based cliques in the clubhouse.

Sometimes conversations at the dinners led to bonds formed over shared interests in music or food. When an American player told Mitchell he didn’t like ordering food in Spanish because a server at a Latin American restaurant had laughed at his accent, she reminded him that his Latino teammates had endured the same when ordering in English.

“It’s been good for them to understand the other teammates,” said Pamela Mejia de Rodriguez, the Marlins’ head teacher, who learned English in her native Dominican Republic. She said the teachers’ biggest accomplishment has been making players comfortable enough to publicly practice their Spanish.

The Marlins have grand goals for this initiative. Ideally, Jeter said, all players in the organization, even those in the major leagues, will have some proficiency in Spanish.

“If you have players that are acquired at the major league level,” he said, “they’ll see everyone speaking Spanish and will want to learn as well.”

Nick Fortes, 22, represents one success story. A catching prospect from DeLand, Fla., he knew only the basics of Spanish from growing up with an American mother and a Cuban father. But he has been a dedicated student since the Marlins’ Spanish classes began, and he said he made his father proud by speaking to him in his native language on the phone.

“Knowing two languages is important in any circumstance,” he said. “But also to show the Latin American guys that it’s important to us too because they’re thrown in our environment and have to adapt to our ways. It’s a little bit of the right thing to do, to make an attempt to learn their language and make them feel a little more comfortable.”

As Fortes said this, a Marlins staff member joked that Fortes should practice his Spanish. With only a few mistakes, Fortes confidently answered a question in Spanish. Standing nearby, Palacios, 18, smiled. “Very good,” he said in English.

Nick Fortes said he was able to communicate with his Cuban father in Spanish on the phone after taking the Marlins’ classes. Credit Saul Martinez for The New York Times

Because of the collective bargaining agreement, players on the major league 40-man roster cannot be required to take classes. Paul Mifsud, a vice president at Major League Baseball who oversees player programs, said 16 of the 30 major league teams offer Spanish classes to their players — but with varying degrees of breadth and formality.

The Marlins’ program is among the most robust, and Mifsud said he hoped that one day all 30 major league organizations would offer a similar program.

The Marlins have been a shining example in this area,” Mifsud said.

But how is Jeter’s Spanish?

He attends weekly 90-minute classes for the executive team. They feature homework and quizzes, and teach relevant terminology, from common injuries to how to direct a Spanish-speaking fan to the stadium bathroom.

In addition, Jeter said, he has a private tutor twice a week. Like any novice, he finds conjugating verbs tricky. And he was not yet comfortable enough to answer questions in Spanish for this article.

“I’m not ready for it,” he said. “I’ll tell you when I’m ready.”

But he said he hopes to be able to address the team or the public and give interviews in Spanish.

“I’m going to teach my daughters Spanish as soon as possible,” he said. “It’s something I wish I would have learned at a younger age.”

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