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Mal lo tiene que ver Sánchez

Cuando han fallado la vivienda, Maricarmen y los nietos del exilio, solo le queda animar el lagrimeo de sus votantes con un beso a su esposa

Sánchez mete a Begoña Gómez en campaña y le declara su amor: "Que lo  escuchen alto y claro: te quiero"

 

 

La bandera de la vivienda se le ha rasgado al PSOE tras la dimisión de su portavoz, Montse Mínguez, por los grandes negocios inmobiliarios de su pareja. Su salida, con renuncia incluso a liderar la candidatura socialista por Lérida, no es anecdótica. Se trata de una persona de estricta confianza de Sánchez y vanguardia en la defensa de las decisiones más inefables del Gobierno. Superó con creces cualquier prueba de adhesión al sanchismo, tanto en sus funciones de portavoz desde Ferraz, como en cualquier aparición en medios de comunicación. Por esto, la renuncia de Mínguez es un golpe directo a la estructura del poder sanchista dentro del PSOE. Sin embargo, su dimisión no ha sido tanto un problema de legalidad o de corrupción, como de coherencia interna, en lo ideológico y en lo político. Mientras no se pruebe lo contrario, la productiva actividad inmobiliaria de su novio, con decenas de inmuebles en alquiler y sociedades en el extranjero, es legal, tanto como el bienestar económico que ha dado a Mínguez mientras clamaba contra el negocio del alquiler. La doctrina Zapatero sobre el alma socialista –«tener poco y estar dispuesto a dar mucho»– tiene mal encaje cuando no se predica con el ejemplo.

En el caso de Mínguez, los efectos trascienden su ámbito personal y familiar porque, tras el desahucio y fallecimiento de Maricarmen, la lucha contra el rentismo, los propietarios abusadores y los grandes tenedores fue el marco justificativo del adelanto electoral. La derrota parlamentaria de los decretos sobre vivienda no fue más que la percha de la que colgar la disolución de las Cámaras. En esta estrategia populista que demonizaba a los propietarios arrendadores, el Gobierno llegó a calificar a Urbagestión, la empresa dueña de la vivienda alquilada a Maricarmen, como «una pyme buitre, muy carroñera». Si con una vivienda en propiedad Urbagestión era «una pyme buitre, muy carroñera», la pareja de Mínguez habrá roto los registros acusatorios del PSOE. Cuando Sánchez habló de muros no pensó en que la industria del ladrillo fuera a estar tan metida en las entrañas de su partido. Por si fuera poco, no falta entre los diputados socialistas un abogado de fondos inmobiliarios –esos «fondos buitre»– especializado en ejecutar préstamos hipotecarios que las familias no pueden pagar. Su voto en la Diputación Permanente será decisivo.

Tampoco le está yendo mejor al PSOE con la polémica ‘ley de nietos’. Tras los reveses judiciales en la Sala Tercera del Tribunal Supremo y la decisión de la Abogacía del Estado de no acudir al Tribunal Constitucional, Sánchez se ha sacado de la manda la carta del defensor del Pueblo, Ángel Gabilondo, para que pida un precipitado e infundado amparo a Conde-Pumpido y que este garantice el cebado del censo electoral con decenas de miles de nacionalizaciones sospechosas. Sería un escándalo mayúsculo que el TC enmendara la plana al Supremo con una demanda de amparo que no espera a que el proceso haya finalizado y a que los supuestos perjudicados, comparezcan ante el Alto Tribunal con su nombre y apellidos y como perjudicados por la suspensión de los efectos electorales de su nacionalización. Gabilondo se despide de su cargo sin maquillaje, luciéndose como una prolongación de la Moncloa e impidiendo que su institución se libere de la onda expansiva del colonialismo sanchista. Lo que no han hecho la Fiscalía, ni la Junta Electoral, ni la Abogacía del Estado, lo hace a empujones el Defensor del Pueblo tergiversando, en beneficio político del Gobierno, su excepcional facultad para interponer recursos de amparo.

La degradación de la campaña del PSOE es evidente para los propios socialistas y se expresó ayer en el mitin que celebró en Fuenlabrada. Primero tuvo lugar un inane Comité Federal, del que se fue el presidente castellano-manchego, Emiliano García-Page, porque no había opción de debatir. Los asistentes eligieron a Sánchez como candidato socialista y a Rebeca Torró como portavoz. Luego, la localidad madrileña fue el escenario de uno de esos gestos que revelan el vacío de un político: el beso de Sánchez a su esposa, con un «te quiero» aplaudido rabiosamente por un público dispuesto a aguantar lo que sea, a la vista de lo poco que tiene para ganarse la confianza de los votantes. Cuando han fallado la vivienda, Maricarmen y los nietos del exilio, y solo le queda animar el lagrimeo de sus votantes con un beso a su esposa, muy mal lo tiene que estar viendo el renovado candidato del PSOE.

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