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Marcelino Miyares: Una Bitácora Cubana (LIX)

 

1 Iniciamos esta Bitácora con una declaración esperpéntica de la FAO: Felicita a Cuba en el Día Mundial de la Alimentación, porque “en el país no hay hambre”.

La realidad es que en la ONU y en sus organizaciones especializadas las cosas van muy mal desde hace mucho tiempo; pero recientemente, en plena pandemia, y ante las preocupaciones por el avance de las agendas de las tiranías y autoritarismos en contra de sus sociedades, vemos cómo Cuba es electa para formar parte del Consejo de Derechos Humanos de la ONU –cuerpo que más bien parece un Consejo de “violadores” de Derechos Humanos- y ahora la FAO tiene la desfachatez de felicitar a la dictadura castrista en el Día Mundial de la Alimentación porque en “Cuba no hay hambre”.

¿Cómo puede afirmar ello un organismo que se supone forma parte del sistema de Naciones Unidas, esta última creada después de la Segunda Guerra Mundial no precisamente para promover la defensa y los intereses de las dictaduras más antiguas y sangrientas del planeta, como es el caso de la Cuba castrista?

¿Qué tiene que decir –que no sea mirar para otro lado, y guardar silencio- el actual Secretario General de la organización?

Al parecer tienen razón los que dicen que la ONU ya no tiene remedio, que las verdaderas democracias deben separarse y crear otro organismo, este sí promotor de la libertad y la democracia…

 

Miguel Díaz-Canel, Nicolás Maduro y Daniel Ortega

 

2“El club de los monstruos”.

Así se titula una nota de Reinaldo Escobar en 14ymedio, acerca del reciente discurso virtual de Miguel Díaz-Canel en la ONU, con el cual confirmó la membresía de su Gobierno en un grupo de países “monstruosos”, ya que en sus palabras ratificó su apoyo a Nicolás Maduro y atacó a quienes buscan destruir la ‘obra” de Hugo Chávez Frías; asimismo, destacó la solidaridad con “el pueblo de Nicaragua” -léase, con el tirano Daniel Ortega-, condenó las sanciones “unilaterales e injustas” contra la República Popular y Democrática de Corea, y le dio todo su apoyo a la República Islámica de Irán “ante la escalada agresiva de los Estados Unidos”. Sigamos con Escobar:

“Por si fuera poco, haciendo velada alusión a los incidentes en Hong Kong, condenó «la injerencia en los asuntos internos de la República Popular China, y manifestó su oposición a «cualquier intento de lesionar su integridad territorial y su soberanía», y rechazó «la intromisión extranjera en los asuntos internos de la República de Belarús», reiterando su «solidaridad con el presidente legítimo de ese país, Alexander Lukashenko».

Presentó otras demandas menos monstruosas, como la exigencia de reparaciones de algunas naciones del Caribe por los horrores de la esclavitud; el «compromiso histórico con la libre determinación y la independencia del hermano pueblo de Puerto Rico»; «el legítimo reclamo de soberanía argentina sobre las islas Malvinas, Sándwich del Sur y Georgias del Sur» o «el compromiso con la paz en Colombia».

Todas estas exigencias, enunciadas formalmente a nombre de Cuba en este foro, reflejan en realidad las predilecciones ideológicas del partido político que detenta el poder en la Isla. (…) Son declaraciones que recalcan la continuidad con el pasado que ubicó a Cuba en el polo fracasado de la Guerra Fría”.

 

 

En esa misma onda analítica, Tania Díaz, en Cubanet, recalca la admiración profunda de Raúl Castro a la dictadura familiar y hereditaria de Corea del Norte –como la suya- en una nota titulada “El amigo más malo de Raúl Modesto Castro”. O sea Kim Jong-un, quien en un acto inaudito confiscó todos los perros en Pyongyang, porque los perros domésticos “representan la decadencia burguesa de occidente”. Nos relata la analista los horrores de esa sociedad absolutamente esclavizada:

Mucho se sabe de las locuras de Kim Jong-un, y de sus amenazas a Estados Unidos, territorio muy cerquita del cubano, que sería borrado del mapa si un día el coreano se vuelve loco y dispara primero.

¿Será esa la causa principal de que por estos días en el breve periódico Granma aparecieran sendos artículos en los que se alaba el proceso de ese extraño país, el acercamiento y el diálogo para el logro de una paz duradera?

En fin, que Raúl Modesto admira profundamente a Corea del Norte, y mantiene con verdadera pasión las relaciones culturales con esa nación. Y aunque los horrores de todo lo que se prohíbe en ese maligno país no se puede exponer de forma breve, lo intentaré, y es precisamente lo que admira Raúl Castro y su presidente Díaz-Canel:

Conocido como uno de los países más cerrados y restrictivos del mundo, Kim Jong-un se esfuerza para controlar las influencias externas. Prohíbe vestir a la moda occidental, beber Coca Cola, cortes de cabello que no estén aprobados por el régimen, cantar en reuniones caseras, consumir bebidas alcohólicas en las fiestas y ver películas extranjeras.

Así mismo, en la Corea comunista como no se fabrican toallas sanitarias desechables para las mujeres no se usan; tampoco los anticonceptivos, considerados indecentes, y los abortos; poseer propiedades; tener festividades religiosas como la Navidad; la radio o la televisión extranjeras; tener acceso a revistas foráneas y realizar llamadas internacionales, así sean a parientes o amigos que viven en Corea del Sur.

La Internet claro que también está prohibida, considerada como algo “amarillo, inapropiado y subversivo”, y sólo se puede usar la intranet controlada por el estado.

El pueblo, ese que gobierna Jong-un con mano de hierro, no puede obtener objetos de lujo como automóviles deportivos, aunque el líder posee una colección de millonarios Mercedes-Benz para su uso personal.

Tampoco hay libertad de religión, puesto que el pueblo sólo puede adorar a Jong-un, así como a sus líderes anteriores.

Por último: está prohibido comprar la prensa nacional, pues esta debe ser leída en las estaciones de metro, donde se exhibe públicamente, ya que está prohibido llevarla a casa, o sea, para ser analizada mejor”.

 

El peso convertible o chavito pretendió ser el sustituto del dólar en Cuba. (Collage/14ymedio)

 

3– UNIFICACIÓN UNITARIA: ¿A quién beneficiará?

Sin duda alguna, al pueblo no. En nota de Hervin Salinas, en “Cubita Now”, se destaca que según expertos economistas solo saldrá beneficiado el “emporio militar cubano”.

 

Elías Amor Bravo, profesor de economía de la universidad de Valencia, dijo Martí Noticias que hay tres factores que, en su opinión, provocarán que este proceso fracase:

Primero, el incremento salarial y de las pensiones de forma homogénea no se puede hacer de un plumazo. El mismo, subraya el experto, está proporcionalmente vinculado a la productividad y generación de riqueza, algo ausente en las empresas estatales en Cuba, lo que provocará que muchas de estas entidades queden arruinadas.

Segundo, la devaluación de la moneda traerá tensiones sociales.

Y tercero, las autoridades continúan hablando de planificación centralizada de una economía socialista.

Asimismo, el académico añadió que es evidente que quien sale ganando es “la línea dura encabezada por los privilegiados del ejército”, representados por el primer ministro Manuel Marrero, y quienes pierden son “los reformistas que apostaban por abrir el mercado y apoyar a la actividad empresarial privada”.

“Esa devaluación, al único sector que beneficiará desde el punto de vista económico es al conglomerado de las empresas controladas por los militares, que tienen intereses en el turismo», refirió.

«Las empresas estatales van a caer como moscas, pero ese sector que está vinculado a los intereses del ejército va a ganar mucha plata, porque se va a volver enormemente competitivo. El pulso de poder que existe en la economía castrista, esta vez lo ganó el grupo vinculado a Marrero”, finalizó Amor Bravo.

Por otro lado, y desde la capital de la nación antillana, el economista y ex profesor universitario Enix Berrio, comentó que la incapacidad del gobierno cubano no permitirá que una medida de esta envergadura sea exitosa, y “solamente un grupito de privilegiados tendrán ganancias”.

Mientras que el máster en Ciencias Sociales Ángel Marcelo Rodríguez Pita rememoró que están hablando de que la inflación podría alcanzar entre el 5 y 10 por ciento, y las autoridades siguen culpando a los ciudadanos cubanos por la improductividad”.

 

 

  

4 RELACIONES CUBA – VENEZUELA:

Periódicamente se nos informa sobre cómo son las relaciones entre las tiranías cubana y venezolana; es conveniente hacer una revisión constante de sus características y definiciones, y eso ha hecho la periodista venezolana Ludmila Vinogradoff en el diario español ABC:

Un resumen podría comenzar con estos dos datos: Más de 220.000 cubanos han pasado por ese país hermano en 21 años de chavismo (una auténtica invasión), y en dicho periodo de tiempo el régimen chavo-madurista le ha regalado a La Habana unos 40.000 millones de dólares en crudo, según un informe de la Asamblea Nacional de ese país, única institución pública democrática que todavía sobrevive a duras penas a pesar de los ataques incesantes de Maduro.

La presencia cubana es fácil de notar, porque si hay alguien que puede identificar el acento caribeño peculiar de la Isla es un venezolano; la amistad histórica entre ambos pueblos, los lazos culturales de todo tipo hacen que sea imposible a un funcionario castrista “mimetizarse” o “hacerse pasar por otra nacionalidad”; en Venezuela no es posible. Sigamos con algunos extractos de la nota:

 

“Cuando el entonces presidente Hugo Chávez anunciaba que Venezuela «iba hacia el mar de felicidad de Cuba», nadie lo creyó posible, pero cuando Fidel Castro estableció un puente entre Caracas y La Habana y el comandante barinés adelantó que «los dos países eran una sola nación» entonces los venezolanos se percataron de que hablaban en serio.

La Asamblea Nacional que dirige el presidente interino Juan Guaidó ha adelantado varias investigaciones sobre las relaciones internas y externas que ha tenido el chavismo con énfasis en Cuba, Irán, Rusia y China con alarmantes resultados que han arrojado los informes. (…)

«La presencia de Cuba en Venezuela está en áreas como petróleo, economía, telecomunicaciones, inteligencia, identidad nacional y Fuerzas Armadas Nacionales. Son más de 220.000 cubanos que han pasado por el país en 20 años, es una invasión, que tiene secuestrada la libertad en Venezuela».

El fallecido presidente Hugo Chávez firmó un convenio con el régimen de Fidel Castro en el año 2000 en el que se comprometía a exportarle 40.000 barriles diarios casi gratis (a 2% de interés y pagaderos en 40 años) para su consumo interno exclusivo. Posteriormente el volumen llegó a 90.000 barriles diarios de petróleo con el que la isla revendía la mitad, violando así las condiciones del convenio original. A cambio los Castro enviaban grandes contingentes de cubanos «cooperantes» disfrazados de médicos, técnicos, espías, militares, deportistas, y asesores en tortura y represión policial. Con este ejército cubano Venezuela ha perdido soberanía. Es común ver banderas cubanas en los cuarteles de la Fuerza Bolivariana.

Los verdaderos médicos cubanos han denunciado, bajo el anonimato, las condiciones de explotación y esclavitud laboral a la que son sometidos. Dicen que reciben unos 300 dólares por mes, mientras que la dictadura cubana cobra unos 6.000 dólares al régimen chavista por cada cooperante.

Según Julio Borges, Venezuela ha regalado cerca de 40.000 millones de dólares en crudo y ha financiado otros convenios de Cuba, valorados en 70 millones de dólares donde no se incluyen la financiación de la refinería de Cienfuegos, el cable submarino de telecomunicaciones y otros proyectos. La condición parasitaria de la isla con Venezuela ha continuado a pesar de las dificultades económicas y pobreza que viven los venezolanos que no tienen ni donde caerse muertos ni ser enterrados o incinerados en plena pandemia del coronavirus”.

 

Democrats (donkey) v. Republicanos (elephant)

 

  

5 – Ya en la Bitácora anterior hacíamos mención a un tema fundamental no solo para nosotros los cubanos, sino para el mundo: las elecciones del próximo 3 de noviembre en los Estados Unidos. Una pregunta que cada uno a su manera han intentado responder dos brillantes analistas, Reinaldo Escobar y Miriam Celaya (quien comenta el artículo de Escobar), ambos en 14ymedio, es: ¿Cuáles son las implicaciones de su resultado en la Isla? Vamos por orden cronológico, primero con los argumentos fundamentales de Escobar:

Escobar escribe a raíz del primer debate entre los dos candidatos, el actual presidente Donald Trump y su rival, Joe Biden (“El debate que nos importa”). Hace el periodista una afirmación tajante: “Cuba y su futuro son mi prioridad”. Lo fundamental –y en eso debemos estar de acuerdo todos- “es que las cosas cambien en Cuba”.

 “Esto quiere decir que se despenalice la discrepancia política y que todos podamos opinar a favor o en contra de quienes nos gobiernan y que, en lo económico, se le dé libertad a los que son capaces de producir las cosas que necesitamos para vivir.

Y aquí es donde me pongo oportunista.

Cuba y su futuro son mi prioridad. Si el estrangulamiento total con el recrudecimiento de las sanciones trae ese cambio, bienvenido sea. Si el acercamiento es el caballo de Troya que obliga al régimen a cambiar lo que realmente debe ser cambiado, bienvenido sea”.

 

Mientras, Miriam Celaya (“Un debate por la democracia en Cuba: el fin no justifica los medios”) afirma que entre las propuestas de Trump o Biden, ella optará siempre por “la menos traumática posible para los cubanos”.

La cubana es una realidad tan agobiante que supera con creces la conveniencia del triunfo de uno u otro candidato en las elecciones presidenciales de EE UU”.

Por cierto, cada uno en su realidad, claro, pero esa afirmación la podrían hacer nuestros hermanos venezolanos y nicaragüenses.

Ambos periodistas mantienen distancia con las posturas favorables y militantes a favor de uno u otro candidato, las cuales, por cierto, deben merecer nuestro respeto. Estados Unidos ha sido una democracia ejemplar para el mundo, y hay que procurar –especialmente los que estamos residiendo en ese país- a que los debates sean de altura, y que las diferencias se respeten.

Ni Escobar ni Celaya manifiestan preferencia por alguno. Pero Celaya hace un añadido que merece mencionarse:

“Tengo claro que ni uno ni otro tienen compromiso con el logro de la democracia en Cuba, más allá de discursos e intenciones con fines electoreros. Menos aún recae sobre ellos la responsabilidad de solucionar los acuciantes problemas que, desde todos los ámbitos de la vida nacional, asfixian a los cubanos y de los cuales las sucesivas administraciones de EE UU no son causantes”.

Si bien las decisiones del Gobierno norteamericano afectan no solo a su país sino en buena medida al mundo, “resultaría ingenuo atribuir un eventual colapso del castrismo a la buena o mala voluntad de un presidente estadounidense”. Sigue el análisis, en el que se señala el punto central de discrepancia:

“Coincido absolutamente con Escobar Casas cuando declara la necesidad de un debate que nos importa como cubanos, cuando centra sus aspiraciones a que las cosas cambien en Cuba, que se despenalice la discrepancia política y a que todos podamos opinar a favor o en contra de quienes nos gobiernan, así como a que en lo económico se le dé la libertad a los que son capaces de producir las cosas que necesitamos para vivir. Este debería ser un norte irrenunciable para todos los que, contra viento y marea, seguimos empujando el muro del castrismo desde dentro y fuera de Cuba, aunque bien sabemos que, a la luz de la realidad actual de la Isla, por el momento se trata de aspiraciones quiméricas.

Sin embargo, en lo que no puedo concordar con Escobar es en lo que parece ser la justificación de los medios para alcanzar el fin. De hecho, los escenarios de salida de la crisis cubana ante una u otra política estadounidense son tan opuestos como los costos humanos y sociales que dimanarían de ellas.

En su texto, Escobar le da la bienvenida por igual al «estrangulamiento» provocado por un recrudecimiento de las sanciones que a un «acercamiento» que obligue al régimen a cambiar, puesto que su prioridad -y me consta que es sincero- es la prosperidad y bienestar de este país «donde por muchos años vivirán mis hijos y mis nietos». En lo personal, siempre optaré por la salida menos traumática posible para los cubanos, a contrapelo de estar consciente de que en Cuba esa variable cada vez parece menos probable.

Tomemos, pues, dos situaciones A y B, donde A sería el eventual triunfo de Trump y, en consecuencia, una feroz tenaza capaz de asfixiar al castrismo y sus tentáculos, y de paso a todos los cubanos que de alguna manera dependen del apoyo económico, las remesas, los paquetes de alimentos, etcétera, que en definitiva siempre benefician en alguna medida a la élite receptora de dividendos. Las preguntas, entonces, serían: ¿hasta qué punto estamos dispuestos a sacrificar la supervivencia económica o el costo de las privaciones de los cubanos comunes en aras de forzar los cambios? ¿Es lícito asumir el caos y las pérdidas humanas como los «daños colaterales» necesarios para esos cambios? ¿Qué autoridad moral nos asiste para someter a otros a las carencias que no sufrimos algunos que sí contamos con algún respaldo económico para sobrellevar la crisis? (…)

Más aún, en un escenario de caos y anarquía provocados por la hambruna, la ausencia de garantías y la crispación social, ¿quién asumiría el control y velaría por el mínimo orden social? Esa posibilidad, que ahora puede parecer una exageración dramática, no deja de ser una amenaza casi tangible.

El otro extremo, la opción B, sería la transición gradual, política y ordenada que, pese a todo, sigue siendo la más razonable por cuanto no utiliza a los cubanos como rehenes en el camino hacia la democratización sino que facilitaría su inserción como actores económicos y políticos de los cambios, siempre que esa política se implementara de manera completa, inteligente y debidamente condicionada a pasos efectivos en materia de derechos humanos por parte de la cúpula castrista. Este fue el paso que se omitió durante el deshielo de la era Obama y que coadyuvó al repliegue del régimen.

El punto débil, en cualquiera de los casos, A o B, es la ausencia de propuestas efectivas y de fortalezas en los sectores opositores, generalmente atentos -justo es reconocerlo- a las políticas de la Casa Blanca. No hay un plan C o «propuesta cubana». En este sentido vale revisar recientes declaraciones por parte de algunos de los llamados líderes de oposición, donde llama la atención un denominador común: todos parecen coincidir en lo que debería hacer una administración estadounidense con respecto a Cuba, pero ninguno tiene un plan a implementar en cualquier escenario que podamos enfrentar, ya sea ante una política de acercamiento o de confrontación desde el poderoso vecino norteño.

En resumen, todo tiende a la eterna pasividad o la contemplación, a la espera de dos eventualidades, ninguna de las cuales depende de acciones efectivas por parte de la oposición: 1) Esperar a ver qué deciden hacer los poderes de Estados Unidos y 2) Esperar a ver cuánto se debilitan los jerarcas del poder dictatorial en Cuba a partir de esas políticas. Esperar, sigue siendo la palabra de orden en un escenario que, más allá de nuestras voluntades, nos mantiene sujetos como pasivos rehenes de políticas foráneas, hasta tal punto que puede parecer igualmente valiosa una política de asfixia que una de acercamiento en tanto promueva cambios, que no está a nuestro alcance controlar. No podría estar más en desacuerdo.

Al final, y de lo que va el tema, en Cuba estamos urgidos de un debate nacional amplio e inclusivo, en el que participe toda la sociedad y estén presentes todos los intereses, con independencia de encorsetamientos políticos o ideológicos”.

 

Los cubanos necesitan un debate que no imite el patético ‘show’ mediático Trump vs Biden, considera Celaya. (EFE)

 

¿Y qué ofrecen, prometen o dicen que harán ambos candidatos? 

Joe Biden ha señalado que le dará prioridad a la lucha por los derechos humanos; lleva consigo el haber sido vicepresidente de Obama, y haber compartido entonces unas medidas y decisiones que todos estamos de acuerdo que no funcionaron, principalmente porque la dictadura no tuvo nunca voluntad para cumplir con su parte. Donald Trump ha afirmado que continuará con la presión, con “la asfixia”, en palabras de Celaya, y que ella critica por el costo que ello implicaría para los ciudadanos de la Isla.  

Yo creo que el pragmatismo que propone Escobar debe juntarse con las consideraciones, muy realistas, de Celaya de que los cubanos no podemos ser sujetos pasivos, a la espera de lo que decidan la democracia norteamericana y la dictadura castrista.  

Tenemos que debatir, que dialogar, pero con aterrizaje concreto, en temas significativos, primero entre los demócratas cubanos, y luego sí hablar con actores nacionales y extranjeros, para, sobre todo, superar la “normalización” que lleva décadas, y que es más resignación e hipocresía que otra cosa, de parte de tantas democracias del mundo que se rasgan las vestiduras periódicamente cuando se habla de Cuba, pero que miran a otro lado cuando, por ejemplo, en la ONU la tiranía vergonzosamente ingresa al Consejo de Derechos Humano, y nadie dice nada.

Y nada de lo anterior será posible de alcanzar si no logramos una meta que ha lucido casi siempre utópica: la unidad sincera de todos los cubanos que queremos un cambio real en nuestro sufrido país.

 

Un hecho final a destacar: se produjo el segundo y último debate presidencial Trump-Biden anoche 22 de Octubre, de 9:00 pm a 10:30 pm. Hora y media en la que se presentaron 6 temas en los que no se mencionaron a Cuba, Venezuela, o Cuba-Venezuela. Los candidatos no los consideraron prioritarios cuando se trató el tema de “seguridad nacional” a pesar de que cada vez aumentan los rumores de infiltraciones “socialistas/comunistas” tanto en el partido Demócrata como en los recientes disturbios en varios estados y ciudades gobernadas por el partido Demócrata. A buen entendedor pocas palabras: el gigante del Norte no cree que Cuba-Venezuela-Nicaragua-Bolivia y la infiltración de activistas “comunistas” en las marchas pacíficas en este país que de súbito se convierten en “riots” donde se saquea y roba la propiedad ajena es una amenaza para la seguridad nacional. Solo China, Rusia e Irán estuvieron presentes en este segundo y último debate presidencial.

Esto una vez más reafirma nuestra convicción, como opositores militantes desde nuestra participación en la invasión a Playa Girón hasta la fecha, que solo el pueblo en  “marcha constante” puede crear la chispa que haga despertar y ver la realidad del peligro totalitario, tanto a los EE.UU., Canadá y a las repúblicas todavía libres de comunistas en América. De ahí que insistamos en la necesidad de una verdadera “unidad en la Acción y en la Diversidad” de la oposición en los países que sufrimos la opresión e incapacidad total para lograr el crecimiento económico sostenido capaz de generar un verdadero desarrollo integral humanista. La consigna está clara:“HUMANISMO SÍ/COMUNISMO NO.”

 

Marcelino Miyares, Miami, 23 de octubre de 2020

 

 

 

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