María José Solano: Cervantes contra la cigüeña
Europa debe decidir cómo quiere reconocerse: en quienes escribieron su cultura o en una fauna desprovista de historia

Sede de la Sociedad Cervantina – Guillermo Navarro
Con el lío de las elecciones se nos olvida lo importante. Europa busca cara nueva para sus billetes. El Banco Central Europeo decidió jubilar aquellos puentes y ventanas que llevamos veinticinco años doblando en la cartera y ha dejado dos opciones: cultura europea y ríos y aves. La votación ciudadana terminó el pasado 21 de septiembre, con casi diez millones de participantes, y antes de acabar el año el BCE dictará sentencia.
La primera opción propone la extravagancia de recordar que Europa tuvo cultura. Maria Callas ocuparía el billete de cinco euros; Beethoven, el de diez; Marie Curie, el de veinte; Cervantes, el de cincuenta; Leonardo da Vinci, el de cien, y Bertha von Suttner, el de doscientos. Si en este último nombre no le suena demasiado, tranquilo. Von Suttner fue escritora, pacifista y primera mujer Nobel de la Paz. El BCE ha tenido la delicadeza de colocarla en el billete de 200, que tampoco conoce casi nadie. Personaje y billete podrán disfrutar juntos de una discreta intimidad.
La otra propuesta es más segura. Ríos y aves. Un treparriscos en el cinco, martín pescador en el diez, abejarucos en el veinte, cigüeña blanca en el cincuenta, avoceta en el cien y alcatraz atlántico en el doscientos.
Cuatro siglos después del ‘Quijote’, tras Lepanto, el secuestro, Argel, cárceles, deudas, odios, fracasos, recaudadores y editores, al pobre manco todavía le quedaba esta última batalla. Y no subestimen a la cigüeña. Parte con ventaja. Cervantes tiene patria, lengua, opiniones y hasta antecedentes militares. Tal y como está el patio, material delicadísimo. La cigüeña, en cambio, es impecable: transfronteriza, sostenible, inclusiva y jamás dijo una frase que pueda cancelarse cuatrocientos años después. Además migra, que siempre da puntos.
En realidad, eso es lo divertido del asunto. Europa debe decidir cómo quiere reconocerse: en quienes escribieron, pintaron, compusieron y pensaron su cultura, o en una fauna cuidadosamente desprovista de historia. Beethoven o un martín pescador. Curie o unos abejarucos. Leonardo o una avoceta.
Cervantes o la cigüeña. Hagan sus apuestas. Yo ya he hecho la mía. Me juego lo que quieran a que gana la cigüeña.
