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María José Solano: Los pilares de la tierra

Ningún escritor ha conseguido para Toledo lo que Víctor Hugo logró para Notre-Dame: convertir un edificio en mito universal

Imagen nocturna de la Catedral Primada de Santa María, Toledo

Imagen nocturna de la Catedral Primada de Santa María, Toledo. (Catedral Primada de Toledo)

 

Ahora que la emblemática catedral de Toledo celebra ocho siglos, merece la pena preguntarse si existe en nuestra tradición literaria una obra comparable aNotre-Dame de París. La respuesta es sí, aunque casi nadie la recuerde. En 1903, Vicente Blasco Ibáñez publicó ‘La catedral’. Hoy es una novela injustamente olvidada, pero quizá sea el intento más ambicioso de convertir una catedral española en protagonista literaria.

Su héroe, Gabriel Luna, regresa a Toledo tras una vida errante. Sin embargo, el verdadero protagonista del libro no es él, sino el inmenso organismo de piedra que domina la ciudad. Blasco no contempla la catedral como la admiran los turistas. No le interesan especialmente las vidrieras, ni los retablos, ni los tesoros artísticos. Lo que observa es una pequeña ciudad encerrada dentro de otra ciudad. Un mundo propio habitado por canónigos, campaneros, mendigos, sacristanes, criados y personajes que viven literalmente a la sombra de las torres.

‘La catedral’ es, en cierto modo, una novela social disfrazada de novela monumental. Otros autores españoles también situaron sus historias bajo la mirada de una catedral. Clarín lo hizo de manera magistral en ‘La Regenta’. Delibes recurrió a algo parecido en ‘El hereje’.

Y, sin embargo, permanece la paradoja. La catedral de Toledo reúne todos los ingredientes que un novelista podría desear. Fue iglesia visigoda, mezquita y catedral. Ha visto pasar reyes, arzobispos, inquisidores, artistas, judíos, musulmanes y cristianos. Es, probablemente, una metáfora perfecta de España.

Pero ningún escritor ha conseguido para Toledo lo que Víctor Hugo logró para Notre-Dame: convertir un edificio en mito universal.

Quizá Blasco Ibáñez estuvo más cerca que nadie, pero esto es España y él era español. Así, mientras millones de personas conocen hoy a Quasimodo sin haber leído una sola página del escritor francés, la catedral de Toledo celebra sus ochocientos años a la espera de su gran historia. Su Kent Follet. Su Quasimodo. Su Walt Dysney o su Netflix. Su leyenda definitiva.

 

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