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Michelle Obama

Aunque leo de todo, pienso que tengo muy claro el tipo de libros que disfruto más. Los libros sobre libros, por supuesto, como si así sumara más justificaciones al misterioso universo que esconden quienes terminan rodeados de estos paralelepípedos; libros de cuentos y ensayos, porque son una apertura a la razón y a la concreción, a las cosas simples y a la vez complejas, al aprendizaje; pero, sobre todo, lo que más disfruto leer son libros de correspondencias, diarios y autobiografías.

Podría arriesgarme a decir que un tercio de mi biblioteca está llena de ellos. He leído miles de páginas personales con muchísima curiosidad. Me interesan escritores, músicos, científicos, políticos, artistas, todos los que hayan tenido la valentía de escribir algo íntimo, algo que, en muchos casos, se escribió apenas para uno mismo, para despejar alguna angustia, para dar por enterado al papel sobre la complejidad humana. Jamás olvidaré las duras palabras de José Donoso y Julio Ramón Ribeyro en sus diarios. Tampoco la culpa y la angustia expresadas por John Cheever en sus diarios al ser homosexual y estar casado, ni la belleza como describe su vida el gran Amos Oz en “Una historia de amor y oscuridad”, y también Stefan Zweig en “El mundo de ayer”; en fin, estos personajes de carne y hueso, tan imponentes con el paso del tiempo, se cuestionan, sufren, se sienten también derrotados como todos los mortales; tal vez por eso me gustan este tipo de libros.

Las primeras lecturas de este año estuvieron entre Robinson Crusoe, algunos cuentos de un libro que fue el regalo de Navidad más bello que me han hecho en mucho tiempo, “Cuentos judíos” y “Mi historia”, de Michelle Obama. Y si leí este libro de la esposa de Barak Obama fue más por curiosidad, porque este año quiero leer más libros escritos por mujeres que por hombres.

De “Mi historia” destaco especialmente el primer tercio del libro, la forma como cuenta su historia en Chicago, la relación con sus padres y su único hermano, los gravísimos problemas de racismo y la entereza como se dedicó al estudio y trabajo para salir adelante. Luego lo miserable que se sentía al ser solo abogada, sin importar ser egresada de Princeton y Harvard. Y luego los dilemas que tuvo que enfrentar cuando a través de las aspiraciones políticas de su marido pensó que su familia podía irse a pique.

La verdad es que el libro pierde fuerza cuando empieza a hablar principalmente de su marido, siento que da vueltas inútiles a los mismos asuntos, a sus frustraciones, sin contar los muchísimos adjetivos que le sobran, al igual que cientos de páginas. Sin embargo, destaco que esta sea en esencia la historia de una mujer que duda, pero avanza, y lentamente aprende a vivir a pesar de que su futuro no era el imaginado.

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