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Nelson Chitty La Roche: De la diáspora y otras centrífugas más

 

“…el patriotismo es el olvido de las cosas negativas y el recuerdo de las positivas.”

Miguel Herrero de Miñon, citado por Lluis Foix (14/11/2018)

 

¿Somos los venezolanos de hoy, patriotas? Comencemos respondiendo con la evidencia en la mano de que hemos perdido conciencia y ciudadanía, y la patria se ha diluido entre las nubes negras que nos acompañan desde hace al menos los veinticinco últimos años.

Los venezolanos sobrevivimos escasamente al desastre, al cataclismo de una revolución que no cambió mucho de lo que ofreció transformar y/o sustituir pero que, acabó, eso sí, con casi todo.

La nación -y me refiero conceptualmente, a la que se refería Ernest Renan en 1876, por allá en la Sorbonne de Paris- conoce una crisis de tal magnitud que se ha fragmentado en cuerpo y espíritu. Ocho millones de los nuestros, hijos, hermanos, primos, amigos deambulan por el mundo, errantes muchos, meramente refugiados la mayoría y, sobre todo, cada instante más lejos del corazón de Venezuela.

En Madrid te puedes comer tu empanada, tu hallaca, tu chicha, tu queso blanco, tu arepa, tu tequeño, pero pocos te hablan de regresar. Venezuela huyó de Venezuela porque ya había dejado de ser Venezuela; tenía esa Venezuela y tiene en este momento hambre, miedo, desesperanza y en ese estadio depresivo, en ese vaciamiento de su alma patria, se ha desarraigado, se ha desmembrado, se automutiló. Vivimos entonces una etapa del deletéreo daño antropológico que viven nuestros hermanos cubanos.

Ahora que los dignatarios de la clase política y social gobernante, esa misma que nos entregó a las oligarquías criminales que dirigen a Cuba, a China, a Rusia; la misma gente que tolera y hasta se asocia con la guerrilla colombiana, para que exploten a placer el territorio y las riquezas minerales de los Estados Amazonas, Bolívar, Anzoátegui, Barinas, por solo citar los más conocidos emplazamientos, que no los únicos de los bandoleros del ELN y de la FARC,   ahora digo, gritan de la boca para afuera, estridentes y cínicos, desaforados, su compromiso por la recuperación de un territorio que por cierto y esto nos irradia a todos, poco y pocas veces defendido, a lo largo de nuestra historia.

Encerrar en los liceos del interior a los muchachos de educación media y que, para que voten en el referéndum del domingo, muestra indubitablemente, el esfuerzo por manipular y urdir otra maniobra más y, crear las condiciones para acciones contrarias a los valores que nos caracterizan y continuar transgrediendo la constitucionalidad.

Ofende oírlos hablar de lo que no saben, en materia de Derecho Internacional Público, con la misma soberbia e irresponsabilidad con la que han arrasado las finanzas públicas, la industria petrolera y nuestros bienes y recursos naturales. Duele verlos precipitarnos por otro abismo a empujones, tergiversando la historia y, lo peor, dejando de hacer lo que realmente deberíamos hacer en defensa y con nuestros títulos históricos en la mano, para sostener la validez de nuestra pretensión.

Tal vez sea cierto aquello de que “Dios ciega a quién quiere perder.»

Nelson Chitty La Rochenchittylaroche@hotmail.com, @nelson_chitty

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