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GAESA: la secreta herramienta capitalista del castrismo

Sin rendir cuentas ni permitir auditorías a sus operaciones comerciales y financieras, GAESA es un enorme fantasma que controla las economías y finanzas en la isla.

Militares en pleno desfile. 2017: desfile militar en la Plaza de la Revolución, en La Habana, en honor del fallecido Fidel Castro.

 

La administración de Donald Trump en los últimos meses ha puesto rostro y cuerpo internacionalmente al más peligroso fantasma esgrimido por el Gobierno cubano para, supuestamente, evadir las sanciones estadounidenses a favor del desarrollo del país: el Grupo de Administración Empresarial S.A. (GAESA).

Y lo ha hecho sancionando directamente a algunos de los jerarcas militares que han estado a la cabeza de ese conglomerado empresarial y financiero desde que fue fundado en 1995 por Raúl Castro , en uno de los más efectivos movimientos del castrismo para impedir la caída de la Revolución: traspasar toda la economía cubana a manos del generalato de las Fuerzas Armadas.

Fue de ese modo que Raúl Castro comenzó a tutelar directamente la gestión de las remesas de los exiliados, y los ingresos de los hoteles, los puertos, las tiendas en divisas, las importaciones y exportaciones, así como las negociaciones financieras internacionales de la isla.

Poco después, un segundo movimiento le dio a GAESA el toque de negocio familiar: el general Luis Alberto Rodríguez López-Callejas, casado con una de las hijas de Raúl Castro, asumió las riendas de este monopolio y estableció una red empresarial global con familiares de altas figuras de la nomenclatura castrista radicados en una decena de países del llamado Primer Mundo. Baste un ejemplo: incluso en el corazón de la emigración cubana, la Florida, han eclosionado en las últimas dos décadas cerca de medio centenar de negocios vinculados a GAESA.

 

Cartel en una carretera que pone "un pueblo en revolución".
La mayoría de los cubanos de a pie desconoce el monopolio Gaesa .Imagen: Philipp Lichterbeck/DW

 

El gran desafío de GAESA para las leyes internacionales del comercio, la economía y las finanzas está en su propia concepción: transparencia cero, evasión fiscal, operatividad encubierta, asentamiento de empresas en paraísos fiscales. Y bajo esos presupuestos, sin que existan evidencias del destino de los ingresos, maneja más del 70 por ciento de la economía en Cuba y más del 95 por ciento de las finanzas, con su punta de lanza a través del Banco Financiero Internacional. ¿Cómo es posible que un fenómeno así haya escapado durante casi 30 años a las sanciones internacionales?

Los escándalos del fantasma

Porque algo queda claro: sobran las evidencias para haber detenido la gestión fraudulenta de GAESA. Una investigación del respetado periódico opositor cubano elTOQUE, realizada conjuntamente con la Plataforma Periodística para las Américas CONNECTAS, se concentró en analizar bases de datos del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación, OpenCorporates, Monetas, Dateas y registros mercantiles de once países. El resultado fue alarmante: más de 42 compañías creadas en las últimas décadas estaban «representadas/dirigidas por funcionarios cubanos (o familiares de estos) con cargos o vínculos con el conglomerado empresarial militar».

También en 2023, un informe del Observatorio Cubano de Auditoría y Control Social (OCAC) demostraba la malversación de 69.800 millones de dólares de los salarios de los médicos de las brigadas internacionales, fondos que, de haber sido invertidos en el sistema nacional de salud, como prometía el Gobierno, habrían impedido el actual colapso de la infraestructura de sanidad y salud en la isla.

Curiosamente, en ese mismo período, mientras datos oficiales del Gobierno cubano (los informes anuales de la Oficina Nacional de Estadística e Información de Cuba) aseguraban que solamente había podido invertirse poco más de un 1 por ciento anual del PIB en la salud, más de un 40 por ciento anual se invertía en la construcción de hoteles a todo lo largo de la isla. Y esa inversión, por cierto, corría a cuenta de las empresas de GAESA asociadas al fomento del turismo.

Es cierto que la mayoría de los cubanos de a pie desconoce no solo el monopolio de GAESA, sino incluso su nombre y el nombre de quienes realmente controlan y se benefician de sus negocios. Pero también es cierto que el activismo de grupos y asociaciones de la diáspora cubana están rompiendo ya ese estratégico secretismo, mediante la publicación en diversas plataformas en internet de investigaciones sobre este vergonzoso monopolio.

Recientemente, en medio de la actual crisis energética, cuando el Gobierno de Díaz Canel anunció que la «empresa privada» podría importar combustible, los propios comentarios del pueblo ante las cadenas informativas internacionales cuestionaron esta supuesta apertura: la empresa privada que ha logrado romper el bloqueo de importación y exportación impuesto por el Gobierno tiene vínculos de distinto tipo con la jerarquía ideológica y política que dirige el país.

Y el escándalo más reciente se produjo cuando, en medio de la terrible situación que atraviesa el pueblo cubano, se conoció la denuncia internacional de que GAESA poseía, en sus cuentas internacionales, activos por más de 18.000 millones de dólares, una cifra que desde Washington el Secretario de Estado, Marco Rubio, acaba de actualizar asegurando que ya alcanza más de 20. 000 millones de dólares. La reacción del Gobierno de Díaz Canel fue cortar los servicios de internet a los jóvenes opositores que se hicieron eco de la denuncia y amenazarlos con la cárcel por supuestos cargos de propaganda contra el orden constitucional y uso de tecnología para desestabilizar, con penas de entre 3 y 5 años de cárcel.

Abandonados a su suerte, menos por Trump

Buena parte de la opinión pública internacional se pregunta por qué la mayoría de los cubanos, incluso en la isla, apoyan a Donald Trump y a Marco Rubio en su cruzada contra el Gobierno cubano, aunque también sea cierto que han perdido parte de ese apoyo por el efecto reciente de sus medidas antiinmigración.

Pero nadie ha valorado en su justo peso lo que significa que durante décadas se haya desconocido o puesto en un segundo plano las denuncias que ha hecho la oposición en la isla y el exilio sobre los crímenes, la represión y la violación de los derechos humanos perpetrados por el castrismo contra su pueblo.

Lo mismo ha ocurrido con las denuncias que tanto la oposición cubana como instituciones internacionales han hecho, por ejemplo, desde Panamá, España, Canadá y Estados (por solo hablar de los países donde se ha logrado canalizar el mayor número de denuncias) sobre las violaciones a las leyes internacionales del comercio y las finanzas perpetradas con impunidad por GAESA, el que algunos economistas de la diáspora cubana catalogan como «el fantasma capitalista del castrismo».

 

Dos personas en una farmacia.
Mayo de 2026: farmacia prácticamente desabastecida en La Habana. Imagen: Philipp Lichterbeck/DW

 

Se ha preferido dejar de lado esas denuncias para buscar un diálogo con un Gobierno que ha demostrado su incapacidad y su nula disposición al diálogo. Y ahora la administración norteamericana cambia esa narrativa: intenta sentar en la mesa de negociaciones al castrismo a través de aquellas figuras que realmente detentan el poder, pero también toma medidas drásticas, como sancionar a la élite del partido comunista en Cuba, perseguir en Estados Unidos a los empresarios vinculados a GAESA y poner ante la justicia a Raúl Castro por su responsabilidad en el crimen de cuatro cubanoamericanos en el derribo en 1996 de las avionetas de Hermanos al Rescate.

Algunos dicen que son puras maniobras para recobrar el voto cubano e hispano en las próximas elecciones de medio mandato. Otros consideran que, si Cuba acepta mantener lejos de la isla a Rusia y China, Trump y Rubio verían con buenos ojos la continuidad del actual régimen si además permiten alguna apertura económica. Sea cual sea la verdad, es el pueblo cubano el que sufre y espera alguna salida, aunque llegue desde fuera.

(ms)

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