Jorge Vilches: El PP está estancado
«Los populares se han quedado atrapados en tierra de nadie. No entusiasma, pero tampoco espanta. Su objetivo parece el pacto con Vox para llegar al poder»

Ilustración de Alejandra Svriz
Algo ocurre con el PP. No levanta el vuelo. En estas circunstancias, con un Gobierno acorralado por la corrupción sistémica y familiar del sanchismo, no debería dejar de subir en las encuestas electorales. Véanse las últimas en THE OBJECTIVE, El País, La Vanguardia y La Razón. No obstante, los populares se han estancado mientras Vox duplica los resultados en comparación con las elecciones de 2023. Encontrar una explicación al fenómeno es complejo.
No es que Feijóo sea mal parlamentario —que últimamente atesora buenas intervenciones—, ni que esté mal rodeado —Miguel Tellado y Esther Muñoz son políticos de gran valía—, es que quizá la sociedad española, justo en este momento de polarización, sea otra muy distinta.
La sensación es que el votante de la derecha está reclamando otra cosa, un estilo distinto, o más osadía en las propuestas, o es posible que quiera una mayor contundencia contra Sánchez por pura indignación. En estas cuestiones hay que reconocer que el equipo de Génova ha cambiado. Su líder es mucho más agresivo, así como quienes le rodean, y son constantes las denuncias ante las desvergüenzas gubernamentales. Por tanto, no es una cuestión de mayor beligerancia que consiga la empatía del elector derechista frente a un poder socialista nefasto. Esta faceta estaría cumplida.
La clave está en que este PP no da en la tecla con sus propuestas, no consigue interesar ni convencer a los electores no socialistas. Es más que posible que sea porque no tiene unas propuestas conocidas sobre los temas que más importan a sus electores, o peor: que la gente considere que copia las propuestas de Vox en las cuestiones importantes. Tradicionalmente, al electorado de la derecha le interesaba el orden público, la estabilidad institucional, la unidad del país, el respeto a la vida privada y la garantía de las libertades. Vox da a estas cuestiones unas respuestas más claras —a veces, auténticas burradas— que el PP. Los populares, en su cálculo del voto centrista, navegan entre la duda y la matización constante, con esa doblez que tanto irrita al ciudadano común. Esto tiene un coste.
«La fidelidad de voto en el PP ha descendido cinco puntos en un mes, situándose en un poco más del 75%. Ese elector se ha ido a Vox»
En nuestras circunstancias sociológicas pesa mucho la percepción de autenticidad y convicción. En tiempos de desafección masiva donde la política se ve como un negocio particular, es importante que el político transmita su fe en su propuesta, casi de una forma dogmática. De esta manera, el elector no pensará que el partido de turno cambia el programa en función de los estudios de marketing electoral. Se castiga a quien intenta hacer trampas, y la trampa es cambiar de discurso a mitad de carrera para convencer a más gente. Por eso los políticos se lanzan la hemeroteca unos a otros.
El resultado es que la fidelidad de voto en el PP ha descendido cinco puntos en un mes, situándose en un poco más del 75%. Ese elector se ha ido a Vox. Hablamos de un porcentaje que llega al 12% respecto a 2023. Esto se compensa con el trasvase de votos del PSOE, que roza el 11%. Esa igualdad numérica hace que el PP se estanque, no avance ni arrolle en las encuestas. Lo que gana por la izquierda lo pierde por la derecha. Podríamos ver también que la ganancia de Vox es también del PP, con el que presumiblemente pactará para formar gobierno en 2027. Del mismo modo, el PP se asienta entre los mayores de 65 y pierde entre los más jóvenes, que están entre los 18 y los 34 años.
El panorama nos muestra a un PP que atrae al votante moderado y de mayor edad, pero pierde el pulso entre los más movilizados. Los populares se han quedado atrapados en tierra de nadie. Ni sube ni baja. No entusiasma, pero tampoco espanta. La estrategia adoptada en Génova es un mal negocio: se decide por el voto de los mayores y los prestados del centrismo flotante, dejando a Vox que atraiga a los nuevos votantes y a los más politizados. Con este plan, parece que el PP tiene como objetivo consciente y deliberado el pacto con el partido de Abascal para llegar al poder. Es como si los populares hubieran decidido no construir una alternativa completa para todos los españoles, sino una alternativa de nicho para luego sentarse a negociar con Vox.
