Nunca más es ahora: Israel y EE.UU. ante la amenaza nuclear iraní

Sostengo una convicción que he repetido en distintas instancias: el problema no es Irán como nación, ni su pueblo milenario, ni su cultura. El problema es el régimen fanático y extremista que lo gobierna desde 1979.
No estamos frente a una democracia liberal, sino ante un sistema donde el poder real reside en un clero radical que no se somete al escrutinio ciudadano. Cuando observo la actual guerra que involucra a Estados Unidos, a Israel y a Irán, la entiendo como un punto de inflexión.
No se trata solo de geopolítica. Se trata de la necesidad de neutralizar un proyecto que ha hecho de la violencia, el terrorismo y la desestabilización regional una política de Estado. El régimen iraní financia y auspicia a organizaciones como Hezbolá, Hamás y los hutíes en Yemen, además de milicias en Irak y Siria. Donde interviene, se instala una guerra por delegación.
Irán está entre los países con mayor número de ejecuciones en el mundo. Se castiga la disidencia política, la protesta y los llamados delitos religiosos. Tras la muerte de Mahsa Amini en 2022, el mundo fue testigo de la represión contra mujeres que cuestionaron el velo obligatorio. Las mujeres no tienen libertad plena sobre su vestimenta ni sobre su expresión pública.
Mientras la economía iraní sufre inflación y pobreza, el régimen invierte recursos en misiles balísticos y en el enriquecimiento de uranio. La negativa a detener ese proceso, base para la fabricación de armas atómicas, llevó la tensión a un límite. Cuando un régimen proclama “Muerte a Israel” y “Muerte a América” como consignas oficiales, no estamos ante retórica aislada. Estamos ante una doctrina.
El cierre o la amenaza sobre el Estrecho de Ormuz, los ataques a intereses saudíes y emiratíes, la censura de internet y la persecución a bahá’ís y a cristianos conversos muestran un modelo que no tolera pluralismo. Frente a eso, la guerra actual entre Estados Unidos, Israel e Irán debe analizarse desde la responsabilidad de impedir que un régimen no confiable acceda a capacidad nuclear militar.
CONTRASTE INSTITUCIONAL
Comparo este modelo con el de Israel. Israel tiene elecciones, prensa crítica, Corte Suprema y representación parlamentaria árabe. En Israel protestar es legal. En Irán puede costar la vida.
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Defender al pueblo iraní es justo. Defender a los ayatolás que reprimen y financian terror no lo es. No hablo desde la negación de los derechos de otros pueblos. El derecho de Israel a existir no anula el derecho de los árabes o musulmanes a vivir en la región con autonomía y respeto. La condición es recíproca: reconocer y dejar vivir al otro.
La guerra en curso no es un capricho expansionista. Es la consecuencia de décadas de financiamiento del terrorismo y de una carrera nuclear que amenaza la estabilidad global. Cuando el régimen iraní rechaza acuerdos y continúa el enriquecimiento de uranio, coloca a la región al borde de una conflagración mayor. Ignorar ese hecho sería irresponsable.
UNA INTERVENCIÓN PARA RECORDAR: LA HISTORIA Y LA LEGITIMIDAD
En febrero de 2026, el canciller israelí Gideon Sa’ar intervino ante el Consejo de Seguridad de la ONU. Sus palabras fueron directas: la presencia judía en la Tierra de Israel no ha cesado ni siquiera durante el exilio. Recordó que hace cuatro mil años Abraham caminó por Hebrón y Beersheva, y que hace más de tres mil años el rey David estableció Jerusalén como capital.
Sa’ar evocó al emperador Adriano, quien renombró la región como Siria-Palestina tras destruir Jerusalén y construir Aelia Capitolina, intentando borrar la memoria judía. Preguntó quién recuerda hoy ese nombre, y quién desconoce Jerusalén.
Más allá de la retórica, el punto central fue la afirmación de derechos históricos documentados y la defensa de la soberanía israelí como garantía de libertad de culto para judíos, cristianos y musulmanes. Más de dos millones de ciudadanos árabes viven en Israel con representación parlamentaria y derechos civiles.
GUERRA Y ENRIQUECIMIENTO DE URANIO
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En el mismo contexto, la negativa iraní a frenar el enriquecimiento de uranio fue señalada como una amenaza directa. La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán no surge en el vacío. Surge de la acumulación de advertencias desoídas, de acuerdos incumplidos y de la expansión de milicias financiadas por Teherán.
Se defiende el derecho de los árabes a vivir en paz. Se exige la misma claridad respecto del derecho del pueblo judío.
La diversidad en Medio Oriente requiere inclusión y respeto mutuo. Sin embargo, cuando un régimen declara la eliminación de otro Estado como objetivo estratégico, la coexistencia se vuelve inviable. Israel no enfrenta solo a un adversario militar. Enfrenta un proyecto ideológico que exporta violencia. La estabilidad regional depende de frenar ese proyecto. La intervención militar, en este contexto, busca impedir una capacidad nuclear que cambiaría el equilibrio de poder en toda la región.
GAZA Y UNA CARTA ABIERTA POR LA PAZ
En mayo de 2025 se publicó en el blog de la Asociación Utopía Rossa una declaración sobre Israel y Gaza, firmada por mí, Nathan Novik y mi amigo, Edison Zoldan. Ese texto, anterior al plan presentado luego por Donald Trump para Gaza, condenó de forma categórica el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023 y lo describió como un pogromo planificado.

La declaración rechazó acusaciones de genocidio contra las Fuerzas de Defensa de Israel, aunque reconoció la tragedia de las víctimas civiles en Gaza. Atribuyó la responsabilidad principal a Hamás, a Hezbolá y a Irán como financista del terrorismo. Propuso una fuerza global conjunta, autónoma, que asuma el control de Gaza y Cisjordania en colaboración con palestinos dispuestos a convivir en paz.
Entre las medidas planteadas se incluyen: rendición y desarme total de Hamás; mesa de diálogo para dos entidades autónomas; ayuda humanitaria controlada; desarme y reintegración supervisada de combatientes; retiro israelí de Gaza bajo control de una fuerza internacional.
El documento también sostiene que el liderazgo israelí debe renovarse y atribuye responsabilidad política a Benjamín Netanyahu por el 7 de octubre. La propuesta apunta a un nuevo pacto civilizatorio donde el terrorismo no sea aceptado como medio.
Comparto la idea de que el fin no justifica los medios. La ética debe reflejarse en la acción política. También sostengo que la paz no puede construirse ignorando la raíz del conflicto actual: la financiación y dirección estratégica que Irán ha otorgado a organizaciones armadas en la región.
GUERRA, RESPONSABILIDAD Y FUTURO
La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán marca un momento decisivo. Si el régimen iraní accediera a capacidad nuclear militar, el equilibrio regional cambiaría de forma irreversible. No se trata de una confrontación religiosa entre pueblos. Se trata de frenar a un régimen que ha hecho del extremismo un instrumento de poder.
Defiendo el derecho de Israel a existir y protegerse. Condeno el terrorismo de Hamás y la utilización de civiles como escudos humanos. Exijo trato humanitario para los palestinos no involucrados en el terrorismo. Sostengo que la comunidad internacional debe actuar con coherencia y sin dobles estándares.
Aspiro a un proceso de renovación cultural y política donde las armas se transformen en instrumentos de desarrollo. Pero esa aspiración requiere condiciones mínimas de seguridad. La paz no se decreta; se construye sobre la base de la responsabilidad.
Hoy, más que nunca, es necesario distinguir entre un pueblo y un régimen. Entre la crítica legítima y la negación del derecho a existir. Entre la defensa y la agresión. La historia enseña que ignorar las señales tempranas tiene costos altos. La guerra actual es una señal de que el tiempo de las advertencias ha terminado y comenzó el de las decisiones.
Columna del Kol publicada el 6 de Marzo 2026
(Mis artículos suelen contener expresiones poéticas y creatividad del editor y director del Kol, Juan Ignacio López, que comparto y agradezco)
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