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Óscar Guillermo Garretón: «Jamás la izquierda va a ser por sí sola mayoría en Chile, no lo fue en el tiempo de la UP y no lo va a ser ahora»

El exdirigente del MAPU, se transformó junto a Carlos Altamirano en una de las personas más buscadas en Chile tras el golpe de Estado. Si bien dice que eran de generaciones distintas, ambos fueron protagonistas del nacimiento de la Unidad Popular. En esta entrevista, el ahora empresario y consultor, defiende el legado del fallecido dirigente socialista y habla sobre las lecciones que dejó esa época.

El 26 de septiembre de 1973 en la portada de El Mercurio se desplegaban fotografías de una docena de personas. “Ubicar y detener” era el título de esa edición, donde aparecían los dirigentes más buscados por la Junta Militar. Los tres primeros en ese listado eran: Miguel Enríquez, del MIR; Carlos Altamirano del PS; y Óscar Guillermo Garretón, del MAPU. El primero falleció a días del golpe de Estado, el segundo este domingo. El tercero, nos relata su relación con el histórico secretario general socialista durante la Unidad Popular (UP), defendiendo su legado y “desmitificando” el rol clave que habría desencadenado en parte el fin de la UP. Además, habla acerca de las lecciones de esa época para la política actual.

-La muerte de Altamirano, sigue marcando la desaparición de una generación política, la que lideró la Unidad Popular, usted como parte de ese grupo de dirigentes, ¿cómo toma esta pérdida?
Éramos de generaciones distintas. Para reflejarlo en un caso muy concreto, estando los dos en la lista de los 10 más buscados por la dictadura: yo tenía 29 años y Altamirano tenía 50, éramos exactamente de generaciones distintas. En el fondo en la composición de la Unidad Popular, de ese tiempo, por lo menos del movimiento donde yo venía, el MAPU, era claramente otra generación, una generación que venía de la Juventud DC y por lo tanto, sus dirigentes éramos más bien de la generación de las juventudes de la Unidad Popular.

-Pero más allá de esta distancia generacional entre los dirigentes de esa época, ¿era un país politizado donde compartían un sector?
Sin duda era un país extremadamente más politizado y una politización que venía no desde los orígenes de la Unidad Popular sino que venía de mucho antes. Por ejemplo, recordemos que los primeros procesos de reforma agraria fueron con el gobierno de Alessandri, después se acentuaron con el gobierno de Frei Montalva y siguieron con el gobierno de Allende. O sea, la radicalización de los procesos sociales era una cosa bastante profunda, hubo muchos otros movimientos en la sociedad y en el mundo que tiene que ver con eso: eran los tiempos de la Revolución Cubana, de los movimientos de liberación en África, del Vaticano II y el cambio muy profundo de la Iglesia, promovido por Juan XXIII. En Chile, mi generación fuimos parte del proceso de la toma de la Universidad Católica que se extendió después a todas las universidades del país, y marcó mucho el gobierno de Frei Montalva. O sea es un país que vivía en ese momento un clima de agitación muy grande y con la imagen de que el mundo iba hacia el socialismo. Era un mundo donde todas las señales que entregaba la realidad global, la realidad mundial, es la señal de un socialismo que iba avanzando de manera casi incontenible y eso te generaba una situación de gran movilización de grandes expectativas y de grandes esperanzas en mucha gente.

-Y en ese proceso, ¿la figura de Altamirano fue clave en todo lo que pasó durante y después del proceso de la UP?
A propósito de todo el proceso de la Unidad Popular, yo tengo la impresión de que toda esta cosa de transformar el discurso del 9 de septiembre de 1973 de Altamirano en una especie de llave al espíritu santo, donde todos cayeron en cuenta que tenían que dar un golpe porque Altamirano estaba loco, no tiene mucho que ver con la realidad. La verdad es que a esas alturas iba a haber golpe sí o sí. El golpismo, estaba dominando las posiciones de oposición ¿desde cuándo? Yo diría que desde marzo de 1973, en que las elecciones parlamentarias fue una oportunidad en que se jugó la oposición por lograr los dos tercios del Parlamento para poder acusar constitucionalmente a Allende y destituirlo. Sin embargo, la Unidad Popular sacó un 44% de los votos, perdió, pero sacó una 44% de los votos y votó el 81% del padrón electoral, o sea el nivel de preocupación por la política, de interés por la política, de pasión por la política, era generalizado.

“Reducir a Altamirano la responsabilidad por el golpe, es una manera de escabullir el bulto del fenómeno histórico, es lo que él mismo dice en alguna parte “mientras yo sea el culpable de todo, el resto puede dormir tranquilo”. La verdad es que la responsabilidad fue de las dirigencias, de las cuales yo también era parte”.

-Pero a Altamirano se le apunta como uno de los líderes de la tesis de la vía armada para defender el socialismo, ¿esa fue la clave de por qué el proceso terminó como terminó?
La Unidad Popular estaba en el gobierno, o sea pensar de que la Unidad Popular estaba promoviendo la vía armada, realmente era una cuestión bien absurda. Además, Allende dentro de su PS, estuvo siempre en contra de la lucha armada, él no creía en eso. Lo que ocurre fue otra cosa, a partir de que el mundo de oposición no logró tener mayoría suficiente para destituir constitucionalmente a Allende, tomaron el control de la oposición los sectores golpistas y es en ese momento que yo diría en que el golpe comenzó a desarrollarse y a crecer; a partir de eso también entonces se comenzó a desarrollar en la Unidad Popular la tesis de que había que defenderse de la violencia que venía y que entonces toda la violencia estaba justificada. Los partidarios de la violencia armada era todo el país. O sea, por un lado la violencia de las Fuerzas Armadas para derrocar a un gobierno constitucional como el de Allende y por otro lado, la violencia para defender el gobierno de Allende. En el fondo, la violencia como forma de relación entre los chilenos, cobró en ese momento una legitimidad generalizada. Pensar de que el tema era una discusión sobre la lucha armada dentro de la unidad popular creo que no tiene ningún sentido.

-Ese aprendizaje que generó la idea de la violencia como una opción política, ¿quedó claro, o se podría volver a repetir?
Tengo la impresión que siempre es bueno estar atento a eso y la mejor manera de estarlo es no escabullir el análisis de los procesos históricos, pensando que los problemas fueron por responsabilidad de una persona, sino que son responsabilidades colectivas. Esa frase de que “el que siembra vientos cosecha tempestades” vale para la política también. Es bueno entender que una izquierda que quiera hacer cambios con un tercio de la población es muy difícil que pueda lograrlo y si insiste en hacerlo va a provocar una resistencia y un rechazo muy fuerte en otros. Esa conclusión y esa preocupación está muy presente en lo que fue el proceso de renovación socialista de la cual Carlos Altamirano fue un líder muy importante, decir cuáles fueron los valores del socialismo en el mundo y cuáles fueron nuestras equivocaciones en Chile. De eso surgieron cosas absolutamente novedosas, impensables en el tiempo de la Unidad Popular, como por ejemplo, entender que la democracia valía en si misma sin apellido, y que esa la íbamos a defender siempre y hubo que perderla para darse cuenta del valor que tenía. Tampoco la derecha era democrática, la que quería el golpe de Estado. O sea, todo el país relativizó la democracia como fundamento. En el tiempo de la UP la alianza con el centro político era una traición, para la renovación socialista la alianza con el centro era condición para tener mayoría suficiente. Solamente si hay una mayoría por los cambios es posible hacerlos y si no existe esa, más vale graduar los cambios, hacer menos cambios, pero avanzar con las mayorías, más que pretender imponer al país con minorías. Tengo la impresión de que esa conclusión es muy importante hoy día en que yo veo que hay sectores de la izquierda que consideran prácticamente inconsecuente llegar a acuerdos con el centro y con otros y  lo están haciendo, no digo que estemos de acorde al golpe ni nada, pero marchando, si ellos ganaran, a una situación del país que se va a ser insostenible, porque jamás la izquierda va a ser por sí sola mayoría en Chile, no lo fue en el tiempo de la UP y no lo va a ser ahora. Altamirano jugó un rol muy importante en el  origen de la renovación Socialista, que terminó construyendo la contraparte de izquierda a la alianza con la DC y que después ganó el plebiscito rechazando la violencia en la que creía una parte de la izquierda y permitiendo el triunfo de Patricio Aylwin el año 1989. El gran error de la UP no fue el discurso de Altamirano, fue un error colectivo, no puedes pretender hacer cambios significativos con un tercio de los votos contra la mayoría de los votos y eso lo corrige la renovación socialista con su acuerdo con la DC.

-Entonces, ¿descarta que Altamirano haya sido el personaje clave que desató el golpe con su tesis de la vía armada?
Esa tesis de que él propuso defender el socialismo por la vía armada, no sé si me he olvidado de algo, pero yo nunca se la he oído así. Yo le oí, más bien, la defensa contra la violencia, como lo dijo Allende también, reaccionaria y la violencia revolucionaria. No es cierto que a nivel de la Unidad Popular había algunos que estaban por la vía armada, es absurdo, si estábamos en el gobierno. Allende que no creía para nada en la vía armada era partidario de la alianza con los militares como política militar, no crear una política alternativa a ellos. Altamirano, yo y todos tuvimos responsabilidad de un clima de violencia que abarcó a oposición y gobierno. Reducir a Altamirano la responsabilidad por el golpe, es una manera de escabullir el bulto del fenómeno histórico, es lo que él mismo dice en alguna parte, “mientras yo sea el culpable de todo, el resto puede dormir tranquilo”. La verdad es que la responsabilidad fue de las dirigencias, de las cuales yo también era parte, y fue de la dirigencia de derecha y de muchos también de la DC. O sea, aquí hubo una situación generalizada en la generación de violencia, culpar a Altamirano es una manera fácil de escabullir el bulto a lo que fue la realidad de ese momento en Chile.

“Lo que a mi me preocupa del Frente Amplio es la poca profundidad de sus posiciones, la radicalidad sin consideración en las consecuencias que puedan tener y la creación de un clima de desacuerdo,  un clima de confrontación (…)  no digo que hoy día vaya a llevar a un golpe de Estado, pero en ese tiempo fue exactamente esa lógica la que sí llevó a un golpe de Estado”.

-¿Cómo ve a la actual generación de dirigentes políticos? Por ejemplo, la gente del Frente Amplio, ¿qué errores no se deberían cometer?

El hecho de que sean generaciones políticas de menos de 30 años, como era la generación del Mapu, no los hace idénticos al Mapu de ninguna manera. El Mapu era un partido con una fuerte preocupación por la cohesión y la educación política y por construir políticas públicas que, erradamente o no, creíamos que eran las políticas que había que hacer. No dejábamos margen para las improvisaciones, tampoco era parte de la vía del Mapu, un despelote interno en el partido, de hecho cuando hubo diferencias muy grandes se dividió. Entonces, diría tiene rasgos muy distintos a lo que es la actual generación, por lo menos del Frente Amplio. Es bueno siempre que hayan políticos jóvenes y que surjan en todo el arco político, lo que a mi me preocupa del Frente Amplio es la poca profundidad de sus posiciones, la radicalidad sin consideración en las consecuencias que puedan tener y la creación de un clima de desacuerdo,  un clima de confrontación. La democracia es el espacio donde los representantes de una polis muy diversa conversan sobre los problemas de su sociedad y llegan acuerdos para que la sociedad pueda marchar independiente de esas diferencias, cuando tu estás permanentemente en el que se hace lo que tu quieres o tu rechazas hacer cualquier cosa, la consecuencia de esto es que el resto de la sociedad te rechaza a ti permanentemente y esa lógica, no digo que hoy día vaya a llevar a un golpe de Estado, pero en ese tiempo fue exactamente esa lógica la que sí llevó a un golpe de Estado.

 

 

 

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