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Oswaldo Páez-Pumar: Creer o no creer

 

Espero que quien me lea no me vaya a calificar de plagiario de Shakespeare por aquello de “to be or not to be” (ser o no ser). Son dos niveles. Creer es aceptar como verdad lo que no es evidente por sí mismo, ni es posible demostrarlo por el uso de nuestra razón. El ser corresponde a lo que tiene entidad por sí mismo, no depende de que nosotros lo aceptemos como tal, que creamos o no en su existencia. Pudiéramos decir, que el ser se impone sobre nuestra razón. Podemos negarlo, pero nuestra negación no le quita ni un ápice a su entidad.

Nosotros vivimos bajo una dictadura militar que pretendió imponerse por las armas el 4 de febrero de 1992 y fracasó, pero solamente “por ahora”; y aunque sus actores lograron acceder al poder por la vía electoral en diciembre de 1998, no por eso hicieron a un lado su pretensión de imponerse por la fuerza. Revelación primera de esa intención fue que el juramento de cumplir la constitución y las leyes, legalmente necesario para tomar posesión del cargo, que se realizó proclamando moribunda a la constitución e incumpliéndola se convocó a una asamblea constituyente. Luego de proclamada la nueva constitución que contemplaba la reelección presidencial por una sola vez, se convocó a un referendo para reformarla y habiendo sido negada la reforma y prohibiendo la constitución que pudiera en el mismo período volverse a plantear tal reforma, se planteó exclusivamente para que Chávez pudiera reelegirse a perpetuidad, por lo cual su elección (real o supuesta) fue otro golpe de estado contra la constitución; y la presencia del usurpador como vice-presidente encargado de la presidencia, más allá del 9 de enero de 2013 cuando expiró el segundo período de Chávez, otro golpe de estado.

Usted lector puede ser partidario o no de los golpes de estado y desde luego, si es partidario no necesariamente eso significa que usted debe respaldar todo golpe de estado; y me atrevo a afirmar que no siendo usted partidario de los golpes de estado puede haber una situación en la cual contra lo que es su sentir normal, se haga partidario de un golpe de estado. Tomemos un ejemplo de nuestra historia para darnos a entender. Asuma usted dos hipótesis sobre su simpatía hacia los golpes de estado: a) usted no es partidario y se encuentra en Venezuela en 1945 cuando el golpe al presidente Medina. ¿Usted lo condena? Seguramente la respuesta es sí. Luego viene el año 1948 y hay otro golpe ¿lo condena, sí o no? Segunda hipótesis usted si es partidario de los golpes y está en el año 1945 y viene el golpe ¿lo condena? Y luego viene el del año 1948 ¿lo vuelve a condenar?

Gracias a Dios, para los que creen en él y gracias al azar para los que no creen en él, los golpes son realidades que no requieren que usted crea en ellos. Se producen y la historia de Venezuela está llena de ellos. Vivimos los últimos 40 años del siglo XX sin golpes, aunque hubo intentonas, entre otras la del teniente-coronel Chávez. No obstante estar viviendo hoy bajo un régimen sustentado en un golpe de estado continuado, hay quienes “no creen” en los golpes de estado.

¿Acaso se trata de un problema de fe? Desde luego que no. Yo soy uno más de la generación del 58 y creímos que el 23 de enero se había dado el último golpe. Cuán ingenuos. A tal punto que muchos integrantes de esa generación creen estar viviendo bajo un régimen democrático y constitucional, porque no creen en golpes, que es un dogma que se han impuesto para fortalecer la consigna al pueblo “la salida del usurpador es legal, electoral y pacífica” y por eso concurrirán a votar el 6 de diciembre.

 

 

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