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Oswaldo Páez-Pumar: Son los mismos

 

Ayer en Chile la Iglesia de la Parroquia La Asunción fue incendiada, para conmemorar los incendios de hace un año que entre otras nimiedades dejaron un saldo de muchos muertos y varias estaciones del Metro destruidas. Unos meses atrás en Nicaragua otra Iglesia también fue incendiada; y por supuesto los autores que fueron quienes gobiernan atribuyeron el hecho a un accidente, no se atrevieron a imputar el incendio a quienes los adversan. En los Estados Unidos, también se desató la violencia supuestamente originada por la muerte en Minneapolis de un negro por parte de un policía. Se destruyeron propiedades y entre las víctimas estuvo Fray Junípero.

En Venezuela años atrás, todavía en vida de Chávez y con su beneplácito o complacencia perdió la vida Cristóbal Colón, no el Almirante de la Mar Océano, sino una estatua suya con cuya destrucción quedó establecido que el nombre de ese italiano debía ser borrado de la historia como su estatua, que quedó pulverizada en Caracas.

Desde luego la pulverización de la estatua de Colón no hará desaparecer su nombre de la historia por la sencilla razón de que tiene más de medio milenio viviendo después de muerto; y por supuesto el incendio de una iglesia en Chile o en Nicaragua menos hará desaparecer la fe que hizo posible esas construcciones, porque lleva dos milenios de persecuciones y esplendores, durante los cuales las persecuciones solo han servido para fortalecerla; y los esplendores para hacer manifiesta, casi al nivel de los dogmas que ella proclama, su propia enseñanza que señala, “sic transit gloria mundi”.

Desde luego aunque el artículo lleva por título “son los mismos”, no son los mismos los que quemaron la iglesia en Chile y los que lo hicieron en Nicaragua, ni los que derribaron a Fray Junípero en San Francisco, California, o demolieron a Colón en Caracas, Venezuela. Son seres humanos distintos unos de otros los que pueden ser señalados como los autores materiales de esos desaguisados.

Lo que los identifica como idénticos, como iguales, en fin como si fueran los mismos, son sus procederes, sus actuaciones y por encima de ellas sus aspiraciones, que son las que a su vez determinan sus procederes y sus actuaciones. Ellos aspiran a poder imponerse sobre los demás, que es como decir aspiran a detentar el poder; y esa aspiración tiene como objetivo el poder mismo.

No hay otra meta, razón por la cual, al acceder al poder como su objetivo es mantenerse para siempre en su ejercicio y nosotros los humanos gustamos de la variedad, surge de una manera que no puedo calificar de espontánea porque desde luego es impuesta, la necesidad de recurrir al uso de la fuerza para por la fuerza perpetuarse en el poder. Es para siempre, por eso cuando se entronizan para sacarlos también hay que recurrir a la fuerza. ¿Quieren saber quiénes son los mismos? Aquí están los nombres: Stalin, Mao, la dinastía Sum, Castro y desde luego Hitler que sacado del poder por la fuerza, se suicidó. Los émulos son Ortega, Chávez, el usurpador Maduro y en Chile todavía no ha adquirido nombre el aspirante al poder perpetuo. Pero ahí está.

 

 

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