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Oswaldo Páez-Pumar: Tenía que ser así

 

En el mundo de la novela y la poesía, es decir, en la literatura, encontramos la anticipación a lo que ocurre en la realidad, o sea, en la historia. Desde luego, también ocurre al revés: la literatura unas veces glorifica y otras anatematiza lo que los hombres hemos hecho a través de la historia.

En estos cinco mil años conformados por los tres mil que alrededor de Egipto y sus vecinos en relaciones pacíficas o de guerra precedieron a Cristo y los dos mil posteriores donde ha ocurrido lo mismo, encontramos una suerte de repetición de la historia, como si sus protagonistas se trazaran como meta la imitación y también la superación de lo hecho por sus ancestros.

Si tomamos en cuenta que la historia básicamente “preserva”, o más bien “destaca”, las proezas consistentes en el avasallamiento de un pueblo por otro y en consecuencia la “glorificación” de la guerra, uno no puede menos que pensar que en una buena medida nos estamos educando para seguir repitiendo, cada vez con más riesgo de destrucción, lo que hemos practicado durante estos cinco mil años.

Estos tres párrafos que pudiéramos llamar de prólogo o introducción, no tienen como fin “dictar cátedra”, sino simplemente ayudar a situarnos en lo que ocurre en Ucrania, que no es otra cosa que el resultado en acción de la educación recibida por Vladimir Putin, que sin necesidad de haber vivido bajo el régimen de Stalin (no tenía ni siquiera 4 meses cuando “el padrecito” murió), nutrió su formación en forma tan bien orientada que llegó a ser la cabeza de la KGB; y desde luego al desintegrarse la U.R.S.S. debió sentir (perdónenme los psiquiatras por invadir su campo), ya casi con 40 años, que se le truncaba la vida, teniendo todavía muchos años por delante.

Su acceso al poder diez años después es un renacer, pero creo que ese renacer no es algo que puede reducirse a su persona, sino a la gloria de lo que fue la U.R.S.S. o el imperio zarista con los dos grandes Pedro y Catalina.

Sin embargo, Putin ignora que la literatura y la poesía ya habían anatematizado su pretensión diciéndole a los caídos: “En la tumba descansad/que el valiente pueblo entero/jura con rostro altanero/que, hasta que Ucrania sucumba, /no pisará vuestra tumba/la planta del extranjero.”

Dios, qué confusión, he citado la elegía heroica de Bernardo López García cantándole al pueblo español su insurrección del 2 de mayo contra la invasión napoleónica. Apreciado lector, de esta confusión mía tiene la culpa la historia, por aquello de que la historia se repite.

Caracas, 4 de abril de 2022

 

 

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