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Paternalismo

A pesar de Freud, Fromm y Lacan, en algunas personas la edad cura obsesiones, en otras las incrementa y en la mayoría no las modifica. En mi caso, en relación con el tema del paternalismo, no sólo no lo ha curado, lo ha agudizado.

 

Ilustración: Alma Rosa Pacheco

 

En el paternalismo, la realidad es contundente: se mal ejerce en muchos rubros. Antes de adentrarme en el paternalismo médico reflexiono, entre una miríada, sobre el político. Pensemos en políticos de “izquierda”, como Nicolás Maduro o Andrés Manuel López Obrador; en conservadores, como Donald Trump; en militares como Bolsonaro; en ultrarreligiosos irrespirables, como Andrzej Duda y Viktor Orbán; o en sujetos inclasificables por sus omisiones y comisiones, como Putin, cuyas ideas —con frecuencia disfrazadas, otras veces tajantes— pretenden ejercer un paternalismo ilimitado. El paternalismo médico se cuece aparte.

Frente a mí tengo una descolorida y amarillenta fotocopia, artilugio cuasidromedario, de un espléndido artículo publicado hace cuarenta años. “Medical Ethics: Who Knows Best?” (The Lancet, 22 de noviembre de 1980), de John Ladd —quien fue profesor de filosofía en la Universidad de Brown por más de cincuenta años y falleció en 2011—, inicia con ideas contundentes:

El título de este artículo es: ¿Quién sabe mejor? De acuerdo con Platón, aquéllos que saben deberían ser quienes decidan el camino a seguir. En La República sostenía que los filósofos deberían ser los encargados de gobernar debido a que poseen los conocimientos []Dichas personas fueron seleccionadas a tempranas edades por sus habilidades intelectuales innatas; debido a ello recibieron un entrenamiento riguroso en ciencias durante quince años de internamiento. Los seleccionados —rulers— deberían contar con buena memoria y con apetito voraz para realizar trabajos duros de cualquier tipo. La selección, los estudios exigentes y largos años de formación tal y como los describió Platón son muy similares al entrenamiento contemporáneo de los médicos […] El resto de las personas en La República están destinadas a obedecer. Platón consideraba que los médicos eran una suerte de gobernantes, pues tenían autoridad sobre los enfermos.

De las ideas previas se desprenden dos conclusiones. Primera: el paternalismo se ejerce a partir del conocimiento. Segunda: Platón apreciaba la profesión médica. En múltiples ámbitos —i. e.:político, escolar, religioso, económico y médico—, el paternalismo sigue siendo la regla. Según Ladd, y otros pensadores, el paternalismo se funda en la noción de que quienes necesitan protección son incompetentes. En medicina, dicha aseveración es vigente, sobre todo en naciones pobres donde la consulta saturada impide dialogar. La raquítica comunicación, por falta de tiempo o por autoritarismo, es insana: el galeno impone sus reglas.

La enfermedad desteje. Desesperanza, fragilidad y vulnerabilidad son vivencias inherentes. Quienes enferman experimentan los sinsabores del miedo y de la incertidumbre. Depositarse en familiares, amigos y médicos es necesario. Dolor y temor se confrontan mejor cuando el doliente encuentra compañía. En esas circunstancias otorgarle poder al médico es (casi) la regla. En muchos ámbitos, a pesar de que ahora la sociedad cuenta con mayor acceso a información adecuada, el  monopolio de la información y del conocimiento continúa siendo realidad. Conocimiento es poder. Atenuarlo es indispensable.

Empoderar a los enfermos es necesario; hacerlo es complejo. Proveer a la sociedad de elementos para comprender los significados de salud y enfermedad reditúa: se invierte menos dinero en enfermedades catastróficas y se medicaliza menos la vida. Medicalizar la vida —i. e.:transformar dolencias o síntomas en enfermedad, convertir al poco enfermo en muy enfermo y al síntoma en patología— es, en voz baja, pilar del paternalismo. Medicalizar no es ético: aporta beneficios económicos.

Avanzado el siglo XXI es imperativo menguar las fauces del poder. Sus garras son múltiples: políticas, médicas, farmacéuticas, religiosas. A todas ellas les interesa mantener el paternalismo. A la sociedad librepensadora le corresponde mitigar su presencia.

 

Arnoldo Kraus
Profesor en la Facultad de Medicina de la UNAM. Miembro del Colegio de Bioética A. C. Publica cada semana en El Universal y en Nexos la columna Bioéticas.

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