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¿Por qué AMLO insiste en empeorar las relaciones entre Estados Unidos y México?

Esta semana, funcionarios del gobierno mexicano recibirán a una delegación de alto nivel del gobierno de Estados Unidos para una serie de reuniones diseñadas a generar una nueva estrategia de seguridad binacional. Según el secretario de Relaciones Exteriores de México, Marcelo Ebrard, la conferencia —que contará con la participación del secretario de Estado, Antony Blinken, el secretario de Seguridad Nacional, Alejandro Mayorkas, y el fiscal general, Merrick Garland— debería marcar el inicio del fin de la Iniciativa Mérida, el plan que ha regido la cooperación en materia de seguridad y combate a la delincuencia transnacional durante la última década y media. “Ahora estamos entrando a otra etapa (…) que tiene que ver con el respeto mutuo”, dijo Ebrard.

 

Este es un objetivo valioso e importante, pero no será fácil. La cooperación en materia de seguridad se ha deteriorado en los últimos años, gracias en parte a la controversial captura y liberación del general Salvador Cienfuegos, exsecretario de la Defensa Nacional acusado de delitos relacionados con drogas en Estados Unidos, un tema en particular espinoso.

 

La relación bilateral también ha sufrido últimamente una serie de fracturas innecesarias.

 

En septiembre México celebró el bicentenario de su independencia. En el Zócalo, la plaza en el corazón de Ciudad de México, el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) habló sobre la importancia de la ocasión y disfrutó de una recreación de hechos históricos de 1821, cuando México consumó su independencia de España. Se le solicitó a un peculiar grupo de dignatarios que pronunciaran discursos, entre ellos el ministro del Trabajo y Protección Social de Rusia y la primera dama de Serbia.

 

A principios de agosto, López Obrador reveló que había invitado al presidente Biden a la celebración. Luego de que Biden aparentemente declinara, López Obrador dijo que Blinken tomaría su lugar. Pocos días después, AMLO anunció que Blinken había pospuesto su visita (hasta octubre). El lunes 27 de septiembre, Biden envió un breve mensaje en video que se reprodujo en pantallas en la plaza. “A lo largo de nuestra historia, hemos aprendido que somos más fuertes cuando permanecemos unidos como vecinos, socios y amigos”, dijo Biden. “Estados Unidos no tiene amigo más cercano que México”.

 

Si bien eso podría ser cierto, la ausencia de cualquier funcionario de alto nivel del gobierno de Biden en las festividades confirma que la amistad ha tenido mejores días. Y esto en su mayoría es culpa de López Obrador.

 

México y Estados Unidos están profundamente entrelazados. Estados Unidos es el socio más importante de México, ya que la economía estadounidense es una fuente vital de comercio e ingresos para el país. Solo en 2020 los mexicanos enviaron más de 40,000 millones de dólares en remesas. Pero la relación también enfrenta desafíos muy concretos. Los lazos comerciales se han tensado desde la aprobación del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), el pacto de libre comercio de la región. Los cárteles de la droga trafican fentanilo a tasas alarmantes. La inmigración ha desbordado a ambos gobiernos, a pesar de sus tendencias a una severa aplicación de la ley. Las imágenes en ambas fronteras se han convertido en una vergüenza internacional.

 

En lugar de centrarse en estos y otros temas urgentes, López Obrador ha optado por provocar a Biden y al Congreso por igual.

 

El mes pasado le dio la bienvenida al presidente cubano Miguel Díaz-Canel como invitado de honor para el inicio de las celebraciones independentistas. AMLO recitó alabanzas al régimen cubano. “Podemos estar de acuerdo o no con la Revolución Cubana y con su gobierno, pero el haber resistido 62 años sin sometimiento es una indiscutible hazaña histórica”, dijo. Le hizo un llamado a Biden para que levante la “perversa estrategia” del embargo en Cuba y le aconsejó a la comunidad cubano-estadounidense a que hicieran a un lado “los intereses electorales o partidistas” y a “dejar atrás resentimientos”. Procedió a otorgarle a Díaz-Canel el raro privilegio de pronunciar un discurso durante la ceremonia. Díaz-Canel aprovechó la oportunidad para vomitar su propaganda habitual.

 

Días después, AMLO volvió a mostrarse combativo con el tema de Cuba. “Me parece que es tiempo de sustituir la política de bloqueos y de malos tratos por la opción de respetarnos”, dijo durante la reunión de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) en Ciudad de México, de la cual fue anfitrión. El trato servil de López Obrador hacia Cuba y Venezuela (Nicolás Maduro también hizo acto de presencia) contrastó bastante con el de otros líderes, que increparon tanto a Díaz-Canel como a Maduro. Las reacciones en el Congreso de Estados Unidos no se hicieron esperar. La representante republicana por Florida Maria Elvira Salazar criticó a López Obrador. “¡Es una vergüenza!”, dijo en un video.

 

La actitud de López Obrador ha desconcertado a los expertos. Si bien algunos de los simpatizantes del presidente han señalado en las redes sociales el video protocolar de Biden como prueba de que la relación está ilesa, otros piensan diferente. “López Obrador ha estado intensificando los conflictos desde las elecciones federales de junio, y ha tratado de crear discordia”, me dijo el académico Carlos Bravo Regidor. “Ha estado inventando agravios y el gobierno de Estados Unidos ha finalmente acusado recibo con este gesto discreto pero claro”. Duncan Wood, del Centro Internacional para Académicos Woodrow Wilson, está de acuerdo. “El hecho de que México invitara a Díaz-Canel fue visto como una provocación”, me dijo.

 

Si ese es el caso, AMLO podría estar deshilachando innecesariamente los lazos en un momento en particular inoportuno. En una entrevista reciente, el exembajador mexicano Arturo Sarukhán desestimó las payasadas recientes de López Obrador como más “Kabuki que sustancia”. Sin embargo, Sarukhán me dijo que le preocupa que “ambos gobiernos no tengan en la actualidad una agenda común estratégica y ambiciosa sobre competitividad, seguridad y bienestar”.

 

En este contexto, las provocaciones de AMLO son, cuando menos, innecesarias. “La relación ya de por sí es compleja y con muchas áreas susceptibles a desencuentros. No tiene ningún sentido agregar dificultades evitables”, escribió el periodista Enrique Quintana. Tiene razón. Wood lo advierte: “Estoy muy preocupado por la relación bilateral en este momento. Hay demasiados temas en los que no estamos viendo avances”.

 

Con tantos desafíos por delante, López Obrador debería elegir batallas más inteligentes.

 

 

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