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Ramón Peña / En pocas palabras: La hija de la española

 

“El país enloqueció. Para vivir tuvimos que hacer cosas que jamás imaginamos que llegaríamos a hacer: predar o callar, saltar al cuello de alguien más o mirar hacia otro lado.” Así medita, con desespero, la protagonista de la primera y portentosa novela de la joven periodista venezolana Karina Sainz Borgo, titulada La hija de la española (*).

En este maravilloso relato, ya de reconocimiento internacional, de sutil calidad narrativa, la ficción se apropia de la caótica realidad de Caracas. Tan desgarradora ésta que hasta la imaginación podría quedar en deuda con ella. Una original y conmovedora trama en esa suerte de ciudad gótica, que es hoy la capital del país, en la que a diferencia de la Gotham del justiciero Batman, el crimen organizado cuenta con licencia,  recursos y aplauso oficiales.

La novela exhala cómo las promesas de un mundo mejor, el engañoso espejismo del paraiso socialista, escondían una carga de resentimiento, de no se sabe qué cuentas por cobrar y cómo, en lugar de felicidad, se fertilizó el miedo, ese de la respiración entrecortada de quienes apurados se refugian en sus hogares, cuyas paredes tampoco son seguras y por donde se cuela el humo de la muerte.

Su lectura nos hace sentir lo que fuera inimaginable: que Caracas, seductora para gente de cualquier latitud, del país y de afuera, pudiese ser desvalijada de sus atributos proverbiales de amable metrópolis y arrastrada a la condición de urbe sombría y quebrada.

Karina Sainz Borgo, ella misma embarcada en la diáspora, pincela desde España en el criollísimo personaje de la obra, llamado Adelaida Falcón, el espíritu de quienes –valiéndose de cualquier medio- han huido de su país, canibalizado, del que se sintieron excluidos. De esa tierra que hoy expulsa a unos y devora a otros…

 

(*) Sainz Borgo, Karina, La hija de la española, Lumen, Barcelona, marzo de 2019

 

 

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