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Reprobada y sin defensa

Dolores Delgado

El de Sánchez es un Gobierno en descomposición, por brillante -y sospechosa- que sea la cocina del CIS

La permanencia de la reprobada Dolores Delgado al frente de Justicia es insostenible. Las conversaciones difundidas retratan a una ministra autoritaria, homófoba y misógina, un «pack» que es exactamente lo contrario de lo que predican el «Gobierno de la igualdad» y el «Consejo de ministros y ministras». Forzar la destitución de Delgado se ha convertido en un dilema para Pedro Sánchez, ya que si por un lado no puede dejar caer a un tercer ministro en apenas 110 días de Gobierno, por otro mantiene en el Ejecutivo a una ministra convertida en una bomba de relojería. Delgado no solo ha sido desautorizada por La Moncloa en el caso Llarena, sino que además tendrá difícil compartir sillón con Fernando Grande-Marlaska, a quien tilda de «maricón» en las grabaciones. El silencio en el Gobierno y en el PSOE es muy revelador porque Delgado se ha quedado sola y sin defensa. Ese silencio solo es proporcional a la indignación interna entre los escaños del PSOE por los errores de Sánchez en la selección de sus ministros y por el plagio de su tesis doctoral. Es innegable que el Gobierno ha entrado en colapso.

La ministra argumentó ayer que las cintas han sido manipuladas, y que nunca hizo alusiones homófobas y despectivas contra Marlaska. Dos horas después, se corrigió a sí misma diciendo que era solo una «expresión fuera de contexto» y que no se refería a la condición sexual del ministro del Interior, pero ya resulta imposible saber cuándo dice la verdad y cuándo no. Ese es el disparatado nivel de sus increíbles explicaciones públicas. Cabría la posibilidad de que, en efecto, fuera una manipulación orquestada por el excomisario José Villarejo. Pero la propia ministra, al rectificarse hasta cinco veces en ocho días, no ha hecho más que mentir una y otra vez tratando de cuadrar versiones de un modo inverosímil. Más aún, cabe hacerse dos preguntas. Si Delgado no ha desmentido la autenticidad de otros comentarios grabados en esa comida, ¿por qué habrían de estar manipulados solo los alusivos a Marlaska? Y si, como alega Delgado, esos comentarios se hicieron en un «ambiente distendido» y su publicación es un «ataque execrable», ¿no es eso un reconocimiento implícito de su veracidad? Razones le sobran a Delgado para estar indignada. Pero ahora lo determinante no es su sobreactuación para no dimitir, sino si realmente mintió o si comparte los criterios de igualdad del gabinete que la sostiene. De hecho, el listón de lo digno e indigno en el poder lo ha puesto el PSOE. Ahora toca ser consecuente y no escudarse en encuestas, como la de ayer del CIS, obsoleta y desfasada porque no tiene en cuenta ni el escándalo de la tesis plagiada, ni la destitución de Carmen Montón, ni las revelaciones sobre Delgado. El de Sánchez es un Gobierno en descomposición, por brillante -y sospechosa- que sea la cocina del CIS.

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