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Ricardo Bada: Quino de visita ‘chez’ Mafalda

Son muchos los ejemplos de los creadores que se autoincluyen en sus obras, como queriendo eternizarse con ellas. El Bosco asoma su rostro inquisitivo en un lugar visible de ese lienzo divino si escondiera más lo humano que es El jardín de las delicias. Velázquez no vacila en posar delante de su caballete y reducir la Corte y a los propios reyes a comparsas de su puesta en escena en Las Meninas. Unamuno tiene que sufrir que Augusto Pérez, el protagonista de su nivola titulada Niebla, se le enfrente antes de que Unamuno le haga morir y le enrostre que también él, su creador y victimario, ha de morirse algún día. Alfonso Sastre, el dramaturgo español, se incluyó como personaje en su obra Ana Kleiber, siendo en ella el empático relator de la vida de la desgraciada Ana. Y los cinéfilos no pueden pensar en las pelis de Hitchcock sin recordar sus infaltables cameos, con o sin sombrero hongo. Por su parte, François Truffaut, sin explicitarlo de manera onomástica, se autorretrató en el director de La noche americana, con la que ganó el Óscar al Mejor filme extranjero.

 

 

En cuanto a Mafalda, existen varias fotos de Quino donde posa junto al monumento que le dedicaron en Buenos Aires a su heroína, en la esquina de Chile y Defensa, en pleno barrio de San Telmo y muy cerca de donde vivió ese grandísimo humorista y humanista que fue don Joaquín Salvador Lavado, nacido en la provincia andina de Mendoza, que ni una sola vez aparece mencionada en el Toda Mafalda, el canon de su máxima creación, conteniendo casi 2 mil historietas y viñetas autónomas.

Ahora bien, ¿nunca sintió Quino la tentación de autoincluirse en alguna de sus tiras cómicas del canon? Después de repasarlo concienzudamente descubrí que hay dos ejemplos. En uno de ellos, Manolito pinta un grafiti en la pared: “Mafalda compra en almacén Don Manolo…”, y empieza a pintar otro, “…por Quino, que también compra en almacén Don Mano…”, pero una mano irresistible (me apuesto mi única corbata de Armani a que es la de don Joaquín Salvador Lavado) lo arrastra fuera del dibujo por el margen derecho.

Y el segundo ejemplo es cuando en una de las tiras la maestra dicta un problema donde un hacendado posee una estancia de 50 hectáreas de ancho por 60 de largo.

Y mejor que Quino no lo hubiera hecho. Según Mafalda, es una bestialidad del grado 17 en la Escala de Manolito (que solo alcanza hasta el 10), y Susanita se burla diciéndole: “Dale, Quinito, ¿cuántos litros tiene una legua?”, mientras Libertad se solidariza con él y alega que como las hectáreas se usan en el campo, el pobre Quino quiso hacer su propia reforma agraria: “Sería un pionero estúpido, pero un pionero”.

 

 

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