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Rotunda victoria del conservador Mitsotakis en las elecciones griegas

Nueva Democracia logra la primera mayoría absoluta de un partido griego desde 2009, cuando empezó la crisis

Fin de ciclo en Grecia. Como si el paréntesis de cuatro años de Syriza no hubiese existido, o fuese ya un sueño remoto, la política tradicional vuelve a imponerse en Atenas, con mayorías dignas de otras épocas, de la mano de Kyriakos Mitsotakis, el epígono de una importante dinastía conservadora. Nueva Democracia, el mismo partido al que los votantes castigaron en 2015 por su aplicación del rescate, vuelve por la puerta grande (39,9% de los votos) en unas elecciones convocadas en mayo por Alexis Tsipras aun sabiendo que iba a perderlas (obtuvo el 31,5%). En la intención de la mayoría de los griegos al depositar este domingo su voto, está pasar página cuanto antes de la dura etapa de los rescates. El liberal Mitsotakis será la persona encargada de intentarlo, con un programa de reformas y liberalización económicas.

Con la promesa de revertir la mayoría de los ajustes perpetrados por Syriza en la aplicación del tercer rescate, en especial la gravosa presión fiscal sobre la clase media, y fomentar el desarrollo de la economía, Nueva Democracia (ND) confirmó los pronósticos de las encuestas y se coronó vencedora. Con el 98,61% del voto escrutado, logró el 39,9% de apoyos y mayoría absoluta (la primera de un partido griego desde 2009, cuando empezó la crisis): 158 escaños en un Parlamento unicameral de 300. Según declaró en campaña, Mitsotakis confía en lograr de los acreedores, cuya supervisión técnica sobre Atenas no ha terminado pese a la conclusión del tercer rescate, el margen de maniobra fiscal suficiente para su prometida bajada de impuestos (IVA, renta y sociedades, entre otros).

Su rival, la coalición de izquierda radical Syriza, obtuvo el 31,5% y 86 diputados. La derrota de la formación izquierdista, inmediatamente reconocida por Tsipras, que no tardó en felicitar a su rival, confirma el duro sino de todos los Gobiernos encargados de ejecutar un rescate: el castigo implacable en la primera cita electoral. Tsipras, con todo, ha sido el primer ministro más longevo de la crisis: ha completado su mandato, a falta de tres meses hasta octubre, cuando tenía intención de convocar las generales. Los malos resultados en la triple cita electoral de mayo (europeas, regionales y locales) le empujaron a adelantar los comicios, aun consciente de que iba a perderlos. Lo ha hecho por ocho puntos de diferencia, menos de lo previsto por las encuestas.

Como un héroe trágico, las negras perspectivas de la derrota parecían cernirse sobre el mitin de cierre de campaña que protagonizó el viernes en Atenas: un Tsipras sin el nervio acostumbrado (es más carismático como orador que Mitsotakis, reconocen incluso sus detractores); un punto mortecino y autómata, como si representase un papel que ya no se creía, defendió lo indefendible, incluido el impopular acuerdo nominal con Macedonia del Norte, rechazado visceralmente por entre el 60% y el 70% de los griegos, con Nueva Democracia al frente. Este pacto, aclamado por la comunidad internacional, y su gestión del rescate, son los principales factores que explican su derrota, junto con el incumplimiento de sus promesas antiausteridad.

En tercer lugar, como en mayo, aparece con el 8,1% del voto el centroizquierdista Movimiento por el Cambio (Kinal, en sus siglas griegas), que amalgama los restos del antiguo Pasok —otro partido laminado por un rescate— y pequeñas formaciones afines como Dimar, y donde ha vuelto a militar el exsocialista Yorgos Papandreu, la víctima número uno de la era bailout. Los mentideros políticos no descartan una fusión, o asimilación, de Syriza y Kinal para colonizar el centroizquierda y poder plantar cara a ND. Como explicaba ayer en un colegio electoral Maia Andreou, interventora del Partido Comunista griego (KKE, 5,3% de los votos), “la batalla para las próximas elecciones empieza mañana mismo”. Sus palabras pueden valer también para Tsipras, que a lo largo de estos cuatro años ha dado repetidas muestras de camaleonismo y cintura en las fintas más adversas, como convertir el resultado del referéndum de julio de 2015 en una contrita aceptación del tercer rescate.

Desde 2010, Grecia ha recibido tres rescates por valor de 280.000 millones de euros, mientras la deuda seguía disparándose hasta el 181% del PIB. El PIB heleno tendrá que esperar hasta 2033 para recuperar su nivel de 2009, es decir, el previo a la crisis.

Con los neonazis de Aurora Dorada fuera del Parlamento —la apelación de Mitsotakis al voto útil dentro de la derecha dio resultado—, la sorpresa ha sido la entrada de DiEm25, la formación del exministro de Finanzas Yannis Varoufakisenfant terrible del primer Gobierno de Tsipras, con el 3,4% de los votos y alrededor de una decena de diputados. Es un resultado más que notable para quien pasó a ser una especie de apestado en la vida política griega tras su actuación estelar, y estridente, en los seis primeros meses del Gobierno de Syriza y, en concreto, en las negociaciones con los acreedores, que según ND hicieron perder mucho tiempo y dinero a Grecia. En las europeas se quedó a las puertas de la Eurocámara.

Unos votos por delante de DiEm25 se coloca, con el mismo número de escaños, un partido extemporáneo llamado Solución Griega (SG), liderado por un periodista célebre en programas de televisión populistas y con un ideario ultranacionalista, prorruso y ultraconservador. Kyriakos Velópulos, su líder, propone la pena de muerte para pederastas y narcotraficantes.

Con la victoria de ND la vida política griega también recupera la alternancia, que fue la tónica dominante desde el restablecimiento de la democracia en 1974 tras la dictadura. Con Syriza como outsider en 2015, pero paulatinamente embebida en el sistema —o domeñada— a fuerza de encajar las imposiciones de Bruselas, la senda que hoy se abre ante Mitsotakis es la de un carril más que trillado: por la veteranía y la experiencia de gobierno de su partido y por el más que previsible entusiasmo de los mercados.

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