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Un régimen que viola los derechos humanos no es progresista

Mientras el castrismo exonera de culpas a la izquierda internacional, responsabiliza a Estados Unidos por los males que afectan a Latinoamérica

Cuando uno se topa con textos cuajados de doble rasero a la hora de enfocar los acontecimientos, así como visiones en blanco y negro de la realidad, sin ver los matices, es casi seguro que la credibilidad de esos textos sea puesta en entredicho. Eso es lo que nos sucede tras una lectura desapasionada de la Declaración del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba (MINREX), titulada Nuestra América ante la arremetida del imperialismo y de las oligarquías, aparecida en la prensa escrita de la isla el pasado 4 de diciembre.

Siguiendo la tónica del discurso oficial a partir de la llegada al poder de las huestes de Fidel Castro, la Declaración culpa a Estados Unidos de todas las intromisiones y males que han padecido los países de América Latina. Es decir, que no habría una auténtica oposición interna al régimen de Nicolás Maduro, y que el ex gobernante de Bolivia, Evo Morales, no hubiese abandonado el poder debido al rechazo que despertaba en los bolivianos su cuarto mandato consecutivo. Para la Cancillería castrista todo no ha sido más que la intromisión de Washington en los asuntos internos de esas dos naciones.

En cambio, la tropa de Bruno Rodríguez Parrilla considera que no ha existido la más mínima intervención extranjera —algo demostrado en cuanto a la participación de cubanos y venezolanos— en las revueltas que han tenido lugar en Chile, Ecuador, Colombia y Bolivia tras la salida de Evo Morales.  Para los muchachones del MINREX esas revueltas responden únicamente a la ira de los pueblos en contra de las “políticas neoliberales” aplicadas en esos países.

A propósito, la palabrita “neoliberalismo” es otro de los blancos preferidos por los dardos de esta Declaración. Si nos atenemos a la Semántica (ciencia dedicada al estudio del significado de las palabras), el neoliberalismo no sería otra cosa que un liberalismo nuevo, que necesariamente no tendría que ser ni mejor ni más malo que el enarbolado por los padres fundadores de esa corriente ideológica, dígase los Adam Smith, John Locke y el Barón de Montesquieu, entre otros.

Sin embargo, la propaganda de la izquierda —y el castrismo ha aprendido bien la lección— se ha encargado de endilgarle el membrete de “neoliberal” a todo aquel sistema económico que se aparte de la excesiva intromisión del Estado en la economía, y que valore las relaciones de mercado por sobre la planificación centralizada.

Si los enemigos son neoliberales, los izquierdistas se autocalifican como “progresistas”, un concepto también presente en esta Declaración del MINREX. ¡Le zumba calificar de progresista a un régimen que no celebre elecciones libres, y que viole los derechos humanos de su población!

Por último, es de destacar que el espíritu de esta Declaración coincide con el desconcierto que ha causado entre los gobernantes cubanos la reciente actuación de la Unión Europea. Ellos no conciben que los mismos que se oponen al embargo de Estados Unidos contra el gobierno de la isla, se hayan solidarizado con el encarcelado líder opositor José Daniel Ferrer. Es que el castrismo está acostumbrado a rodearse de personajes como Atilio Borón, Ignacio Ramonet y compañía, que critican a la derecha, pero cierran los ojos ante los desmanes de la izquierda. Sencillamente, no ven los matices.

 

Orlando Freire Santana: Matanzas, 1959. Licenciado en Economía. Ha publicado el libro de ensayos La evidencia de nuestro tiempo, Premio Vitral 2005, y la novela La sangre de la libertad, Premio Novelas de Gaveta Franz Kafka, 2008. También ganó los premios de Ensayo y Cuento de la revista El Disidente Universal, y el Premio de Ensayo de la revista Palabra Nueva.

 

 

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