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Una Bitácora Cubana (L)

 

1 – Comenzamos nuestra primera Bitácora (la número cincuenta) de este año que comienza con una afirmación contundente de Yoani Sánchez en nota de 14ymedio: “Cuba es la isla de los pronósticos imposibles”. Y ello es así porque el régimen fomenta desde siempre la incertidumbre, cuál es el rumbo del país –Cuba tiene sesenta años en un congelamiento de la realidad en torno a un solo objetivo, el mantenimiento del poder por la cúpula totalitaria-; se pregunta la periodista ¿cómo hacer pronósticos, prever futuras tendencias? A fin de año, las preguntas que todos se hacían en sus casas o en las conversaciones en la calle son:

 

“¿Cómo será el 2020? ¿La crisis económica arreciará o llegará la tan esperada estabilidad? ¿Habrá algún atisbo de apertura política?

Ante esas interrogantes, contamos con muy pocas certezas para hacer previsiones. Desde hace meses los rumores de una inminente unificación monetaria han hecho perder fuelle al peso convertible y elevado el precio del dólar en el mercado informal. A falta de un cronograma público sobre cuándo terminará la dualidad monetaria en la Isla, la gente resulta presa fácil de las especulaciones y el miedo. (…)

Junto al tema monetario, otra fuente constante de preocupación es el estancamiento de la economía y el frenazo que el oficialismo ha dado a las reformas que comenzó a implementar Raúl Castro tras llegar al poder en 2008. Pareciera que la Plaza de la Revolución ha optado por mantener el control estatal sobre buena parte de las industrias, centros productivos y servicios del país y poner riendas firmes a los emprendedores privados para impedir que el sector se fortalezca y pueda llegar a presionar por cambios de corte político”.

 

Otro tema fundamental desde siempre es la relación con los Estados Unidos, que dependiendo cómo se mire para algunos es un retroceso para otros un avance. El tema de las remesas es doblemente considerado, por lo que significa para las familias, y por su impacto en la economía nacional. Continúa Sánchez:

 

“Si las sanciones de la Administración estadounidense siguen en aumento, el deterioro material también lo hará, el discurso oficial se volverá cada día más de barricada y es probable que el número de cubanos que busquen una salida a través de la emigración también suba. Existen muy pocas posibilidades de que la ruta del deshielo diplomático que transitaron ambos países a partir de 2014 vaya a retomarse a corto plazo.

Una de las pocas seguridades en medio de tantas dudas es aquella que señala que asistimos al ocaso de la llamada generación histórica, un puñado de octogenarios que sigue moviendo los hilos del poder de la nación. La biología está marcando el fin de la vida de algunos de esos rostros que todavía aparecen en las fotos oficiales junto a los funcionarios más jóvenes que ascendieron en los últimos años. La muerte de alguno de ellos podría abrir la puerta a un escenario diferente y permitir transformaciones más profundas. Como en otros años, lo único cierto es que millones de cubanos siguen pendientes de que un grupo de ancianos se decida a soltar el control o de que el implacable tiempo haga su trabajo”.

 

La siempre implacable biología ¿traerá cambios positivos a la larga? Porque lo que sí es seguro es que los herederos generacionales le darán una impronta singular y propia a un proceso que ya dura demasiado, y con un dato que no nos cansamos en mencionar: la íntima vinculación del castrismo a la tiranía venezolana, con esa relación tan particular de mutua dependencia que tanto se viene discutiendo, analizando e incluso estudiando, ha desnudado de forma significativa ante el mundo el rostro inhumano de la tiranía de la Isla.

 

 

Cartel de Fidel Castro pintado de rojo por Clandestinos (foto Facebook)

 

2 EL FENÓMENO DE “CLANDESTINOS”: Uno de los temas del día es esta irrupción de un nuevo modo de protesta, de expresarle al régimen de forma particular que la sociedad no está postrada. La misma ha generado discordia. Habrá que esperar para sacar conclusiones al respecto. Miriam Celaya, en Cubanet, se pregunta:

Clandestinos: ¿héroes o daño colateral?

“No suficientemente saciados con las fracturas y polarizaciones cosechadas tras 61 eneros de miserias, por estos días los nativos de la Isla cautiva hemos encontrado un nuevo motivo de discordia vernácula. Y lo que es peor, a falta de algo más sustancioso el diferendo gira esta vez en torno a lo que hasta el día de hoy sigue siendo una fabulación cibernética: el llamado grupo Clandestinos.

Entre los apologetas y los detractores de estas nuevas estrellas de las redes sociales han llovido las injurias y se han exacerbado las pasiones. Pero, ¿qué es en realidad Clandestinos más allá de las dudosas imágenes de bustos manchados de rojo y de otras presentaciones bastante cuestionables en cuanto a autenticidad? ¿A quién le consta que se trata de un “grupo” y no de una manipulación mediática de incierto origen o de una colosal tomadura de pelo? ¿Qué bases de la realidad sostienen tanto agitado patriotismo y tanta confianza de sus ciberseguidores? Hasta ahora, ninguna de estas preguntas tiene una respuesta convincente.

Es por eso que resulta tanto más inexplicable el entusiasmo pueril desatado en las redes, donde el simple cuestionamiento sobre la existencia o no de estos rebeldes imaginarios (e imaginativos, habrá que reconocer), cuyas justicieras y audaces acciones han llenado de esperanzas tantos corazones, es motivo suficiente para ser lapidado y hasta acusado de ser agente del castrismo: la explosión de la cubanidad en su estado más puro.

Porque Clandestinos, además, tiene ese encanto de los héroes de telenovela y dramatismo teatral que tanto hipnotizan a las masas: unos enmascarados que actúan contra el villano secretamente al amparo de la noche, mensajes de video con un protagonista misterioso usando pasamontañas, temerarias pintarrajeaderas de bustos martianos y dizque también de vallas comunistas, y sobre todo profusión de etiquetas en las redes sociales con ciberconsignas libertarias. Y según aseguran los más entusiastas fans, estas son “acciones que tienen en jaque a la dictadura”.

En resumen, resulta que tras décadas de resistencia y empeños de varias generaciones de opositores que han sufrido la represión, el acoso y el destierro como consecuencia de su enfrentamiento directo y sin caretas contra la pandilla castrista, ha aparecido mágicamente la solución final para los cubanos con un prodigio intangible del que nadie conoce ni la forma ni el contenido, pero que no obstante ha logrado concitar un extraordinario capital de fe, especialmente entre ciertos grupos de emigrados. (…)

Clandestinos sería, en buena lid, más que la ridícula puesta en escena que se nos muestra en las redes, el reflejo de nuestra propia incapacidad para encontrar soluciones posibles y sensatas a la grave crisis cubana. Más que héroes, parecen un daño colateral. Pero serían también un buen motivo para recapacitar sobre las cotas de absurdo que hemos alcanzado y ganar en sentido común. Esto último es lo único verdaderamente positivo que habría que reconocer hasta ahora a toda esta saga.

Por mi parte, me niego verticalmente a aplaudir o a encumbrar fantasmas. Eso es Clandestinos hasta tanto se demuestre lo contrario. Por naturaleza, recelo de rostros enmascarados que evocan a los Tupamaros, a los etarras y a otras denominaciones de nefasta recordación y equívocas causas. En todo caso, prefiero la resistencia frontal y a cara descubierta contra el castrismo porque tengo la terca convicción de que el derecho a tener una Cuba libre, democrática, plural e inclusiva no es ni debería ser un asunto clandestino, sino todo lo contrario. (…)Ya va siendo hora de desterrar todas las máscaras”.

 

Manuel Marrero siendo abrazado por Miguel Díaz-Canel

 

3 En Diario de Cuba, Carlos Alberto Montaner realiza un interesante ejercicio analítico basado en la pregunta: ¿Cómo, por qué y cuándo terminará la dictadura cubana? Para ello, toma como ejemplo la transición española, y los que tendrían que jugar el papel de Adolfo Suárez y el rey Juan Carlos I: Manuel Marrero y Miguel Díaz-Canel.

Se parte de la elección de la Asamblea Nacional del Poder Popular, asumida el pasado diciembre, de un Primer Ministro, algo así como un director-gerente del Gobierno. El escogido es Manuel Marrero, un nativo de Holguín, de 56 años, arquitecto y excoronel del ejército, cuya mayor experiencia ha sido en el sector de turismo, habiendo sido ministro del área por muchos años, y quien tiene mucha presencia en redes sociales (en Twitter tiene 10.900 seguidores, aunque muchos de sus trinos son simples re-tweets de los de Díaz-Canel). Al parecer, Miguel Díaz-Canel sería el “representante del Estado”.

Esto, en una dictadura como la cubana, genera más dudas e interrogantes que las que es capaz de responder. Cuba ya tuvo la figura de Primer Ministro en el pasado; fue eliminada en 1976, y recuperada en la nueva Constitución aprobada en abril del pasado año. Se pregunta Montaner:

 

“No está claro si todo el poder político basculará hacia sus manos, como en el tipo de relación que existió entre Fidel y Dorticós (Fidel mandaba de manera inequívoca) en el periodo que ambos compartieron la jefatura de la nomenklatura (1959-1976), o si ha sido designado solo para que ponga orden en el manicomio administrativo cubano, comenzando por el caos monetario.

¿Será Marrero el Adolfo Suárez de la Isla? Por su edad, Marrero no participó en la lucha contra Batista, ni en los enfrentamientos contra la rebelión de los campesinos de los primeros años 60, y era muy joven durante las invasiones a Angola o Etiopía en los 80. De manera que no participó en la forja de los mitos sobre los que se asienta el relato fantástico de la revolución, una historia que tiene un fuerte componente testicular junto a otro ideológico.

Adolfo Suárez fue, junto al rey Juan Carlos, quien encabezó la liquidación del régimen franquista. Era un joven que había trepado hasta los puestos principales del régimen mediante los recursos habituales que dejaba la dictadura de Franco: la simulación y la doble moral. Era un reformista total, pero in pectore, que no había participado en la Guerra Civil ni en la construcción del Estado Nacional Católico erigido por el Generalísimo Francisco Franco después del triunfo militar.

Cuba y España, o el castrismo y el franquismo, tienen grandes diferencias, pero se asemejan al menos en un aspecto: ambas sociedades han vivido de manera creciente totalmente de espaldas al discurso oficial. Salvo algunos descerebrados profundos y un puñado de nostálgicos, la inmensa mayoría de los cubanos jóvenes no cree en el comunismo hoy, como en 1970, cuando llegué a estudiar a Madrid, los jóvenes españoles se reían del Movimiento fundado por Franco tras su victoria militar de 1939.

Es lógico que así sea. La pretensión de Franco y de Fidel de que sus regímenes se prolongaran sine die es risible. Los franquistas al menos podían alegar que los españoles habían mejorado sustancialmente sus modos de vida a partir del fin de la Guerra Civil. (El PIB per cápita era el 80% del de la Comunidad Económica Europea cuando Franco muere en noviembre de 1975 y comienza a deshacerse su régimen.)

Los castristas, en cambio, han fracasado absolutamente, y en especial en el terreno material, como denuncian incansablemente los heroicos disidentes. Los salarios y las pensiones son ridículamente bajos (entre diez y 20 dólares mensuales). El 57% de las viviendas son una ruina. Las calles y alcantarillados también. Escasean la electricidad, el agua potable, los alimentos, las medicinas, la ropa, el calzado. Las comunicaciones e internet son una birria. El transporte es un infierno. La salud y la educación, que fueron relativamente buenas, desde hace muchos años son desastrosas.

¿Por qué? Obviamente, porque es un sistema tremendamente improductivo. Pero, sobre todo, porque es imposible mantener a toda una sociedad atada por historias remotas que nada significan a quienes no la vivieron. (…)

A lo que se agrega el fracaso total del modelo económico elegido por los Castro: el capitalismo militar de Estado, dirigido y planificado por los uniformados que giran en torno a Raúl Castro. Eso no funciona ni funcionará jamás, como saben Marrero, Díaz-Canel, y la infinita mayoría de los cubanos, aunque los dirigentes «históricos» se empeñen en decir lo contrario.

¿Cómo y cuándo se le pondrá fin a esta pesadilla de atropellos, desabastecimiento y desatinos? En 1977 el Times de Londres, dado que pronto se cumpliría una década de la invasión del Pacto de Varsovia liderada por Moscú contra la pequeña Checoslovaquia, le hizo esa misma pregunta con relación a la URSS y sus satélites, a Bernard Levin, su editorialista estrella.

Cuando nadie había oído hablar de Mijail Gorbachov, Levin escribió que un día llegaría al Kremlin un hombre sin vínculos directos con la mitología fundacional del comunismo ni con la Segunda Guerra, y que haría reformas para salvar el sistema, pero no tendría éxito. En ese momento, la sed de justicia de los pueblos sojuzgados por Moscú, y la decencia que anida en los corazones de las personas normales, conseguirían liquidar pacíficamente la opresión comunista sin necesidad de colgar a nadie de los postes. Acertó hasta en el plazo que les dio a estos sucesos: ocurrirían, dijo, en 1989.

¿Serán Marrero y Díaz-Canel los Adolfo Suárez y Juan Carlos de Cuba? Ojalá que sean ellos, pero es difícil creerlo. De lo contrario, tal vez habrá que esperar a quienes los sucedan al frente del Gobierno y del Estado, pero no tengo la menor duda de que ese día llegará. Es así como los regímenes totalitarios cambian de signo. Un día comienzan a morir por la cabeza. Como les ocurre a las culebras”.

 

 Marrero, como es costumbre en regímenes totalitarios, fue nombrado sin tener candidato rival, y por “unanimidad”. Díaz-Canel, al presentar al candidato, afirmó lo siguiente: «Marrero se ha destacado por su modestia, honestidad, capacidad de trabajo y fidelidad a la revolución. (Tiene una) rica experiencia en negociaciones con contrapartes extranjeras y dotes para la interlocución«.

El mandato de Marrero, según la Constitución, dura cinco años. Será la segunda persona en ser Primer Ministro. ¿Quién fue el primero, hasta 1976? Fidel Castro.

 

 

4 – Concluimos esta Bitácora con una nota muy recomendable de Yoani Sánchez, en 14ymedio, sobre la diversidad creciente en la sociedad cubana La sociedad civil en Cuba es diversa, más allá del control del Gobierno”; entre otros asuntos, la periodista desea aclarar en qué consiste la llamada “oposición”, y su diferencia con el activismo social y el “periodismo independiente”; como dice Yoani, son tres “universos diferentes”.

Aprovecho la oportunidad para hacer mención de Consenso Cubano. Me siento honrado de ser uno de los cofundadores del proyecto de ese proyecto con vocación unitaria y pluralista; Consenso se creó en Roma el 28 de Octubre del 2004 y el 19 de Abril del siguiente año fue la fundación oficial en el salón Varela de la Ermita de la Caridad, fecha en la que presentamos los Pilares de Consenso, documento dirigido por nosotros como oposición a los cubanos de la Isla: gobierno, opositores, ciudadanos de a pie. Quizás este haya sido el primer documento conciliador vis a vis confrontados. Hay tres grandes concertaciones opositoras en la diáspora. Consenso es la única que durante 15 años viene proponiendo el diálogo como instrumento de reconciliación. El Gobierno cubano no quiere reconocer qué hay una oposición u oposiciones al régimen. Consenso Cubano este año hará presentaciones a los embajadores de la Unión Europea en Washington DC, después en España, Bruselas y Roma y de esta manera decirle al mundo que sí existe una oposición y paralelamente estamos buscando un diálogo con los diversos niveles del gobierno cubano. Veamos el texto de Yoani:

 

“Hace unos días, tomé parte de un intercambio de ideas en la red social Facebook a partir de que una periodista cubana preguntó sobre las propuestas y programas de la oposición. Respondí con algunas aclaraciones básicas para entender lo que ocurre en esta Isla fuera del control gubernamental y estatal. Aquí les comparto esas opiniones, con cierto tono didáctico pensado justo para quienes se asoman por primera vez al tema.

Muchas veces, por desconocimiento, estereotipos o por falta de una información pública sobre el tema, se coloca bajo el acápite «oposición» a múltiples fenómenos que vale la pena diferenciar. Considero que en la Cuba actual existe un movimiento opositor de corte político, ilegalizado y estructurado a partir de plataformas que mezclan tendencias ideológicas, programas económicos y diversos posicionamientos sobre temas tan variados como pueden ser la inversión extranjera, las alianzas diplomáticas con otros países o la envergadura de la presencia del Estado en el funcionamiento de la economía.

Esos partidos, grupos o concertaciones aspiran, como en todas partes del mundo, a llegar al poder, liderar la nación y estar en los timones políticos del país. Entre ellos puedo mencionar algunos, y me disculpo de antemano si olvido a otros, por ejemplo: la Unión Patriótica de Cuba, el Foro Antitotalitario Unido, Somos +, Cuba Decide, Todos Marchamos y la Mesa de Unidad de Acción Democrática.

Un segundo fenómeno, al que opino no se le debe englobar bajo la palabra «oposición» es el del activismo social. La mayoría son grupos y organizaciones, también ilegalizadas, que tienen una agenda social que puede estar dirigida a una infinidad de grupos, problemas o demandas.

En ese calidoscopio de asociaciones las hay que defienden los derechos de la comunidad LGBTI, otras que reclaman una Ley de Protección Animal, las que están exigiendo reivindicaciones femeninas, las que velan por los derechos humanos como las Damas de Blanco, aquellas que se inclinan más por la defensa sindical de los trabajadores, contra la discriminación racial y un largo etcétera donde se pueden incluir muchas otras tendencias y «luchas» desde la sociedad civil.

En un tercer espacio, también erróneamente llamado «oposición», colocaría al periodismo independiente, que aunque lleva décadas reportando lo que ocurre en el país, ha tenido un impulso importante en los últimos años con la irrupción de las nuevas tecnologías y la aparición de un variado ecosistema de medios de prensa no controlados por el Estado, el Partido Comunista ni las instituciones cubanas.

Entre ellos hay desde diarios, hasta revistas mensuales, semanarios culturales, blogs medioambientales y Podcast informativos. Pensar en esos tres universos como un bloque es un error, porque muchos de sus componentes son muy diferentes, persiguen objetivos paralelos y trabajan de manera distinta. 

Empecemos por analizar al primer grupo. Hay prejuicios que se repiten una y otra vez cuando de la oposición cubana se habla. La mayoría de las personas que los repiten y aseguran estar convencidas de ellos, en realidad nunca se han sentado a hablar con un opositor, nunca se han leído un programa salido de uno de esos partidos políticos y solo tienen como «bibliografía pasiva» sobre el tema lo que dice la prensa oficial cubana, una prensa que en más de medio siglo no ha permitido que estos opositores se expliquen en primera persona, publiquen sus propuestas y participen en debates con las voces oficiales.

Uno de los estereotipos que más se repite a la hora de hablar de la oposición cubana está conformada por individuos con baja catadura ética y moral. Como en todo conglomerado humano, hay de todo. En el Ballet Nacional de Cuba y en la Universidad de La Habana laboran gente maravillosa y entregada, pero también mediocres sin escrúpulos. Recuerdo que en la Facultad de Artes y Letras, donde estudié, tuve profesores de un altruismo conmovedor y de una sabiduría exquisita, mientras que otros habían llegado a las aulas no por su calidad pedagógica sino por su militancia partidista. Incluso conocí algunos casos que plagiaron trabajos de curso de sus alumnos y los presentaron a su nombre para ganar un nivel académico determinado.

La oposición cubana tiene luces y sombras como todo grupo humano, pero por más de medio siglo ha tenido encima, vigilándola y denigrándola, a uno de los aparatos de inteligencia más implacables que ha existido. De ahí que los medios oficiales, las conversaciones callejeras y hasta los rumores que se difunden en voz baja en esta Isla, han estado plagados todos estos años por las matrices de opinión negativa que ha echado a rodar la Seguridad del Estado contra esa oposición.

Eso es lo que más se parece a los prejuicios raciales y xenófobos: se difunde la idea de que determinado grupo étnico o racial es «vago, ladrón y mentiroso» o se culpa al extranjero de que viene a «robar el puesto de trabajo, violar mujeres y arruinar la cultura nacional». Al final se tiene una animadversión hacia un grupo humano basada en el prejuicio y el miedo. (…)

El día que los opositores tengan un micrófono en la televisión nacional, unos minutos para expresarse en la radio o unas líneas en las planas de los periódicos, esos prejuicios comenzarán a romperse.

En cuanto al otro prejuicio de que hay poca preparación en las filas opositoras, debo aclarar que nunca he creído que un título universitario es una garantía de buen liderazgo, no obstante, advierto que conozco muchos licenciados, académicos, doctores, juristas y excelentes profesionales que militan en esos partidos.

Añado que en la alta dirigencia partidista que controla Cuba, tenemos evidencias de que hay personas que no están ahí por sus méritos para dirigir la economía, la salud pública o el proceso inversionista (solo son ejemplos) sino por su fidelidad ideológica. Algunos de estos altos dirigentes ni siquiera pueden articular una frase completa sin equivocarse y han dicho algunas barbaridades antológicas frente a las cámaras de la televisión nacional.

La oposición cubana tiene un largo historial de iniciativas, como las tiene también el activismo que se hace en esta Isla, que van desde el documento La Patria es de Todos y el Proyecto Varela hasta la Carta de Derechos y Deberes de los Cubanos y muchos otros. En todos los casos, el oficialismo cubano respondió a estas propuestas con más vigilancia, arrestos arbitrarios, fusilamiento de la reputación contra los miembros y represalias.

Paralelamente a esos programas y plataformas, se han creado espacios de pensamiento y reflexión que van desde lo político, lo pedagógico y lo económico, hasta llegar a todos los aspectos sociales que necesitan urgentes soluciones en nuestro país. Cuba Posible fue uno de ellos y el Centro de Estudios Convivencia también ha estado aportando por años ideas, valoraciones e iniciativas desde la escena académica. La reacción de las autoridades cubanas ante ellos ha seguido el mismo guion: hostigar, denigrar, calumniar y empujar al exilio a sus miembros.

Si pasamos al activismo, sus logros y propuestas serían muy largos de explicar por la cantidad de iniciativas y programas con los que cuenta. Solo voy a recordar la histórica marcha del 11 de mayo pasado por los derechos de la comunidad LGBTI, la más reciente protesta frente a Zoonosis y el reclamo de una Ley de protección animal, además del activismo de derechos humanos que ha logrado denunciar y sacar a la luz muchos casos de arrestos arbitrarios y violaciones de la legislación.

En el caso del periodismo independiente y los medios no controlados por el Partido Comunista, los logros son imposibles de tapar. Sitios como El Estornudo, Yucabyte, Tremenda Nota, 14ymedio, Periodismo de Barrio, El Toque, Inventario, Alas Tensas y muchos más que han nacido desde dentro de Cuba y cuyos reporteros son, en la mayoría de los casos, graduados en las universidades cubanas. Algunos de ellos en la especialidad de periodismo y otro en carreras de humanidades.

A mi juicio, son los ecosistemas del activismo y de los medios independientes donde ahora está ocurriendo un proceso más dinámico e interesante de presión social para que se produzcan cambios en Cuba, aunque reconozco que a la oposición política le ha tocado la peor parte en cuanto a respuesta represiva y desgaste debido a represalias y estigmatización.

(…) para eliminar los prejuicios, confusiones y recelos que se han enquistado en la sociedad cubana contra la oposición, el activismo social y la prensa independiente, creo que debe eliminarse la penalización de la discrepancia y ofrecerle a estas personas el derecho a acceder a los medios públicos (que todos pagamos de nuestro bolsillo) para que derrumben esos estereotipos, la gente conozca sus propuestas y se les deje de narrar «en tercera persona» como malos, éticamente deplorables, mercenarios o enemigos de la patria.

Desbloquear los sitios digitales censurados en los servidores cubanos y la legalización de los medios independientes también sería un paso muy positivo para que esas voces plurales se hagan escuchar y puedan explicar sus iniciativas.

También se deben crear mecanismos para que los propios ciudadanos de su bolsillo, incluso ¿por qué no? del presupuesto estatal, apoyen a estos partidos y grupos de activistas, además de permitirles a ellos la recaudación legal y clara de recursos, de manera que sus ingresos provengan de fuentes nacionales, empresariales, ciudadanas.

Seguir negando a la oposición el derecho a recaudar y tener ingresos legales en la Isla para ejercer su labor, es condenarlos al clandestinaje financiero y es la causa de muchos de los problemas que vemos hoy en día en el funcionamiento de muchos de ellos, como la falta de transparencia.

También hay que sacar el adoctrinamiento ideológico de un solo partido de las aulas, de manera que los niños cubanos y los jóvenes crezcan sintiendo como algo muy normal y saludable la existencia de varios partidos, la presencia de una sociedad civil independiente y el acceso a múltiples medios de prensa, con enfoques y tendencias diferentes.

Mientras la educación esté en manos de un solo grupo ideológico que la utiliza para el proselitismo político, habrá personas que se educaran pensando que al «diferente» hay que silenciarlo, aplastarlo y enjuiciarlo por no comportarse igual que ellas.

La situación actual de censura, discriminación y penalización de la pluralidad política e ideológica se basa en el mismo mecanismo de los prejuicios raciales, culturales y nacionalistas. Si nos repetimos eso y comprendemos que todas las tendencias pacíficas tienen derecho a existir, expresarse, legalizarse y tener un espacio… entonces habremos logrado dar el primer paso”.

 

Marcelino Miyares, Miami, 23 de enero de 2020

 

 

 

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