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Villasmil: Alacranes de papel y trino

 

 

Alacranes de papel… y trino. Concentrados como estamos en el enfrentamiento entre el candidato de Venezuela, Edmundo González Urrutia, y los nueve candidatos de la dictadura -Maduro y sus ocho alacranes- quizá no le prestamos atención a quienes, desde sus cuevas mediáticas y sus trinos desencajados siguen favoreciendo la narrativa de odio y división, la propaganda tóxica de la dictadura.

Es importante destacar que el rol fundamental de estos señores no es el de convencernos de votar por el candidato X o Z; su papel principal es sembrar discordia y desesperanza en la población enviando mensajes descorazonadores, pesimistas, engañosos, buscando generar desaliento. Indiscutibles fake news. Para colmo, como afirma en nota reciente Ángel Oropeza, “la percepción de lo que sucede a nuestro alrededor suele estar plagada de sesgos, errores y distorsiones, porque las personas responden, más que a su realidad objetiva, al sentido que le dan a su entorno y a la interpretación que hacen de él”.

Prejuicios cognitivos en acción, que diría el maestro Kahneman. Al igual que la llamada “profecía autorrealizable” o “autocumplida”, acuñada el siglo pasado por el sociólogo Robert K. Merton.

Merton da la siguiente definición: La profecía que se autorrealiza es, al principio, una definición «falsa» de la situación, que despierta un nuevo comportamiento que hace que la errónea concepción original de la situación se vuelva «verdadera».

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Uno que ejemplificó magistralmente lo que estamos hablando fue Gabriel García Márquez, en su cuento “La profecía autocumplida”.

En dicho relato una anciana del pueblo de Macondo tiene un presentimiento de que algo terrible va a suceder. Sus hijos al principio no le prestan atención, pero su preocupación se contagia como epidemia. El rumor se propaga rápidamente y la gente toma medidas para prepararse para lo peor, sin saber ni importarle saber qué es eso. Algunos compran alimentos, otros huyen del pueblo y otros simplemente se quedan en sus casas esperando lo inevitable.

El calor sofocante del día no ayuda a calmar la ansiedad general. La gente está nerviosa e irritable, y cualquier pequeño incidente se interpreta como una señal de que la profecía se está cumpliendo, así sea la llegada de un pájaro a la plaza central.

Al final, cuando el pueblo queda abandonado e incluso algunas casas han sido quemadas por sus dueños ahora en estampida, la señora que tuvo el presagio inicial le dice a su hijo que está a su lado: «¿Vistes mi hijo, que algo muy grave iba a suceder en este pueblo?»

«La profecía autocumplida» nos enseña que lo que creemos -así sea algo absurdo- puede convertirse en realidad si no estamos alertas.

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Esa es la misión fundamental de los alacranes de papel: falsear la realidad de tal forma que en las mentes de la población poco a poco se imponga la visión engañosa transmitida por el régimen, que esta se perciba como verdadera.

No hay que olvidar: alacrán, en la política venezolana de hoy, es sinónimo de traición. Traidores serviles a la dictadura que jamás utilizan -les causa pavor- palabras como libertad. O ciudadanía.

Ellos se sienten felices. Creen que vuelven a estar de moda, como esa ropa vieja que uno guarda y que nunca bota, y qué razón tenías en no desecharla porque de repente vuelve a ponerse de moda. Pamplinas. Lo único que los sostiene son los quince y últimos que reciben del régimen.

¿Cuáles son algunos de los argumentos de la traición alacrana vertidos en los medios y en las redes sociales?

El primero, que obviamente ya no causa efecto, fue oponerse y descalificar a la primaria. Afirmar que “no reunía a todos los factores de oposición, y en consecuencia no sería verdaderamente unitaria”; peor aún ¿cómo validar una elección en que se permitía la participación de candidatos inhabilitados?

La ciudadanía debía rendirse ante la evidencia de que el candidato tenía que ser escogido por “un verdadero consenso del liderazgo opositor”, incluyendo allí, por supuesto, a los alacranes. Con el fin de deslegitimar al liderazgo de verdaderos opositores como María Corina Machado y dar reconocimiento a los representantes de la traición política alacrana.

En segundo lugar, clara misoginia. Si usted es un dirigente opositor tendrá enfrente un duro camino de obstáculos, pero si usted además es mujer, lo tendrá peor. Otra manera de castigar el protagonismo de la mujer venezolana en estos años de lucha contra la tiranía. Por eso, el tarjetón no muestra ni un solo rostro femenino.

En tercer lugar, inventar una supuesta división entre María Corina y Edmundo; se añade, por supuesto, la descalificación de nuestro candidato de honorable carrera de hombre público, acusarlo de todas las irregularidades posibles. Un alacrán de primera línea dentro del pozo ponzoñoso gubernamental, Ecarri, ha buscado destacar en esta infame labor.

Asimismo, ya hay incluso videos hechos con inteligencia artificial que buscan confundir a los ciudadanos.

Últimamente se trata de desalentar el esfuerzo ciudadano anunciando que la organización y coordinación del esfuerzo electoral es un desastre, que mejor nos quedamos en nuestras casas porque no hay nada que hacer.

Finalmente, son los principales perifoneadores del eslogan tóxico de que Maduro se enfrenta a un nutrido y muy plural grupo candidatural opositor, lo que es muestra de una división que solo conducirá a la victoria madurista. Para ello, si es necesario, inventan encuestas inverosímiles, más falsas que la sonrisa de Putin.

La realidad, ya lo decíamos al comienzo, es exactamente la contraria. Existe un candidato nacional, de millones de venezolanos, Edmundo González Urrutia, y 9 candidatos de la dictadura.

Y lo que no necesita ningún tipo de profecía para cumplirse es que, quien vote por cualquier alacrán lo estará haciendo por la dictadura chavomadurista. No hay otra.

Allí está nuestro Edmundo, al lado de nuestra María Corina. Permítaseme que use el adjetivo posesivo relativo de la primera persona del plural, porque ellos hoy son nuestros.

El pueblo venezolano, más unido que nunca en torno a su liderazgo, no se va a dejar robar la esperanza.

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