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Villasmil: Benito Amilcare Andrea y el fascismo eterno

 

Benito Amilcare Andrea Mussolini nació en 1883 en Predappio, Emilia-Romaña (Italia). En su magnífico trabajo “EL FASCISMO ITALIANO –Mussolini y su tiempo”– José Rodríguez Iturbe nos recuerda que el origen político del fundador del fascismo fue ¿será acaso sorpresa para algunos? el socialismo. Un gran lector, había estudiado a fondo “las categorías marxistas”, y llegó a llamar a Marx “el filósofo magnífico de la violencia obrera”. Dentro del Partido Socialista fue dirigente fundamental del ala más radical y revolucionaria, así como director de su periódico, Avanti! (Adelante).

Sin embargo, es expulsado en 1914, y funda, en primer lugar, los Fascio di Azione Rivoluzionaria. En 1919, ya fundado el movimiento fascista el 23 de marzo de ese año (los “Fasci Italiani di Combattimento”), sus Squadra d’azione destrozaron e incendiaron el mencionado periódico socialista Avanti!. Mussolini justificará el hecho porque su antiguo rotativo era “calumniador”. En 1920, en plena efervescencia radical, declara: “el fascismo es el refugio de todos los heréticos, la iglesia de todas las herejías”.

 

 

Un hecho histórico que ningún socialista recuerda o menciona es que si alguien admiraba al italiano era el líder comunista ruso, Lenin, quien llegó a decir: “En Italia, camaradas, solo hay un socialista capaz de guiar al pueblo hacia la revolución. Benito Mussolini”. Y en 1921, informado del abandono del socialismo por parte de Mussolini, dirá: “¡Qué desperdicio que hayamos perdido a Mussolini!. Es un hombre de primera clase que hubiera llevado a nuestro partido al poder en Italia”.

 

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Si hay un intelectual italiano que entendió cabalmente la peligrosa contemporaneidad del fascismo (“el Ur-fascismo, o Fascismo eterno”) fue Umberto Eco. Prueba de ello fue un discurso pronunciado el 24 de abril de 1995 en la Universidad de Columbia, Nueva York. Veamos un resumen:

 

Los síntomas del fascismo eterno

El Ur-Fascismo puede volver con las apariencias más inocentes. Nuestro deber es desenmascararlo y apuntar con el índice sobre cada una de sus formas nuevas, cada día, en cada parte del mundo.

Es posible indicar una lista de características típicas de lo que me gustaría denominar «Ur-Fascismo», o «fascismo eterno».

El Ur-Fascismo implica el rechazo del modernismo. La Ilustración, la edad de la Razón, se ven como el principio de la depravación moderna. En este sentido, el Ur-Fascismo puede definirse como «irracionalismo». 

El irracionalismo depende también del culto de la acción por la acción. La acción es bella de por sí. Pensar es una forma de castración. Por eso la cultura es sospechosa en la medida en que se la identifica con actitudes críticas; la sospecha hacia el mundo intelectual ha sido siempre un síntoma de Ur-Fascismo. En la cultura moderna, la comunidad científica entiende el desacuerdo como instrumento de progreso de los conocimientos. Para el Ur-Fascismo, el desacuerdo es traición.  Por ello desdeña la ciencia.

El Ur-Fascismo es, asimismo, racista y xenófobo por definición.  

El Ur-Fascismo surge de la frustración individual o social. Lo cual explica por qué una de las características típicas de los fascismos históricos ha sido el llamamiento a las clases medias frustradas por alguna crisis económica o humillación política, asustadas por la presión de los grupos sociales subalternos.

A los que carecen de una identidad social cualquiera, el Ur-Fascismo les dice que su único privilegio es haber nacido en el mismo país. Es éste el origen del «nacionalismo». De esta forma, en la raíz de la psicología Ur-Fascista está la obsesión por el complot, posiblemente internacional.

Para el Ur-Fascismo no hay lucha por la vida, sino más bien, «vida para la lucha». El pacifismo es entonces colusión con el enemigo; el pacifismo es malo porque la vida es una guerra permanente. (…)

El elitismo es un aspecto típico de toda ideología reaccionaria, en cuanto fundamentalmente aristocrático. Cada ciudadano pertenece al mejor pueblo del mundo, los miembros del partido son los ciudadanos mejores. El líder sabe también que su fuerza se basa en la debilidad de las masas, que necesitan y se merecen un «dominador».

En todas las mitologías, el «héroe» es un ser excepcional, pero en la ideología Ur-Fascista el heroísmo es la norma.

Ya que tanto la guerra permanente como el heroísmo son juegos difíciles de jugar, el Ur-Fascista transfiere su voluntad de poder a cuestiones sexuales. Puesto que también el sexo es un juego difícil de practicar, el héroe Ur-Fascista lo hace con las armas, que son su Ersatz (substituto, sucedáneo) fálico: sus juegos de guerra se deben a una invidia penis permanente.

El Ur-Fascismo se basa en un «populismo cualitativo». (…) Para el Ur-Fascismo los individuos en cuanto individuos no tienen derechos, y el «pueblo» se concibe como una cualidad, una entidad monolítica que expresa la «voluntad común». Puesto que ninguna cantidad de seres humanos puede poseer una voluntad común, el líder pretende ser su intérprete. (…) Cada vez que un político arroja dudas sobre la legitimidad del parlamento porque no representa ya la «voz del pueblo», podemos percibir olor de Ur-Fascismo. 

El Ur-Fascismo habla la «neolengua». La «neolengua» fue inventada por George Orwell en su novela “1984”, y se inspiró en el lenguaje propagandístico de los totalitarismos nazi, fascista y comunista. Todos los textos escolares nazis o fascistas se basaban en un léxico pobre y en una sintaxis elemental, con la finalidad de limitar los instrumentos para el razonamiento complejo y crítico. (…)

El Ur-Fascismo está aún a nuestro alrededor, a veces con trajes de civil. (…) El Ur-Fascismo puede volver todavía con las apariencias más inocentes.

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En un excelente trabajo que publicamos hace varias semanas en América 2.1 y que puede leerse haciendo clic AQUÍ, el Dr. Douglas Urbina desenmascara y muestra cómo «en los últimos años se ha observado la aparición y difusión en número creciente en las redes sociales de informaciones sobre la situación mundial, sus causas y remedios, promovidas como parte de una agenda política ligada a organizaciones neonazis o fascistas; estas informaciones caen en la categoría de noticias falsas (fake news)». 

Hay que filtrar y revisar con cuidado lo que se recibe en los correos y las redes sociales. El neofascismo está más activo que nunca.

 

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En la misma línea de Eco, para el pensador italiano Renzo de Felice “el fascismo ha hecho infinitos daños, pero uno de los daños mayores ha sido dejar como herencia una mentalidad fascista a los no fascistas, a los antifascistas, a las generaciones sucesivas también más decisivamente antifascistas: una mentalidad fascista que debe ser combatida en todos los modos, porque es peligrosísima; una mentalidad de intolerancia ideológica, de descalificación del adversario para destruirlo”.

El amigo lector tiene desafortunadamente en la realidad de hoy muchos ejemplos, no solo entre los enemigos de la democracia, sino incluso entre quienes se dicen sus defensores, de un neo-fascismo que cada día se oculta menos, y se exhibe orgullosamente desde las alturas del poder. Véanse por ejemplo cómo han sido las respuestas de los diversos liderazgos ante el coronavirus, vean las características señaladas por Umberto Eco, y comiencen por allí a sacar conclusiones.

 

 

 

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