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Villasmil / Bernie Sanders, socialista: Cada quien es cada cual

 

Cada loco con su tema
Contra gustos no hay disputa
Artefactos, bestias, hombres y mujeres
Cada uno es como es,
Cada quien es cada cual.

Joan Manuel Serrat

 

La pregunta fundamental que se hace todo ciudadano norteamericano que se proclama miembro o simpatizante del Partido Demócrata es ¿quién está en mejores condiciones para derrotar a Donald Trump? Iba a escribir, en vez de estar en mejores condiciones, “estar más capacitado”, pero no, estemos claros, esta nueva campaña electoral se parecerá más a un ring de boxeo o a un enfrentamiento de circo romano que a un debate político de ideas y de visiones. Con Trump enfrente hay la tentación de asomar un bate de béisbol o un garrote, no una lista de filósofos políticos preferidos. Adaptación al enemigo, dirán algunos estrategas.

El dicho “cada quien es cada cual” (que pertenece a Joan Manuel Serrat, de su canción “Cada loco con su tema” ) sirve para ubicarnos, porque según se viva el día a día un héroe para uno puede ser un villano para el vecino de enfrente; se me dirá que en la política siempre ha sido así, pero respondo entonces que nunca como en la situación del mundo que enfrentamos y sus niveles de crispación política, de posverdad y de demagogia populista. Muertas o en terapia intensiva las ideologías, discutimos como destrozar mejor al adversario.

La opinión sobre el actual presidente norteamericano variará según la geografía en que nos movamos; dos ejemplos:

Para los mexicanos, es un ogro que quiere imponer su voluntad xenófoba contra los vecinos del sur; para colmo, el presidente López Obrador –otro socialista al parecer solo de boquilla, como es la actual moda- se mostró muy gallo en la campaña electoral, para luego, ya en el cargo, convertirse en un “yes-man” a lo que propone el gringo, en especial si de maltratar a los migrantes centroamericanos va el asunto.

¿Quién lo iba a decir? El muro de Trump, el perfecto, no lo tuvo que construir, ya existe: es el México de Andrés Manuel López Obrador.

Por otra parte, hay que entender asimismo a los ciudadanos venezolanos que guardan sus esperanzas en las constantes declaraciones –y acciones- de apoyo de la administración norteamericana a la lucha contra la tiranía chavista. Al momento convertida en cadáver la muy nórdica propuesta europea de diálogo entre Guaidó y Maduro, entre los demócratas y sus verdugos –no que fuera una sorpresa su fracaso- las esperanzas de muchos están puestas en las crecientes presiones y sanciones encabezadas por los gringos, y en alguna que otra acción más contundente, quizá del tipo que mandó a visitar a su dios al otrora todopoderoso general iraní y asesino en serie Qasem Soleimani.

Un triunfo demócrata no lo desea casi nadie por estas tierras caribeñas por dos razones: la primera, por la históricamente errónea brújula de sus presidentes a la hora de enfrentar el castro-comunismo, con Obama como ejemplo más reciente. En esa tozudez mezclada con ingenuidad, recuerdan a los presidentes españoles (más en la tozudez que en la ingenuidad), sumamente comprensivos a la hora de hablar con la tiranía castrista, porque lo fundamental, ya se sabe, es defender los intereses económicos de las empresas hispanas en la Isla (y también en Venezuela, que no solo Repsol está sacando tajada, hasta un embajador del gobierno del actual canciller oficioso del chavismo, Rodríguez Zapatero, Raúl Morodo, parece que le vio el queso a la tostada).

Detengámonos en la segunda razón: el favoritismo que está alcanzando Bernie Sanders en el partido Demócrata debe ser motivo de preocupación para los defensores de la libertad.

Bernie Sanders es el preferido de los jóvenes, dicen las encuestas; y de la progresía, insiste él, a pesar de las molestias que le causa una de sus contrincantes quien también reclama las banderas rojas, Elizabeth Warren. Esta última no puede mostrar con orgullo lo que en el currículo de Sanders aparece con asombro para algunos y vergüenza para otros: su luna de miel fue en la afortunadamente fenecida Unión Soviética (siendo de Vermont, a lo mejor le convenía más a su salud la fría estepa rusa que el calorcito caribeño de la ya por entonces colonia comunista, la mucho más cercana Cuba).

 

 

Fue en la primavera de 1988, y ya ejerciendo el cargo de alcalde socialista de Burlington, Vermont. Para nuestro posible candidato presidencial “fue un viaje formativo”. Durante el mismo, Sanders, con 46 años entonces, alabó las políticas de vivienda y de salud de la URSS, y en un banquete ante más de cien personas, atacó a los EEUU por “haber intervenido en otros países”. Como si la URSS de Lenin, Stalin, Kruschev, Brezhnev, etc. , hubiese tenido una política exterior dirigida por hermanitas de la caridad, y la “cortina de hierro” fuera un invento de la CIA. Sanders reconoce incluso haber promovido en ese viaje inversiones norteamericanas en la URSS (a pesar de que, en confianza, algunos de sus anfitriones le dijeron que el régimen estaba por colapsar, como en efecto sucedió poco tiempo después).

Ya en 1985 Sanders había visitado Nicaragua, y alabado a Daniel Ortega. Incapaz de detenerse en sus arrobos socialistas, en 1989 Sanders visitó Cuba, y sus alabanzas a Castro y su régimen fueron incluso más entusiastas que las que hizo al comunismo soviético. Afirmó que la revolución cubana “es mucho más profunda que lo que yo pensaba, en términos de valores es realmente una revolución”.

Mucho más recientemente: ¿Qué se puede decir sobre las diversas declaraciones de Bernie Sanders sobre política exterior y Venezuela? “Vergonzosas” , las ha calificado Andrés Oppenheimer, en su columna de El Nuevo Herald:

-Ha criticado el apoyo de Estados Unidos a Guaidó, y está mucho más cerca de las posturas de Rusia, China y Cuba que las de prácticamente todas las democracias occidentales.

– Y no solo es Sanders: “Otros legisladores del ala izquierdista del Partido Demócrata ni siquiera mencionaron la ruptura del estado de derecho por parte de Maduro. Alexandria Ocasio-Cortez retuiteó una declaración diciendo que “Estados Unidos no debe ungir al líder de la oposición en Venezuela en medio de un conflicto interno”.

Por suerte, la gran mayoría de los parlamentarios demócratas en el Congreso defienden a Guaidó. La presidente de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, ha reafirmado en varias oportunidades su apoyo a Guaidó y a los demócratas venezolanos. Pero ella no es precandidata, Sanders sí lo es.

La aparente compañera de partido de nuestro líder progresista, Hillary Clinton –esta señora por lo visto no descansa-, en otra muestra de amor fraternal entre colegas de causa, lo acaba de calificar de “incompleto, sin logros”, además de “antipático y desagradable”. Y ella lo cañonea desde supuestas playas amigas; imagínense lo que deben estar preparando los gabinetes de guerra republicanos.

 

 

¿Será Michael Bloomberg, el exalcalde de Nueva York, quien le dé un parao al candidato izquierdista, comprensivo con el chavismo? ¿Podrán los demócratas moderados tener un campeón, ante el desfallecimiento –al menos por ahora, luego de Iowa y New Hampshire- de Joe Biden, y la aparente inelectabilidad de Pete Buttigieg?

El hecho es que Sanders, para un venezolano o un cubano, está adquiriendo condiciones de anatema, de anticristo. Lo cual favorece, por rebote, al actual presidente. Y allí están los votos al colegio electoral que genera el estado de Florida (29, los mismos que Nueva York, solo superados nacionalmente por California -55- y Texas -36-), codiciados por todos pero que al día de hoy pudieran estar embolsillados por los republicanos, que cuentan con el fervor y apoyo de miles de cubanos y de venezolanos, poniendo con ello mucho más cerquita la reelección presidencial.

 

 

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