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Escudriñadores de gárgolas

 

Gárgolas en la catedral de York (Inglaterra)

Entiendo que por estos días se han estado realizando reuniones de los diversos factores opositores, especialmente los agrupados dentro del llamado “Frente Amplio por una Venezuela Libre”, no solo para evaluar lo sucedido el 20 de mayo, sino para promover cambios y definir nuevas directrices estratégicas hacia el futuro.

Creo que podemos estar todo de acuerdo en que es un hecho obvio que si no tenemos claro lo que realmente pasó en la farsa electoral del 20M, no habrá manera de que la oposición inicie con buen pie la ruta a su reconstrucción luego de los sucesivos traspiés y divisiones acontecidos desde que se produjo, el pasado año, la violación a la constitución mediante la elección de la muy castrista ANC.

Digamos en primer lugar que lo sucedido el 20M no fue una convencional abstención, según las pautas clásicas, sino un acto de rechazo al estado actual de cosas en el ring político-partidista; la gente no asistió a votar porque siguiera una “línea política” proveniente de las organizaciones opositoras: a la negativa a apoyar, a pesar de todas las amenazas, ofertas y chantajes al actual tirano, se une también un colosal rechazo al candidato que al menos en teoría fungió como candidato opositor.

Rechazando el ir a votar, se produjo un inmenso acto de desobediencia contra todos los que con sus acciones, dudas y omisiones, en el gobierno y en la oposición, han contribuido –según la percepción mayoritaria- al actual estado de cosas. La prueba más evidente es el reiterado señalamiento en las encuestas de que el candidato mejor posicionado para enfrentarse al régimen es un muy exitoso empresario, sin un solo minuto de experiencia político-partidista, Lorenzo Mendoza.

Merece mencionarse en segundo lugar un dato evidente que coincide con lo señalado por las encuestas previas al 20M: las mayorías rechazan cualquier intento de conchupancia, de contubernio de parte de los dirigentes opositores con el régimen (como hábilmente ha logrado hacer parecer el gobierno cada vez que la oposición cae en la trampa del supuesto diálogo que nunca es tal). En lucha contra una dictadura de corte castrista, las formas y los medios deben ser muy cuidados. La candidatura de Falcón nació con plomo en el ala no solo porque surgió de un acto unilateral que violentó la indispensable y esperada unidad, sino porque ni el candidato, ni sus asesores más cercanos, jamás negaron la posibilidad, muy mencionada mediáticamente, de colaborar con el régimen en una supuesta transición pactada entre ellos.

En tercer lugar, y por lo dicho previamente, es inadmisible el argumento de que triunfando la abstención triunfó asimismo Maduro. Ese era un argumento central de la propuesta falconista que ya no resiste análisis. Todavía uno de los más activos dirigentes falconistas, Claudio Fermín, en un artículo post elecciones, insiste que la “abstención fue un acto inútil”. La única vía que él intenta para demostrarlo es cayendo en una clara contradicción: para Fermín, el gobierno triunfa por la compra de votos y por las otras trampas del CNE, sin darse cuenta de que lo segundo determina y esconde las fallas de lo primero. Está claro que el carnet de la patria falló, el intento de activarlo y obligar a su uso, logrando con ello millones de votos, fue un fracaso colosal del régimen. Entiéndase de una buena vez: la abstención fue mucho mayor a lo señalado por el CNE.

La pregunta que deberían hacerse Fermín y sus compañeros es la siguiente: si millones de venezolanos castigaron al gobierno y reafirmaron su dignidad ciudadana negándose al chantaje y a la amenaza gubernamental, ¿por qué se negaron asimismo a votar por la supuesta alternativa, por Henri Falcón?

Los falconistas se han mostrado muy generosos a la hora de repartir culpas, y sumamente tacaños en asumirlas.

Y sobre todo erra definitivamente Fermín al afirmar que “cuando la gente decide no votar son ellos mismos quienes le quitan el valor de (sic) su propio voto”. Al contrario: con su acto de desobediencia la gente mostró una honestidad y un respeto por la democracia que los dirigentes falconistas, para su propia deshonra, no sospechaban que existieran, y todavía se niegan a aceptar.

Por todo ello, no ganó el régimen, ni ganaron los políticos que en esta ocasión llamaron a la abstención; el verdadero ganador fue el pueblo venezolano. 

Que si los ciudadanos se equivocaron, que si las trampas del CNE, son búsquedas desesperadas de explicaciones por parte de quienes nunca fueron una real alternativa democrática. Y que siguen mostrando una ingenuidad asombrosa al seguir quejándose un día tras otro de que “el régimen y el CNE violaron los acuerdos”. No hay adjetivos para entender la conducta de quienes al parecer pensaron que hay un gramo de honestidad y de palabra en quienes no tiemblan a la hora de ordenar disparar y matar a ciudadanos indefensos, de torturar a centenares de presos políticos, de ser señalados urbi et orbi como un narco-régimen.

En cuarto lugar: ya diversos analistas han señalado lo que es un dato que afecta sin duda alguna la estrategia futura de la oposición: la alternativa electoral democrática y libre ha sido cancelada por los momentos.

Con ello queremos decir lo siguiente: el acto electoral libre y autónomo, como causa generadora del cambio de régimen, no se va a dar en el actual escenario. El verdadero acto electoral –con un nuevo CNE, con presos políticos liberados, con observación internacional calificada- ocurrirá en todo caso como consecuencia de la presión conjunta, internacional y nacional; de la protesta continuada; de la extrema profundización de la crisis; de un liderazgo con objetivos coherentes, claramente identificado, visible, y sobre todo unido.

Aquí también falla Fermín, al afirmar que seguirán asistiendo a cualquier acto electoral futuro que convoque la tiranía. Allá ellos entonces, si insisten en ser considerados y vistos por las mayorías ciudadanas como colaboracionistas.

Recientemente ha fallecido un genio de las letras, uno de los grandes escritores del último medio siglo, el norteamericano Philip Roth. Entre los muchos homenajes que se le han hecho en todas partes, destaco lo señalado en una nota publicada por José Antonio Gurpegui, donde dice lo siguiente:

Lo recuerdo como una persona próxima, cariñosa, y humana, con envidiable sentido del humor, que se incomodaba ante lo que consideraba preguntas insustanciales: “Cuando contemple una catedral gótica admire la magnífica construcción y no se centre en escudriñar las gárgolas”.

Pensar y evaluar la dimensión de lo ocurrido el 20M pasa por reconocer la amplitud del todo, frente a la estrechez de lo parcial, de las ambiciones personales, de las aventuras en contra de la realidad y de los deseos ciudadanos.

Conviene que los dirigentes venezolanos, en especial los falconistas, excelsos cultores del electoralismo a ciegas (de la “ilusión electoral”, en palabras del Dr. José Mendoza Angulo), siguiendo la metáfora de Roth, admiren la magnífica construcción democrática, esperanza real del pueblo, y no continúen simplemente escudriñando gárgolas.

Concluyo entonces con una frase de la más reciente nota del buen amigo Ramón Peña:  “Demostrada una vez más la fuerza de la mayoría, es tiempo para comenzar a  hacer algo distinto que  sentarnos a esperar el desenlace”.

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